¿Quién puede interceder ante El sino es con Su permiso?
Abdul Karim Mullor
¿Quién puede interceder ante El sino es con Su permiso?
El título de la presente exposición es una parte de la aleya del Trono (Ayat al Kursî). Dicha cita, por ella misma, nos habla de le intercesión, la que no es posible sin el Permiso de Allâh.
Negar la intercesión ante Allâh de aquellos a quienes El haya decidido otorgarles esa gracia es de lo más torpe que hayamos visto nunca en materia de ignorancia.
Los hay que la niegan, intentando dirigir de esta manera la Voluntad divina que decide sin necesidad del contento o del desagrado de nadie.
Dicen los judíos: La mano de Allah está cerrada.
¡Que se cierren las suyas y sean malditos por lo que dicen!
Por el contrario Sus dos manos están abiertas, y gasta como quiere. (5-64)
Como dice esta aleya, algunos quisieran dirigir a Allâh y decirle lo que tiene que hacer. Esta extraña demencia se ha instalado en algunos corazones que quisieran simplificar y limitar la inmensidad.
Dicho esto, y provisto de que hay quienes pueden interceder con el Permiso de Allâh, vayamos a investigar si podemos saber quiénes son los detentores de esta gracia.
Es sabido por la Sunna que en el Día de la Resurrección hay quienes intercederán por otros. No hay duda al respecto, ya que las palabras del Profeta – sobre él la plegaria y la paz – son reveladoras al respecto.
En lo referente a la propia intercesión del Profeta tenemos numerosos hadices; he aquí uno de ellos:
Mi intercesión en el día de la resurrección es verdadera. Quienquiera que no cree en ella, no la merecerá. (De Sa’id Ibn Arkam, recopilado por Ibn Manih)
Si, como dice este hadiz, el ayuno y el Corán intercederán por nosotros, ¿cómo no podría hacerlo el Ser humano siendo la mejor creación de Allâh, ante quien se postraron los propios ángeles?
El ayuno y el Qur’an intercederán por el hombre el día de la Resurrección. El ayuno dirá: “¡Oh Señor!, yo le he impedido a todo lo largo del día, de comer, de beber y de satisfacer sus deseos, acepta pues mi intercesión por él”. El Qur’an dirá: “¡Oh Señor!, yo le he impedido de dormir durante la noche, acepta mi intercesión por él”. Entonces Allâh aceptará la intercesión de ambos. (De Ibn Umar, recopilado por Al-Bayhaqi)
Otro hadiz nos habla de la intercesión de un creyente que haya alcanzado la edad de noventa años:
Y cuando alcance la edad de noventa años los ángeles dirán: “He aquí un enamorado de Allâh sobre la tierra y Allâh le perdonará sus pecados pasados y futuros y le concederá el derecho de interceder junto a Allâh a favor de su familia.” (De Uzman, recopilado por Al-Hakim)
Este otro hadiz nos enumera quiénes serán los intercesores el Día de la Resurrección.
En el día de la Resurrección los Profetas serán los primeros intercesores, después vendrán los sabios e inmediatamente los mártires. (Recopilado por Ibn Maŷah)
Hemos hablado de la intercesión ante Allâh el Día de la Resurrección. Se trata de un hecho innegable. Ahora bien, aunque estos hadices determinen de alguna manera la clase de personas que pueden interceder por otras, también es cierto que la mayoría de ellos no dan detalles sobre cómo esta tendrá lugar.
Recordemos aquel hadiz en el que alguien en el más alto de los Paraísos intercede ante Allâh directamente para rescatar a su amigo del Infierno. No lo citamos enteramente para no alargar este escrito de manera desmesurada.
Queda por saber cuál es la amplitud de dicha intercesión, es decir, sobre cuántas personas se puede interceder. Algunos escritos dicen que cada uno de los sabios (awliya) podrá interceder por cincuenta personas o más. Otros llegan a decir que incluso podrán hacerlo por una ciudad entera.
La intercesión de los vivos por los vivos
¿Hemos olvidado el caso de Yunus quien con sus súplicas y enseñanzas intercedió por la ciudad de Nínive llegando todos a convertirse a la Verdad?
No hay intercesión sin súplica. Es decir, quien intercede suplica a Allâh por el que se intercede. A este respecto, tenemos la súplica de los enfermos y de los viajeros que sabemos es atendida por Allâh.
“Pide por mí” – decimos a alguien que vaya de viaje o que esté enfermo. ¿Acaso esta súplica no es de facto una intercesión? Sería muy torpe negarlo; ¿no es así?
Y si cualquiera que esté enfermo o de viaje, sea cual sea su estatus ante Allâh, puede interceder por nosotros; ¿cómo no podría hacerlo aquél o aquellos que se encuentran muy cerca de Allâh, provisto que Él ha prometido acordarles sus súplicas? Como dice el final del hadiz qudsi:
…y si Me pide una cosa Yo se la otorgo
Otro hadiz que encontramos en la Ŷamiˤa-s-sagir de Ŷalaluddin Suŷutî dice con respecto a aquellos, al menos cuarenta, que tendrán el corazón del Jalil (Ibrâhîm):
…por ellos recibís la lluvia y el sustento
Uno de estos cuarenta puede influir incluso sobre una ciudad o un país, dependiendo dónde Allâh haya decidido cuál es su área de influencia.
Una vez demostrado que existe la intercesión de los vivos por los vivos, pasemos a tratar de…
La intercesión de los muertos por los vivos
Para comenzar recordaremos que nadie tiene derecho alguno a limitar lo que Allâh puede hacer o no. Así que, si El, en Su Sabiduría divina, ha decidido que un fallecido interceda a favor de los vivos, nadie puede negar dicha intercesión, y mucho menos impedirla.
¡Aunque algunos en su locura manifiesta gustarían de dominar las acciones de Allâh y lo que ocurre en una vida cuyas condiciones se les escapan!
El primer caso pues es saber que nada es imposible para Allâh.
El que exista una muerte corporal indica que cada uno ha terminado su trabajo en este mundo. Es decir, sus acciones a supervisar han terminado. Ello no quiere decir que se encuentre incapaz de vivir y actuar en el Ajira de una manera que Allâh le haya conferido.
Ninguna prueba existe sobre el hecho de que la muerte impida interceder por otros al igual que se hacía en vida. La intercesión no es un trabajo, y aquel que muere, despierta, tal y como dice el hadiz. Es decir, la vida del fallecido es mucho más intensa que la de aquellos que aún estamos en esta vida limitados por las condiciones de la existencia corporal.
¿No dice el Corán?
No digáis de los que han muerto luchando en el camino de Allah que están muertos, porque están vivos aunque no os deis cuenta. (2-154).
Algunos, precipitadamente dirían que esa aleya se dirige solamente a los mártires. Esto decir sería una falsedad desde el momento en el que en otro hadiz el Profeta declara que la Guerra Santa Mayor es la que el verdadero creyente declara a sus pasiones.
Así pues, sabemos que, tanto los mártires como los ‘awliya de Allâh se encuentran vivos de una manera superior y más intensa que la de la vida que gozaban cuando estaban en este nuestro mundo.
Y si, aquellos a quienes Allâh ama y ha amado en vida, son las manos, los pies, las bocas por las que Allâh se manifiesta estando en este mundo ¿cómo entonces habrían dejado de serlo cuando sus espíritus se hayan liberado de un cuerpo que les limitaba?
Cuando se visita a un wali en su tumba se es consciente de que en ella se encuentra una persona a la que Allâh ama. Se encuentra pues ante un lugar santificado. Siendo consciente de ello, sabemos que realizamos la visita para que Allâh nos premie por haber visitado a uno de los Suyos. Y entonces pedimos al Señor del Universo convencidos de que la visita Le satisface.
Esto hacía el Imâm Shafi’i cuando iba a diario a visitar la tumba de su maestro Abu Hanifa. En ella pedía y Allâh se lo concedía, según el mismo manifestó en sus escritos.
Asimismo existe un hadiz que dice que cuando alguien se encuentre en un aprieto debe visitar a aquellos que se encuentran en las tumbas.
En una ocasión, mi esposa y yo visitamos la tumba de un wali llamado Sidi Buzidi en Stehat (Marruecos). Llegamos al lugar, entramos, saludamos al wali y nos dispusimos a recitar la Surat Waqi’a. En ese momento una voz potentísima se puso a recitarla con nosotros. Era de tal manera impresionante la voz que daba la impresión de que el morabito iba a derrumbarse. Mi esposa y yo estábamos solos en el lugar e interpretamos (Allâh sabe más) que el wali la recitaba con nosotros.
¿Qué es la intercesión?
Se trata de que alguien, vivo o muerto, pida a Allâh por nosotros o por otros. Nada hay que lo impida ya que los seres humanos interconectamos entre nosotros; nos ayudamos unos a otros y unos van en cabeza de otros dirigiéndolos y enseñándolos.
Como imames en el salat, los intercesores representan a los otros ante Allâh. Y, si en el salat, la plegaria ofrecida por el imam es válida para el resto, siempre que realicen los movimientos necesarios, ¿cómo unos no podrían representar a otros ante Allâh en cualquiera de las circunstancias de la vida o después de la muerte?
Solamente el trabajo personal es para la persona que lo ejecuta; lo demás lo hacemos en comunidad.
¿No dice el Profeta que en la otra vida cada uno estará con el que ama?
¿No es el Amor la mejor manera y modalidad de intercesión?