El sacrificio de uno mismo
Abdul Karim Mullor
El sacrificio de uno mismo
Y allí iban ‘Ibrâhîm y su hijo ‘Ismaˤil – sobre ellos la paz – a un lugar lejano separándose de su esposa y madre para que no pudiera ver el sacrificio.
En el camino les salió al paso el enemigo de Allâh y del Ser humano. Entonces, para ahuyentarle, ‘Ibrâhîm le apedreó siete veces. Y se dirigieron a la cima de ˤArafa. ˤArafa, ese lugar en el que nuestros primeros padres se reencontraron una vez bajados a la tierra; un lugar en el que pidieron perdón a Allâh y El – Misericordioso y Bueno – se les otorgó.
Y allí, ‘Ibrâhîm puso su afilado cuchillo en la garganta de su hijo querido. Se disponía a apretar y cortar cuando algo se interpuso entre el cuchillo y el cuello no dejando que cortara.
Allâh le felicitó por haber pasado la prueba de obediencia y de amor a Él y le obsequió con un carnero descendido del cielo. No se habla de la naturaleza de ese carnero, quizás porque no pueda llegar a saberse.
Bajaron contentos padre e hijo, purificados por haberse entregado a Allâh en toda verdad.
¿Y nosotros, qué creemos que festejamos cuando celebramos el ˤAid? ¿Qué creemos que estamos haciendo cuando compramos un cordero, escogemos la cornamenta y la compostura del animal y llegamos a casa y le degollamos el día del ˤAid?
Si me atrevo a decir que en toda la ‘Umma de Muḥammad – sobre él la plegaria y la paz – solamente 1 de cada 10.000 es capaz de apercibirse de ello, y de contestar a esta pregunta antes de haber sido informado de la respuesta, seguro que acierto.
Hay cordero o no hay cordero; esa es la cuestión. Para muchos, bueno, más que muchos, el ˤAid es el cordero. Y se viene del salat del ˤAid, bien vestido, ufano porque el cordero elegido tiene una cornamenta de cine y una estampa imponente. Bueno, en realidad, los cuernos son solamente los de un cordero y la estampa es corderil, como la que tiene todo cordero en esos mundos de Dios.
No importa que nos estafen mediante una de esas formas de riba llamada “especulación”, subiendo los precios del animal a los de un jugador de fútbol. Lo importante es que tenemos cordero “habemus borregus”.
Casi todos se olvidan de ‘Ibrâhîm y su hijo. Casi todos olvidan que pueden sacrificar, gracias a Allâh por su puesto, pero también gracias a ellos dos.
Y, sacrificando, no se sabe lo que se sacrifica. Y no se sabe, porque ya el día del ˤAid y los posteriores se vuelve a los mismos vicios de siempre. Y mientras se come la carne del sacrificio se habla de lo buena que está la tripa y de lo suculento de los pinchitos.
Nadie sabe que el sacrificio del cordero representa el sacrificio de uno mismo. Al igual que ‘Ibrâhîm aceptó sacrificar a su hijo, y éste aceptó ser ofrecido a Allâh, nosotros hemos de emularlos sacrificando nuestra voluntad por esa Poderosa y Eterna de nuestro Señor. Y si no somos conscientes de esto, hermanos/as, entonces, en verdad, no hemos sacrificado.
Como los judíos, la mayoría de los musulmanes, comprendidos ahí los alfaquíes y ˤulama, se han convertido en seguidores de normas, en cumplidores de leyes, en ejecutores de actos sin alma, sin conocimiento, sin valor añadido.
A ver, hermano/a, hasta que no te des cuenta de que el cordero eres tú, no habrás sacrificado. Habrás degollado un cordero y lo habrás comido; pero nada más. Ni tan siquiera habrás seguido una ley, porque el sacrificio no es obligatorio. Te habrás puesto la venda en los ojos, y habrás degollado porque todo el mundo lo hace y porque lo aconseja la Sunna. Pero no sabes ni sabrás lo que has hecho y porqué lo has hecho.
Así no es la religión; así no es la relación con el Señor. ¿O acaso Allâh nos quiere tontos e imitadores?
El valor de los actos lo da el Conocimiento. Aquel que conoce no es, como dice el Corán, como aquél que no sabe. Y a quien se le ha dado la Ciencia se le ha concedido mucho bien de parte del Sabio y del Conocedor.
Cuida de tu estampa, cuida de tu educación y de tu presencia y avanza hacia la Presencia del Rey convenientemente aderezado, perfumado; preparado para entrar y ser recibido. ¡No! El Rey no recibe a cualquiera cuyo comportamiento es rudo, cuyas costumbres son bastas. Pero sobre todo haz atención a tu corazón; porque es esto lo que el Rey de reyes observa cuando entras.
¿Sabes? Él es Bueno, sumamente Indulgente y Comprensivo. ¡Va! Con confianza, hermano/a; ahí está con los brazos abiertos para recibir a Sus amados.