17 agosto 2026
Sufismo

¿Cómo no temblar ante la mención de Allâh?

Abdul Karim Mullor

¿Cómo no temblar ante la mención de Allâh?

Dijo Mûsa – sobre él la paz – a Allâh – Altísimo – :

Y cuando Mûsâ llegó a nuestra cita y su Señor le habló, dijo: Señor mío, muéstrate a mí para que pueda verte. Dijo: No Me verás, pero mira hacia el monte; si permanece en su lugar, entonces Me verás. Y cuando su Señor se manifestó al monte lo pulverizó y Mûsâ cayó fulminado, y cuando volvió en sí dijo: “Gloria a Ti. Me arrepiento y soy el primero de los creyentes”. (7-144).

¿Decidme: si toda una montaña se hizo pedazos cuando Allâh mostró Su presencia en ella, ¿cómo el Ser humano que Le ama y Le desea podría quedarse quieto, impertérrito ante la invocación de Él, cuya presencia podría atomizar los cielos y la tierra de un solo golpe?

No se puede interiorizar completamente la presencia divina sin que nuestro cuerpo participe de la emoción que supone ese acontecimiento de recibir Sus dones, sea en la medida que sea.

Cuando Suštari el granadino, de familia noble y de alto rango,  encontró a su maestro en Meknes y éste le dijo que se despojara de sus ricos ropajes si quería conocer a Allâh; y le ordenó que saliera en medio de aquella plaza, en la que antes le saludaban las gentes con una mezcla de respeto y temor; él salió vestido casi con harapos, cantando una qasida y balanceando su cuerpo diciendo que poco le importaba la opinión de las gentes sobre él y que poco debería importarle él a las gentes.

Esta canción se hizo famosa en todo el mundo árabe.

Porque cuando Allâh se presenta solamente queda Su luz, y todo lo demás es nada. El cuerpo entonces se balancea por la fuerza de una Presencia más fuerte que las montañas más elevadas.

Allâh, no hay dios sino El.

No se Le puede mencionar sin que el alma se tambalee, tal Grande es nuestro Dios.

Si queremos amarle, Él lo permite. Pero ¡atención! Si queremos olvidarle también lo permitirá, aunque después vendrán los lloros y los arrepentimientos.

El acercamiento es fuego; y el fuego quema las impurezas, pero también proporciona luz y calor.

Es así que ese canto o ese movimiento corporal ayudan a liberar la energía que provoca el acercamiento al conocimiento de Allâh. La montaña de nuestro interior se desmoronaría sin esa manifestación que sale fuera y se exterioriza liberando.

La danza Sufi o sama’

Quisiera pasar primeramente de largo sobre esa danza religiosa en grupo que se ha dado en llamar ‘immara. Antiguamente ella cumplía la función que hemos dicho, aunque hoy se ha convertido en otra cosa. Porque, como siempre lo hemos dicho, las tariqas, al menos la gran mayoría, han derivado en otra cosa que en la búsqueda sincera del conocimiento de Allâh.

No hay pues bien alguno en ejecutar una danza o unos cantos sin sentir o haber sentido la presencia divina; y esto es lo que por desgracia vemos con frecuencia. Esto causa más daño que beneficio.

En cuanto a la Sama’ realizada por los derviches, se trata de una forma más disciplinada de ejecución. La tradición de ocho siglos la ha mantenido indemne hasta nuestros días, y aunque su significado sea el mismo que acabamos de decir, su operatividad es diferente.

No se trata pues de una excitación como podríamos ver en la ‘immara, sino de una consciencia del Universo; es decir, quien la ejecuta conoce su significado, aunque su operatividad, en toda evidencia queda subordinada al grado de quien la ejecuta.

Quien la ejecuta por curiosidad, pero con respeto, no experimentará daño alguno. Ahora bien, su gran beneficio alcanzará para quien la realice con conocimiento y en el momento adecuado. Con la ausencia de estos dos últimos elementos nos arriesgamos simplemente a que no tenga en nosotros efecto alguno.

Recibir y dar. Recibir de Allâh, quedarnos con aquello que podamos asumir, y liberar aquellos que no podemos hacia las criaturas del Señor de los cielos y de la tierra.

Hoy, y no mañana. El momento es la base de todo. Si no somos conscientes de que en el momento que vivimos Allâh se encuentra cerca, entonces más vale que no pensemos en mañana, porque el mañana no existe sino existe el hoy.

No es difícil de comprender, aunque sí de ejecutar: calma, ojos bien abiertos, alejando los ruidos de la cabeza y del alma.

¡Bienaventurado quien pueda hacerlo, con la ayuda de Allâh!

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