El camino de la Verdad – los libros y el barquero de Bagdad
Abdul Karim Mullor
El camino de la Verdad – los libros y el barquero de Bagdad
Algunos creen que por leer y comprender racionalmente los libros de los maestros del Tasawwuf van a obtener un avance espiritual, así como una comprensión interior de las verdades que abundan en la Vía del Conocimiento.
Otros, llegan a creer incluso, que siguiendo lo que se enseña en los libros van a llegar a obtener ellos mismos un grado espiritual, digamos X. No se dan cuenta unos y otros que el Makru-l-Lâh (la Astucia de Allâh) les está velando del camino.
Seguramente, ellos tienen impedimentos internos que no les permitirían en ningún caso avanzar por este camino. Entonces, en ese caso, Allâh quiere dejarlos ahí a fin de, por misericordia hacia ellos, no responsabilizarles mediante un compromiso que no podrían mantener.
Otros, probablemente, son engañados por el waswas a fin de separarles del camino. Un waswas al que su alma (nafs) atiende con premura, algunos espoleados por la elevada idea que tienen de ellos mismos.
No olvidemos que algunos se consideran miembros de una élite, solamente por ser ellos mismos, pensando que el resto son una muchedumbre de ignorantes; sin comprender que Allâh puede crear millares y millones mejores que ellos.
Con estas palabras no deseo “convertir” a nadie al camino de la Verdad. No obstante, sí quiero dejar las cosas claras a fin de exponer cuál es el camino a seguir cuando alguien con sinceridad completa busca el Conocimiento.
Debemos tener en cuenta que las condiciones han cambiado significativamente desde los tiempos en los que fueron escritos los libros del Tasawwuf. Incluso desde los más recientes, como pueden ser los del Šayj Al ˤAlawi. Si bien el objetivo del Conocimiento no ha cambiado, los medios para llegar a él sí lo han hecho, y podemos decir que en gran manera; mucho más de lo que nadie cree.
Los libros son las cenizas del Conocimiento. Las palabras no pueden expresar fielmente las realidades, incluso en el tiempo en el que fueron escritas. ¿Cómo podrían hacerlo entonces unos siglos después?
Quien quiera imprimir todo su esfuerzo siguiendo los libros como si fueran una guía, por experiencia sabemos que en su interior se puede originar un desajuste que le puede llevar a desequilibrios y estados de ansiedad difíciles de hacer desaparecer. Somos y hemos sido testigos de estos casos.
Las verdades del Conocimiento son un fuego que muy pocos saben manejar. Intentar zambullirse en ellas sin estar preparado es una empresa que nunca puede tener un buen final.
Muchos encuentran conceptos en dichos libros que entienden a su manera. Buscan manejarlos de manera separada según su entendimiento. Este es un vicio adquirido de la enseñanza actual que gusta tener elementos separados para entenderlos mejor.
Desean comprenderlos como si fueran las palabras de un diccionario en el cual cada uno de ellos tenga un significado preciso que siempre sea el mismo y que permanezca a través de los siglos.
No son capaces de entender las correspondencias, acciones y reacciones, precisamente por la ausencia del conocimiento que solamente otorga la práctica.
Al contrario, en el ámbito del Sufismo solamente hay una Verdad. Y esto es lo único inamovible, perdurable y eterno. Los términos de ayer, son de ayer, no tienen entidad hoy. Muchos de ellos se encuentran juntos en otras realidades jugando una función que solamente entiende aquél que se encuentra en el camino de una manera real y efectiva.
Por ejemplo, para muchos el wali o conocedor ha de ser alguien que se encuentre en el estado del desvelamiento. Pues bien, esto no es cierto. Existen awliya que ni tan siquiera ellos saben que lo son. Y puede que su maqam sea mejor que el de algunos desvelados de siglos anteriores.
Seguramente Allâh no quiere que hoy en día un wali ande por las calles predicando sus consejos y, por decirlo de alguna manera que se entienda, “asustando a las gentes”. De esta manera, Allâh puede proteger a sus ‘awliya de las miradas indiscretas y de las curiosidades de unos y de otros.
Las cosas santas hay que protegerlas, y Allâh lo hace a Su manera, con mucho mucho arte.
He de decir que sin maestro es imposible avanzar.
Ya lo dijo el gran Šayj Mawlai Al Arabi A-d-Darqawi de una manera inequívoca:
“Quien no tiene maestro, tiene como maestro a chaytan”.
Esto no constituye un anatema para quien no practique el Sufismo; sino un aviso para proteger a unos y a otros del chaytan. Pues quien no tiene maestro camina solo, y como dice el hadiz, al que camina solo lo devora el lobo (chaytan y nafs).
La necesidad de un maestro queda explícita en la Surat La caverna, pues Allâh nos enseña como todo un profeta como Mûsâ hubo de viajar a miles de kilómetros para aprender la Ciencia del Jadir. (ˤIlm laduni).
Es aquí donde encallan muchos barcos. Las embarcaciones encallan solamente donde no hay profundidad.
Hoy, cuando alguien pretende seguir la Vía del Conocimiento y se vincula a un maestro, éste le concede un tiempo. En ese periodo van a ocurrir vicisitudes las cuales van a mostrar si esa persona está preparada para seguir el camino. El maestro ha de tener una prueba de que puede guiar al aspirante.
Dichas vicisitudes proceden directamente de Allâh, no del maestro. Este solamente da uno o dos consejos a seguir durante este periodo. Quien no los cumpla porque es más cómodo seguir lo que dicen los libros, para, de una manera u otra, auto justificar sus actos, es mejor que se dedique a sus plegarias, zakat y ayuno y deje este camino porque no ha pasado la prueba.
El maestro, si es verdadero, nunca habla con adivinanzas, ni con palabras de doble sentido. Habla directamente para que se comprendan sus palabras sin necesidad de recurrir a simbolismos o a “acertijos” diversos de cualquier índole.
En estos casos, yo he sido testigo de varios de ellos, el maestro se despide cortésmente y desea a esa persona lo mejor. Le dice que sea serio con su Šaria e irá al Paraíso; pero la Tariqa no es para él; que ya de por sí cumplir con la Šaria es una gran cosa.
El maestro que no actúa de esta manera, y que acoge a quienquiera que sea para agrandar su grupo y tener más seguidores, sinceramente, he de decir que no es un maestro. Seguirle será una desgracia, pues quien no puede guiar a la Verdad, lo hará de manera inexorable al error.
De ahí el peligro de dejarse llevar por las lecturas, y creer que ellas son suficientes para andar el camino. Seguramente, quien eso hace caerá en las manos de uno de tantos falsos maestros que dicen saber guiar a las gentes.
Y estos existen, y esperan a aquellos que vengan a engrosar las filas de sus fieles.
Así pues, quien desee seguir la Vía de la Verdad ha de estar dispuesto a todo y poseer una sinceridad inquebrantable. Porque Allâh le va a probar, y va a hacerlo con aquello que más le disgusta. Eso os lo puedo asegurar, sin que nunca la prueba sea superior a las fuerzas.
En toda evidencia, lo primero es cumplir con los preceptos de la Šaria. Sin esto no hay camino, no puede haber nada más.
El primer mandato de la Šaria es la Creencia, después viene la obligación de buscar el sustento para que nadie ni nada haya de darle de comer. Después de ello el salat, el siyam, el zakat; rechazar lo prohibido y realizar lo obligatorio.
Si esto se hace cumplidamente, y se tiene una sinceridad total y un deseo poderoso de acercarse a Allâh, entonces que busque un maestro verdadero, ponga su confianza en Allâh y adelante y buena suerte…
Para terminar hemos de relatar una breve historia de un erudito que vivía en Bagdad y había leído una gran cantidad de libros. Se puso a llover torrencialmente, de manera que el río estaba llegando al límite del desbordamiento.
Viendo que las aguas iban a inundar las calles del lugar en el que él se encontraba, cargó con todos sus libros a fin de meterse en la barca con ellos y pasar al otro lado del río.
El barquero estaba desbordado de hacer pasajes y la gente no cesaba de acudir a él a fin de pasar del otro lado. Viendo el barquero a este erudito, que con sus libros no podría pasar nadie más en un solo viaje, pues estos ocupaban casi toda la barca, le dijo:
“Señor, o pasa usted, o pasan los libros; pero usted y los libros es imposible”.
A esto, el sabio respondió:
¿Cómo dejar mis libros si son el tesoro de toda mi vida?
Dijo el barquero:
¿Y de qué le han servido esos libros si no le pueden ayudar ni tan siquiera a pasar del otro lado?
Es entonces que el erudito se encontró consigo mismo y con la Verdad. El barquero le abrió los ojos.