Sobre el Sello de la Santidad Muhammadiana
Abdul Karim Mullor
Sobre el Sello de la Santidad Muhammadiana
Siento no poder extenderme en este escrito todo cuanto merecería la envergadura del tema en cuestión. No obstante, sí voy a ser conciso y claro; y lo voy a ser tanto que a nadie, eso espero, le quedará el mayor resquicio de duda ni la menor laguna cuando lo lea.
Primeramente, voy a decir, que no tengo necesidad de reivindicar nada, sino de informar simplemente que del tema del Sufismo solamente tenemos conocimiento para hablar y tratarlo los sufís verdaderos.
Esos quienes disponemos de ese conocimiento ancestral, que viniendo de Allâh y modelado por el Profeta, lo hemos recibido en herencia a través de una cadena de casi cincuenta eslabones. Somos pues los solos indicados y capacitados para transmitirlo con el Permiso de Allâh.
Todo conocimiento libresco queda aparcado al lado de la Verdad, la cual no se basa en la obtención de unas ideas de orden teórico, ni nada que se le asemeje ni tan siquiera de lejos.
Dicho de otra manera, no nos es necesario reivindicar lo que ya tenemos apoyándonos en las obras de nadie por muy sabio que fuera, porque ya pasó su tiempo y ahora estamos nosotros.
Lo digo, lo afirmo, lo sello y lo valido que no hay Sufismo fuera del ‘Islâm. Otra cosa es el Ocultismo, el Satanismo o el Daŷŷalismo que sí podemos ver en otras culturas como son la hindú, la budista o en la Kabala hebrea, por enmarcar tres ejemplos de los más conocidos. Eso sí, sin dejar de lado la masonería que es cómicamente representada como la “espiritualidad” cristiana, eso sí en el principio de su existencia; siendo ahora como es el supermercado de la maldad internacional.
Se dice que dijo Ibn ˤArabi de él mismo que era el Sello de la Santidad Muhammadiana.
Por otro lado, a su vez, los discípulos de la Tariqa Tiŷaniyya dicen que Ahmad Tiŷani fue el Sello de la Santidad Muhammadiana.
Sobre el primer asunto, he de decir que quienes interpretan que no pueda haber alguien con un maqam superior al de Ibn ˤArabi en el futuro, y que no lo haya habido en el pasado, está cometiendo un error al no saber qué es en realidad y qué significa ser el Sello de la Santidad.
En cuanto al segundo caso, el del grupo Tiŷani, aquí estamos entrando en un engaño cuyo objeto es el puro márquetin que tiene como fin es el de tener adeptos y corderitos que llevar al april.
Si la gente se deja engañar por estos cantos de sirena, aunque nos resulte a veces cómico y a veces feo de solemnidad, no podemos hacer nada por ellos. Así que, cada mochuelo a su olivo.
En lo que respecta a Ibn ˤArabi, eso es otra cosa. Siempre he dicho que el Sufismo no se puede aprender de los libros. Ni tan siquiera de los libros de los grandes sufís, por muy auténticos y sabios que fueran sus autores.
En cada época, el Sufismo cambia. Y siempre hay que aprenderlo de alguien que detente un verdadero maqam de proximidad con Allâh. De los libros, sólo podemos aprender lo que es la teoría doctrinal del Taṣawwuf y no más. Aún más, los que leen los libros de los sufís como Ibn Arabi, Rumi o Umar Ibn al Farid los entienden mal, de manera incompleta, cuando no al revés.
Rasulu-l-Lâh – ˤalayhi-ṣ-ṣalatu wa-s-salam – ascendió donde ˤŶibril – ˤalayhi-s-salam – no podía hacerlo.
Bien, ahora queda saber si algún otro Ser humano con conocimiento de la Verdad puede sobrepasar ese límite que Ŷibril no pudo traspasar o no.
Tranquilos, ya os lo digo yo: “sí puede”.
¿Acaso no es cierto que todos los ángeles se postraron ante Adam?
Y si pueden, entonces queda determinar hasta dónde se puede llegar. ¿No es así? ¿Estamos de acuerdo? ¿Sí? Continuemos entonces.
Cierto es que si Muḥammad pudo llegar a un estado determinado de Presencia de Allâh, ningún otro puede llegar a ese estado, porque Muhammad es el límite del Conocimiento y de la proximidad ante Allâh.
Al más alto lugar al que pueden llegar los Conocedores de la Verdad, a eso se le puede llamar con toda tranquilidad y precisión: “el límite de la santidad”; “el sello de la santidad” o también mediante otras denominaciones equivalentes.
¿Acaso alguien puede atar las Manos a Allâh para que El dé, si El – alabado sea – lo considera a uno o a varios más conocimiento que el que le otorgó a Ibn ˤArabi? Evidentemente no. Allâh hace lo que Él quiere, cómo, cuándo y con quién Él quiere.
Hay un dicho que expresa: “No se pueden poner puertas al campo”. Y, subḥana-l-Lâh algunos se los quieren poner a Dios.
Incluso, voy a deciros otra cosa de la que nunca escuché nada a nadie, a saber: el límite o el sello de la Santidad se encontraba en la época de Ibn ˤArabi en un determinado punto de acercamiento a Allâh; ¿quién puede decir que ese punto no ha sido sustituido por otro más cercano a Él, habiendo por tanto, cambiado la noción de Sello de la Santidad a otra realidad sagrada? ¿Quién puede decir que ese punto no haya fluctuado en los tiempos anteriores al gran maestro murciano?
No hablamos por hablar, ¡no! Lo hacemos con conocimiento gracias a Allâh.
Los estados de los sufís en la actualidad han cambiado en cuanto a su manifestación; pero el nivel de acercamiento a Allâh nadie lo puede medir. Incluso me atrevo a decir que los verdaderos conocedores de hoy (Allâh sabe más) pueden estar más cerca de Allâh que los de épocas pasadas.
¿No dijo Rasul a sus saḥaba que ellos eran sus compañeros, pero aquellos que en los últimos tiempos le amáramos y siguiéramos seríamos sus ahbabi (familia y/o amados)? ¡Cuidado! Esta palabra del Profeta no es una metáfora; es tal cual. Y es así que tal cual hay que comprenderla.
Así pues, en nuestra época existe el Sello de la Santidad; queda saber cuál es el punto de proximidad ante Allâh; queda saber cuántos se encuentran en él. Y eso solamente lo sabe Allâh.
¡Qué fácil es hablar! No nos está permitido hacerlo sin Sabiduría ni Conocimiento.