El Mahdi y el nuevo paradigma islámico
Abdul Karim Mullor
El Mahdi y el nuevo paradigma islámico
Que la práctica del ‘Islâm a nivel mundial vive un periodo de crisis no es un secreto. Al contrario, se trata de una realidad bien patente cuyas causas son fácilmente localizables.
Entre los musulmanes existe una apatía generalizada con respecto a su práctica religiosa. Las doctrinas que elevan el concepto del Ser humano como creyente se han olvidado, y han dado paso a una indolencia propia de aquellos que no tienen objetivos en la vida. No se tiene ilusión ni vocación, sencillamente por la ausencia de objetivos que sean tangibles, bien estructurados y conocidos.
Hoy, la gran parte de los musulmanes que se activan por un objetivo, lo hacen por el dinero. El fin es material, y por lo tanto totalmente ajeno a las profundas enseñanzas de una religión que, por vocación natural, presenta unos objetivos sublimes que se pueden conseguir y cuya cima son la Sabiduría y el Conocimiento.
La consecución y obtención de bienes materiales, si es que se consiguen, no procura paz de espíritu, sino que anima a obtener más bienes y a hacer de su posesión la cima de los anhelos. Cuando el acicate material se pierde por falta de posibilidades para obtener dichos bienes, y no se encuentran en el ambiente otros objetivos, entonces ese vacío es llenado por la indolencia y la ignorancia.
Cuando la consecución de bienes materiales es la principal aspiración de los musulmanes, entonces éstos se alinean con quienes se los proporcionan o con aquellos que ellos consideran que se los pueden proporcionar. De ahí el “éxito” de centros o mezquitas que funcionan como distribuidores de dineros o prebendas o como agencias de empleo donde la gente acude esperando que les lluevan los favores.
Esto crea gentes sometidas a las consignas que dichos centros extienden, pues hacerse eco de ellas y darles salida puede proporcionar sustanciosas ventajas de orden material. Las personas que frecuentan dichos antros terminan siendo las más ignorantes y las que más violencia verbal ejercen contra los que no lo hacen.
Esto lo vemos día a día con wahabitas, salafís, adeptos del Tabligh y Hermanos Musulmanes. Ellos no tienen nada que ofrecer salvo consignas pueriles que desembocan en la consecución de los objetivos marcados por estas sectas estrechamente ligadas al ideario masón.
¿Hay una medicina contra la ignorancia y la indolencia?
Sí la hay. Ahora bien, para que ella se extienda es necesario un marco determinado que ahogue las consignas materialistas de esas sectas que hemos mencionado y las de otras de orden similar.
La indolencia ha llegado a un extremo tal que casi nadie se preocupa de buscar la Verdad. Y no se hace, porque llegar a conocerla supone un gran sacrificio. Hay que iniciar una búsqueda casi en solitario, y esto exige un esfuerzo de orden continuado y de intensidad superior.
Los efectos de la venida del Mahdi – el nuevo paradigma islámico
Es dicho en los hadices que el ‘Imâm Mahdi vendrá a extender la Justicia en un mundo asolado por la injusticia. Este mundo injusto no es otro sino este en el que estamos viviendo. Los poderes fácticos están convirtiendo a la Humanidad en esclavos materiales e intelectuales de un sistema que, basándose en las más burdas mentiras, domina las riquezas y las vidas de los seres humanos.
Para cambiar todo esto, se precisa una fuerza enorme y definitiva. Por eso, el Mahdi vendrá por poner el mundo en orden y acabar con tanta injusticia. Para ello es necesario aparecer con un poder superior conferido por Allâh.
Para activar el dominio religioso, además de esta gran fuerza, es necesario un nuevo paradigma islámico.
Esto implica que el Mahdi va a presentar una nueva manera de seguir la religión. Esto será realizado sin cambiar los cimientos del ‘Islâm, pero sí su forma de practicarlo. Una nueva manera de seguir el Libro de Allâh y la Sunna del Profeta – sobre él la plegaria y la paz – adaptada a los tiempos y a las circunstancias.
El Mahdi aparecerá con nuevas consignas islámicas. Extenderá una sola escuela de Jurisprudencia, abrogando las cuatro conocidas, a fin de que todos los musulmanes podamos seguir la religión al unísono.
Además de esto, él pondrá en el lugar de honor que le corresponde la doctrina espiritual del ‘Islâm, la cual es el corazón y el motor de la Religión. Esta doctrina sublime despertará a los musulmanes de su indolencia. Ella hará que todos se motiven, se ilusionen, se activen por algo realmente bello y bueno.
Si a esto se le añade la consecución de victorias en el mundo que desemboquen en la consecución de la Justicia, entonces las gentes verán que luchan, que sueñan, que se activan por algo realmente sublime y sagrado.
La Victoria cambia la faz del mundo. La Victoria anima a conseguir metas cada vez más altas y a activar a las gentes para que se sientan partícipes de ella; para que ellos vean y crean que sus esfuerzos sirven, que los resultados son visibles y concretos.
Y es que el Mahdi aparecerá con la Victoria. Allá donde vaya triunfará; allí donde ponga sus manos se derribará la injustica, el abuso de poder y la mentira.