17 agosto 2026
Ceuta

En memoria del Mehdi Flores

Abdul Karim Mullor

En memoria del Mehdi Flores

Nunca tuve la claridad de espíritu y la paz de alma para escribir con nitidez sobre mi amigo y hermano El Mehdi Flores. Y es que en los últimos años de su vida nuestros destinos se cruzaron de forma sorprendente.

Fue a mi vuelta de unos años que pasé en Bélgica que nos encontramos de nuevo. Anteriormente en 1996 nos conocimos, e incluso en 1997 me casé en su casa junto a Mansur Escudero y Abdul Karim Carrasco, quienes fueron respectivamente, oficiante y testigo de mi matrimonio con mi actual esposa. Como podéis comprender esos detalles nunca se olvidan.

Mehdi, de joven, estudió en un seminario con los franciscanos. Por diversos motivos se terminó saliendo de él, y debido a su espíritu inquieto comenzó a buscar por otras vías el significado de la vida.

Después de hacerse musulmán, creo que fue en 1995 que conoció a Mansur Escudero y a su grupo, cuyo núcleo a la sazón estaba compuesto por Abde-n-Nur  Coca, Abdul Karim Carrasco (que Allâh tenga a ambos en su Misericordia), Hashim Cabrera, Sabora Uribe (esposa de Mansur) – que Allâh la tenga en Su Jardín – y su otra esposa Kamila.

Nos conocimos en 1996 en un congreso que tuvo lugar en la entonces Universidad Islámica Averroes de Córdoba. Un congreso en el que el protagonista fue la exaltación de sentirnos musulmanes y que podríamos realizar grandes cosas.

He de decir que yo nunca me sentí totalmente vinculado a dicho grupo, ya que por aquel entonces yo tenía mi chayj de la Alawiyya, y este era para mí el vínculo central de mi Islâm. No obstante, establecimos un contacto fluido, aunque cada uno podemos decir que teníamos nuestro camino.

Por aquellos entonces el grupo de Mansur estaba muy centrado en la política, y yo, como sufí y faqir nunca me dediqué a ella, y nunca tuve confianza en ese camino ni en la general estrechez de miras de los políticos españoles.

Sea como fuere, Mehdi y yo establecimos una relación de amistad que se vio interrumpida por mi marcha apresurada a Bélgica en Agosto de 1999.

Cuando volví a Tetuán, ya habíamos perdido la pista el uno del otro. Por aquellos tiempos, según él mismo me relató, realizó muchos contactos con personajes de la política de Marruecos, así como con los de España. Llegó a ser diputado en la Asamblea de Ceuta durante cuatro años. Fue presidente de la FEERI durante algún tiempo, siendo después víctima de las insidias que siempre han gobernado el Islam asociativo en España.

Mehdi, de natural bueno y generoso con todos, no supo, y probablemente no quiso, aprovecharse de haber llegado a conocer tanta gente bien situada en el mundo de la política. Si se lo hubiera propuesto habría triunfado en este campo. Pero él era consciente de los intereses que se movían y de esas fieras luchas por el poder que, en ninguno de los dos países son conocidas por practicarse de manera noble. La política hace años que lleva siendo un mundo de mentiras y de traiciones.

Estando yo a caballo entre Tetuán y Bruselas, un buen día se presentó en mi casa sin más. Allí nos encontramos después de bastantes años, nos abrazamos, y recuerdo que él me dijo: “No has cambiado; estás como siempre”. “Claro, pero más mayor” – dije yo.

A partir de ahí recomenzó una amistad y una hermandad a prueba de bombas y terremotos, que duró hasta que Allâh quiso llevarle junto a Sí.

Juntos formamos ACEDI y Abu Madiam – Tariqa Alawiya Gawziya; nuestra asociación cultural y comunidad islámica en Ceuta. Hicimos actividades juntos; conocimos a los personajes de Ceuta que merece la pena conocer.

A menudo me decía que se arrepentía de todo el tiempo que había perdido en sus escarceos en el mundo de la política. Estaba cansado y desgastado anímicamente, pensando que tantos esfuerzos habían sido para nada. Sobre todo se encontraba muy desanimado viendo el cariz que había tomado el Islam asociativo en España después de todos sus desvelos. Tenía la sensación de haber trabajado para nada. Yo le decía que no era culpa suya, que la gente era así, que él había hecho todo cuanto buenamente pudo.

Y aun así, estaba contento de haber encontrado el buen camino. Recuerdo esos encuentros en su casa, donde yo iba a visitarle a menudo, allí en Ceuta. Nuestros actos culturales, los paseos por Ceuta.

Profesor de Latín y Griego en Bachillerato en el Siete Colinas de Ceuta, todos sus alumnos le querían; le saludaban por la calle; le paraban y conversaban con él.

No sabía decir que no a nadie; tanto que alguna vez hube de regañarle por eso, temiendo que pudieran utilizarle más de lo debido.

Tres años llevaba yo detrás de él diciéndole que debía ir al médico; que su estado físico no era normal. No entiendo por qué no lo hizo sino ya muy tarde. Yo le decía que su estado de ánimo debía reponerse, que aunque él pensara que había perdido años inútilmente, que los que le restaban podían restaurarle la felicidad perdida. Que Allâh es Grande y puede con todo.

La enfermedad le pudo. Creo que Allâh se lo quería llevar. Al fin y al cabo su contacto estrecho con Allâh se había renovado por aquella época. Comprendí que él había terminado su trabajo en este mundo.

La paciencia que mostró en el año que duró su enfermedad fue ejemplar. Allí tomó un contacto con Allâh que le transformó por entero. Creo, por lo que me contó que dio con el Jadir en Zaragoza, ya que él nos dijo que alguien totalmente vestido de verde con un rostro luminoso se cruzó con él en el camino y le acompañó.

Fuere como fuere, el día que Allâh se lo llevó pude vernos a él y a mí en sueños haciendo la ablución. Cada uno estábamos en una pila diferente. El terminó y se fue. A mí me quedaba lavarme los pies.

Esa misma mañana me informaron de su muerte.

Que Allâh lo tenga en Su Proximidad y le otorgue multiplicado por mucho todo el bien que nos hizo a nosotros y a todos los que le trataron.

¡Hasta pronto, hermano; amigo del alma!

¡Nos vemos en el Estanque, si Allâh quiere!

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