17 agosto 2026
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El Bien contra el mal – oposición o imposición

Abdul Karim Mullor

El Bien contra el mal – oposición o imposición

En este Occidente que, según se dice, ha heredado una parte de la moral cristiana, la lucha del bien contra el mal es puesta en evidencia de diversas maneras.

Claro que, lo que se tiene por bien y lo que se tiene por mal siguiendo ese espíritu supremacista occidental no se acerca  a la realidad de lo que es lo uno y lo otro.

Tampoco, en lo que se ha dado en llamar “cultura occidental”, es cuestión de una inversión simétrica de valores. Antes bien, por un lado se trata de un desconocimiento del Ser humano, al que se quiere reducir a un cuerpo y una mente, obviando que tiene un alma y un corazón que operan la una en contra del otro.

Por otro lado, son los intereses de las clases dominantes que determinan lo que es el bien y el mal en función de sus intereses económicos y de la defensa de sus privilegios.

Sea por lo uno o por lo otro, la situación actual es que, por regla general, se desconoce lo que es el bien, tanto como lo que es el mal.

¿Cómo apurarse pues en la defensa de una ética que no existe? Lo que antes era llamado moralidad hoy es llamado ética, una palabra más suave a fin de rebajar la importancia de los valores en el Ser humano.

Las clases del poder se escudan en las gentes, a las que curiosamente adocenan y adoctrinan. Quieren hacernos creer que la verdad y la ética se encuentran en el pensamiento y en las decisiones de la mayoría; pensamiento y decisiones estas que ellos controlan, a veces por medio de la propaganda y a veces mediante la presión económica y las amenazas. El pueblo no puede pensar porque ya ellos piensan por el pueblo.

Habiendo llegado a este punto, tanto el bien como el mal son conceptos intelectuales desprovistos de sentido y posibilidad alguna de aplicación práctica.

Es la Filosofía Occidental una marca que deriva en el abandono de la verdad hacia la búsqueda de lo raro y lo sibarita.

No voy a repertoriar y criticar una a una todas estas corrientes, labor que sin jactancia digo, por lo simple no merece llamar nuestra atención.

Es más, a veces, muchas veces, los postulados de los reputados “filósofos” o filosofastros, como yo los llamo, son únicamente dignos de presentarse en un concurso de despropósitos solamente consagrado a hacernos reír por lo patéticos que son.

No entiendo como gentes, ya mayores ellos, algunos peinando canas, podían dedicarse a decir tales y tales despropósitos, sin despeinarse; llegando incluso a tener la santa frescura de decir que eran herederos de los griegos. ¡No!, no es que me quiera reír de nadie…es que, es para reírse.

¿Qué es el Bien y qué es el mal?

El Ser humano ha sido creado siguiendo un orden, un equilibrio. Ambos no son otra cosa que el reflejo de la verdad. Al haber una sola Verdad universal el cosmos y el resto de las criaturas viven  y transitan en un equilibrio esencial.

Aquello que sirve para guardar ese equilibrio procedente de la Verdad es el Bien, mientras que aquello que lo daña o que lo destruye es el mal. Esto trasciende entonces las definiciones de la propia moral, la cual no deja de ser otra cosa que una dirección necesaria del comportamiento, pero siempre sometida al orden universal que la Verdad ha generado al desplegarse.

Sale aquí al encuentro el concepto de Belleza y su buena y mala comprensión. Algunos creen que la Belleza es lo que da placer al alma y al pensamiento, aunque a veces en ella no haya bien. Podemos comprender esto diciendo que porque a alguien se le antoje bello hacer mal a otro, no por eso se puede considerar que el acto sea bello en sí. La verdadera Belleza entonces es la que procede de la Verdad, así como el equilibrio, y ha de ser la representación de lo que es bueno en sí.

Entonces, ya tenemos que el Bien es aquello que es verdadero y equilibrado, a la par que bello en el sentido absoluto del término, no en el relativo del gusto personal.

Lo que nos impide saber entonces lo que es bueno o malo es la ignorancia de esa verdad con la que todo ha sido creado. Lo que impide conocer dicha verdad es aquella búsqueda del placer o “hedonismo” que por cualquier motivo interesado queremos hacerlo pasar por bueno.

Esa confusión es la misma que existe entre el amor y la pasión. Ambos sentimientos son atractivos; pero uno es atractivo para el corazón, mientras que el otro lo es para el alma o el espíritu caprichoso. Pero hemos demostrado ya, que el deseo no tiene que ser bueno y tampoco tiene por qué ser su contrario. Al poder ser cualquiera de los dos o, en algunos casos, llegar a mezclarse, podemos concluir que él se encuentra lejos de la Verdad.

No se trata de ningún galimatías al estilo de un antiguo laberinto griego. Al contrario, es cuestión de ir despejando el campo para poder llegar a ver más claramente.

Hemos llegado consecuentemente a saber que el Bien es todo cuanto es verdadero, equilibrado y bello. Sin embargo, todo cuanto tenemos por bello, no lo es necesariamente; es este el escollo principal para llegar al conocimiento del Bien.

¿Cómo saber si lo que nos dictamina el deseo es bueno o no lo es?

 Es bello si es útil, no si lo vemos bello. Y es útil todo aquello que nos hace bien. Aquello que fortifica nuestra propia naturaleza interior y exterior. Y como, aún así, el Ser humano no se conoce a sí mismo tanto como para saber lo que le hace bien o mal, lo que es útil o no lo es; por tanto no nos queda otra solución que la de recurrir a un agente exterior que nos conozca mejor que nosotros nos conocemos a nosotros mismos.

Esa capacidad únicamente la posee Aquel que nos ha creado y que nos ha impuesto el código general humano a todos y el código particular a cada uno de nosotros.

Y como Él es tan Grande que su sola presencia nos haría perecer, entonces nos ha enviado a Sus mensajeros y profetas con Sus palabras, que son una guía y un discernimiento para toda la Humanidad.

Sin embargo, aquellos que se encuentran dominados por la pasión han tomado intermediarios entre ellos y Dios para darse la libertad y el derecho de hacer cuanto deseen; todo ello llegando a inventar personajes que ellos dicen que nos acercan a Dios, ya que a ellos Su cercanía les resulta inaceptable, pues deberían cargar con sus culpas sin poder hacer todo cuanto les viniera como idea a sus atormentadas almas.

El Bien y el mal no se oponen – El Bien se impone al mal

Este es el orden natural de las cosas. Lo que está arriba, como es el Bien, no existe en el mismo plano que el de lo que está abajo.

En razón de esto, podemos decir una frase simple: “El mal es ausencia de Bien”. Y no podría haber mal si no hubiera Bien, lo mismo que no podría existir la mentira sin haber una verdad que la pusiera en evidencia.

Y Allâh sabe más.

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