17 agosto 2026
Corán

LAS ENSEÑANZAS DE LA BATALLA DE BADR.

Abdul Karim Mullor

LAS ENSEÑANZAS DE LA BATALLA DE BADR.

Aunque suene extraño, Badr no fue una batalla; fue más que una batalla. Badr fue un laboratorio en el que las almas se expresaron tales y cuales eran.

Tenemos un ejército de 1000 hombres que salen de Meca, con caballos, músicos, bailarinas y hasta palios para tomar el Sol.

Por el otro lado, el de los musulmanes: 315 personas con apenas alguna montura.

Nadie en su sano juicio pensaría que tenía chances de ganar una batalla siendo 315 contra 1000.

Para dulcificar la primera impresión, Allâh procura al Profeta – sobre él la plegaria y la paz – un sueño en el que el número de los idólatras se ve pequeño. Así lo dice a los creyentes, y estos toman coraje.

No solamente eso, sino que, incluso en el campo mismo de batalla los musulmanes los veían en un número de 70 a 100, cuando en realidad eran mil. Allâh sabía que no hubieran soportado ver la realidad.

Por otro lado, había una caravana procedente de Siria que llevaba una gran parte de las riquezas de La Meca, dirigida por Abû Sufyan bajo la financiación de Abû Ŷahil. Abu Sufyan, temiendo ser atacado por los musulmanes, desvía la caravana hacia el mar y llega a La Meca antes de lo previsto.

La caravana era codiciada por los bienes que transportaba y apenas estaba defendida. Pero los musulmanes tenían una sola opción y debían elegir: La caravana o Badr.

Si hubieran sabido que los mequíes venían con 1000 personas, casi todos hubieran preferido ir tras la caravana que, como acabamos de decir, apenas estaba defendida. Pero Allâh les hizo creer a los creyentes que los idólatras eran un pequeño número a fin de que se conformaran con la batalla.

Llega la batalla y los musulmanes toman los pozos de Badr en primera instancia, mientras los mequíes se ven privados del agua.

Allâh entonces envía ángeles para golpear a los idólatras, fundamentalmente en sus cuellos. Al final de la batalla los musulmanes se aperciben que los que habían sido matados por los ángeles llevaban en las marcas de sus cortes una especie de quemaduras, lo cual les distinguía de aquellos a quienes los musulmanes dieron muerte. Al final de la batalla, 7 mártires en las filas de los musulmanes y 70 mequíes matados.

Llega la hora del botín y Allâh hace descender una aleya en la que dice que el botín ha de ser repartido y gestionado por el Profeta.

Esto trabaja le mente de algunos quienes, ya habiendo hecho el sacrificio de no atacar a la caravana y no haberse apoderado de sus bienes, además de haber luchado contra un ejército más de tres veces superior, tienen que ver de nuevo como se les escapa la oportunidad de conseguir una recompensa material.

Que el botín fuera repartido por el Profeta, ellos sabían que significaba que iba a ser repartido entre los pobres, los indigentes y el resto de los necesitados.

Pero ellos habían arriesgado sus vidas y no recibían nada a cambio. Entonces Allâh abrogó esta aleya con otra en la que decía que el Profeta solamente podía disponer de 1/5; y de él alimentarse él, su familia, los pobres, los indigentes, los viajeros, etc.

Todos sabemos que Muḥammad – sobre él la plegaria y la paz – vivía humildemente, comía ligero, vestía sin lujos y repartía todo lo demás. Todos lo sabemos y no hay que ahondar más sobre este asunto.

El Ser humano, bueno y creyente se manifiesta tal y como es, con todas sus virtudes y defectos en esta batalla.

La ambición de los bienes materiales. Luego viene la renuncia a esta ambición por el bien de la comunidad. Luego el disgusto por el reparto de botín. Luego la aceptación a este reparto. Y al final la alegría porque Allâh haya considerado sus esfuerzos.

De esta manera, Allâh probaba el nivel de cada uno; como reaccionaba cada cual ante la misma circunstancia.

Las gentes de Badr, aunque buenos, valientes y honrados eran humanos y tenían sus defectos. Pero la disposición a renunciar a sus derechos en pos del bien de la comunidad no podía ser pasada por alto. Y El – alabado sea nuestro Dios – dispuso que sus vidas puestas en peligro fueran recompensadas con el martirio o con la obtención de su parte del botín.

Aquellos que vieron como el mar se abría en tiempos de Mûsâ ante las huestes del Faraón, no llegaron ni a la décima parte de la calidad de fe que mostraron los musulmanes.

Los Hijos de Israel, aun viendo como Allâh les abría el mar, nada más estar en la otra oriya ya estaban pidiendo a Mûsâ ídolos para adorar. Renegaron de entrar en la ciudad por miedo a combatir a sus habitantes, renegaron del maná y las codornices y fabricaron un becerro de oro al que adoraron mientras Mûsâ estaba recibiendo las Tablas de parte de Allâh.

En circunstancias similares, los musulmanes renunciaron al botín en primera instancia para seguir las órdenes de Allâh. Y al conformarse a ello, Allâh les dio su parte del botín como derecho adquirido y les concedió el martirio a quienes murieron, con un lugar de privilegio en un Paraíso en el que vivirán toda la Eternidad.

¿Veis que enorme diferencia de calidad entre unos y otros?

¿Quién es entonces el pueblo elegido?

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