17 agosto 2026
Nuevos Musulmanes

La manía de las mezquitas.

Abdul Karim Mullor

La manía de las mezquitas.

Cierto es que hay hadices que nos animan, y algunos otros que casi nos  obligan, a rezar en las mezquitas. En eso estamos de acuerdo.

Ahora bien, hay que decir que el concepto “mezquita” que era utilizado para ilustrar dichos hadices no se corresponde en casi nada, a veces en nada, con a lo que hoy se le ha dado en llamar mezquita.

¿Qué es pues la explicación del concepto mezquita que viene escrito en los hadices?

La palabra árabe masŷid (mezquita) significa gramaticalmente “lugar de postración”. Es así, y no puede ser de otra manera.

Es así que en el Corán ya aparece dicho término en varias ocasiones.

Ahora bien, en el mismo Corán, como lugar de adoración, aparece asimismo la palabra “buyut” que es el plural de “bayt”, término que a veces significa habitación” y a veces “casa”. Esto lo vemos en la aleya siguiente a la Aleya de la Luz que se encuentra en la sura del mismo nombre en el Corán.

En casas que Allâh ha permitido erigir y que se mencione en ellas Su Nombre. En ellas Le glorifican, mañana y tarde, hombres a quienes ni los negocios ni el comercio les distraen del recuerdo de Allâh, de hacer el salat y de dar el zaqat. Temen un día en que los corazones y las miradas sean puestos del revés (24-36)

Estaremos de acuerdo que esas “casas” (buyut) no son las mezquitas, ya que el número de oraciones celebradas en estas diariamente es de cinco. Al contrario, en la aleya se habla de mañana y tarde, dejando de lado el mediodía, la puesta del Sol y la noche.

En las mezquitas, o los centros que ahora se llaman de esa manera, se encuentra todo tipo de gentes, y no es necesario para acudir a ellas que se active y ejecute el Recuerdo de Allâh, que no es el rezo canónico, por supuesto.

Y al no tratarse de  las mezquitas en las casas mencionadas en esta aleya, ello indica que Allâh ha permitido erigir otros establecimientos para efectuar Su recuerdo aparte de los lugares donde se celebra el rezo canónico.

No obstante, hoy estamos hablando de las mezquitas que aparecen en los textos de los hadices. Y esas mezquitas, tal y como hemos dicho, no se corresponden con lo que hoy se acomoda a esa palabra.

La mezquita del hadiz es un lugar, no solamente de rezo, sino un lugar en el que se reúne el grueso de la Comunidad, en la que se ordena el Bien, se prohíbe el mal y se enseña la ciencia, tanto a hombres como a mujeres.

En cuanto al otro tipo ce “casas” relacionado en el Corán, se trata de lugares en los que se invoca a Allâh mediante actos voluntarios y se enseña la Ciencia Mayor, que es la que transforma al creyente en su interior hasta ser aceptado por Allâh. Pero dejemos esto para otra ocasión.

Si en el local llamado “mezquita” no se impartiera la ciencia, seguramente el hadiz habría hablado de otra manera. Entrar, rezar, decir al de al lado “que Allâh acepte tu plegaria”, salir y saludar a los conocidos, un lugar como ese, hermanos/as, no merece ser llamado mezquita, si no “oratorio”. en esos lugares, cada uno va a lo que va. Y hay muchos que van para dejarse ver y molestar a otros con sus diatribas de aprendices de sabios de opereta.

Algunos centros que hoy son llamados mezquitas presumen de impartir la Ciencia, pero en verdad, de lo que presumen es de lo que carecen. Lo que se imparten en ellos son las consignas de aquellos que las subvencionan, o bien las de la política estatal. Esta última puede ser todo lo buena que sea, pero no es en una mezquita que debe ser desarrollada.

Los centros islámicos, las mezquitas que vemos en Europa, y más concretamente en España, no se corresponden con la clase de centros a los que aludía el Profeta – sobre él la plegaria y la paz –en los hadices.

En ellas, en muchas, muchas de ellas, en lugar de ordenar el Bien y prohibir el mal, se prohíbe el Bien y se ordena el mal. Algunas veces por ignorancia, otras con visible mala voluntad, la cual no hay manera de que se esconda por muchos subterfugios con los que se la quiera disimular.

Otras, son aquellas “mezquitas del mal” denunciadas en el Corán; lugares o atalayas desde los que se intenta destruir la Religión.

Hay quienes han erigido una mezquita para el mal, para el rechazo a Allâh, para dividir a los musulmanes y como lugar de acecho al servicio de quienes combaten a Allâh y a su Mensajero. Juran con seguridad: “No queremos sino el bien”. Allâh da fe de que mienten. No permanezcas nunca en ella, pues verdaderamente una mezquita cimentada sobre el Temor a Allâh desde el primer día es más digna de que permanezcas en ella. Ahí hay hombres que aman purificarse y Allâh ama a los que se purifican.

¿Quién es mejor, quien funda su edificio sobre el Temor a Allâh y su Satisfacción o quien lo cimenta al borde de una pendiente, a punto de desplomarse, y es arrastrado por ello al Fuego de Yahannam? Allâh no guía a los injustos. El edificio que han construido no dejará de ser una duda en sus corazones a menos que se rompan. Allâh es Conocedor y Sabio” (surat Tawba; 108 a111)

No es necesario presentarse en ninguna de ellas, es incluso más dañino que benigno. Pues, si la plegaria en común tiene un grado, éste es minimizado por la maldad o la ignorancia de los que dirigen esos lugares, y por las oscuras “enseñanzas” que se imparten en ellos, las cuales, o no tienen que ver con el Islâm o son directamente anti islámicas. El peligro es entonces mayor que el beneficio.

Debemos conocer un dicho de una de las figuras cruciales en los comienzos del ‘Islâm, un recopilador de los dichos del Profeta:

ˤAbdu-l-Lâh, el hijo de Amr, compañero del Profeta – sobre él la plegaria y la paz – , y autor de una recopilación de hadices llamada Sahifa Sadiqa: “El escrito verídico” dijo con respecto al asunto que estamos tratando:

Llegará el tiempo en que las gentes se asambleen en las mezquitas en grandes cantidades, y dentro de ellas no habrá musulmanes.

Este tiempo ha llegado; nos encontramos en medio de esa vorágine.

No se puede ni se debe aprender la Religión y la Ciencia de los que rigen las «mezquitas», sino de los que detentan la Ciencia y el Saber.

Hoy, la clase de personas que rigen las «mezquitas» es muy variopinta:

Algunas mezquitas son sostenidas por el Estado, como en Marruecos. Se cierran fuera del horario de las plegarias para evitar la irrupción de las corrosivas y anti islámicas doctrinas salafistas y wahabitas. Estas si cuentan como mezquitas, pero a medias, ya que solamente se puede rezar en ellas. No obstante, hay que confesar que el Estado hace muy bien en cerrarlas fuera de las horas de rezo.

Otras son regidas por los países petroleros, que son varios: Se trata de centros de negocio «cultural» donde se enseña la doctrina mercantilista de esos comerciantes de la Religión que las subvencionan. En ellas se aprende y enseña el Anti Islâm.

Otras, eso que se llama mezquitas-garage, suelen ser propiedad de una comunidad, pero en ellas se imponen tres o cuatro personas que convierten el centro en una sucursal de la mafia llamada Hermanos Musulmanes o en “la casa de Marruecos” o de “Argelia”. No es muy recomendable para los conversos acudir a ninguno de esos lugares.

Otros son los centros de los Hermanos Musulmanes, mafia internacional que, presumiendo de extender el ‘Islâm lo que hacen es esperpentizarlo, deformarlo y atacarlo de 1001 maneras diferentes. Tienen dinero y son camaleones que cambian de color dependiendo de las circunstancias.

Y finalmente quedan esas mezquitas de gentes de buena voluntad pero que no tienen conocimiento suficiente ni discernimiento para cumplir dignamente la misión que les correspondería. Conocemos casos de estos en España, Europa y América Latina, y la mayoría terminan siendo fagocitados por alguna de aquellas mafias que acabamos de citar. Otras no, eso es cierto y aquí estamos hablando de una digna minoría, que gracias a Allâh existe diseminadas por toda la Geografía mundial.

No somos negativos, no menos que el Profeta – sobre él la plegaria y la paz – cuando dijo:

Dijo Rasulu-l-Lâh – sobre él la plegaria y la paz -: Allâh no retirará la ciencia arrancándola de las gentes, pero El la  hará desparecer tomando el alma de los sabios hasta que no quede ninguno de ellos. Entonces, las gentes tomarán por jefes a los ignorantes, y cuando se les pregunte a estos a propósito de ciertas cuestiones, se darán el aire de saber sin basarse en ciencia alguna. Ellos se extraviarán y extraviarán a los otros.

(De Ibn Umar, recopilado por Al Bujari y Muslim).

Nos encontramos en ese proceso; no hemos llegado aún a la tesitura de que no haya sabios; pero por experiencia sabemos que ellos no están en las mezquitas, tal y como dijo Abdullâh Ibn Amr.

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