18 abril 2024
Nuevos Musulmanes

Ŷibril e Israfil – La Ciencia y la Sabiduría

La Ciencia y la Sabiduría

Esta historia, que muchos tienen por verídica, nos provee una gran enseñanza y un ejemplo para no olvidar en nuestras vidas

Un muchacho verdaderamente interesado por la Ciencia Religiosa (ˤIlm) le pidió a su padre su bendición y el permiso para ir a estudiarla a Fez. Creo que casi todos habéis escuchado hablar de aquella famosa universidad islámica llamada Qarawiyyin, centro fundada por una señora muy rica llamada Fatima al Fihriya, allá por el año 1000. Decir Al Qarawiyyin siempre ha significado “el saber”; pues todo aquél que en el Occidente musulmán deseaba poseer un prestigio en el mundo de la Ciencia habría de pasar por allí.

El padre, contento con el interés de su hijo por la Ciencia, le dio permiso y le otorgó su bendición. Pero como era muy sabio y conocía bien los vericuetos de la Ciencia, dijo a su hijo:

-“Vé a Al Qarawiyyin a aprender la Ciencia (la Jurisprudencia, el Hadiz, el Corán, al Fatwa); pero, una cosa muy importante es que no olvides estudiar Al Ḥikma (la Sabiduría) a fin de poner el colofón debido a tus estudios”-.

El hijo, emocionado, pensando que le había caído una suerte y una bendición inmensas, partió a Fez llorando de contento.

Cuando llegó se entregó en cuerpo y alma al estudio de la Ciencia; y allí estuvo hasta que, después del tiempo necesario, salió sabio y muftí.

A la vuelta a su lugar de origen hubo de pasar por una aldea que se encontraba en el camino. Allí entró en una mezquita a rezar, observando que, a diferencia de otras mezquitas, había gente que entraba y salía, que iba y venía con objetos, comida y todo tipo de utensilios. Llegó a la hora entre la salat del Dohr y la del Asr, rezó y se puso a hablar con la gente de la aldea preguntándoles el porqué de todo aquel extraño trasiego.

Las gentes de la aldea le dijeron:

Hermano, Allâh nos ha agraciado con una suerte inmensa, y es que sayyidina Ŷibril – ˤalayhi-s-salam- ha tomado forma humana y se encuentra entre nosotros. Le hemos habilitado unas habitaciones anexas a la mezquita. Le llevamos de todo, e incluso los platos más deliciosos, pues todo se nos hace poco para homenajear a un personaje tan sagrado que ayudó a nuestro Muḥammad – sobre él la plegaria y la paz – con el Corán – .

Fueron pues a presentar al nuevo sabio a tan egregio personaje, pero él no quiso ir, pues en toda evidencia el falso Ŷibril no era otra cosa que un farsante y un vividor que se había aprovechado de la candidez y la ignorancia de la gente del lugar.

Enardecido, el nuevo muftí, laureado hace poco en el Qarawiyyin se puso a increparles diciendo que estaban siendo engañados por un farsante, tratándoles de tontos y de ignorantes. Pero los de la aldea le pegaron, le rompieron sus pertenencias y él hubo de correr salvando lo que pudo de su persona y objetos para dirigirse a casa de su padre.

Allí llegó y relató a su padre el episodio vivido en esa aldea.

El padre, lejos de inquietarse y de escandalizarse, le dijo:

Te dije, antes de que te fueras, que no aprendieras solamente la Ciencia, que aprendieras también la Sabiduría – .

Así que el joven partió de nuevo a Al Qarawiyyin para aprender la Ḥikma (Sabiduría). Terminó, y volviendo a su lugar de origen hubo de pasar por la misma aldea en la que el falso Ŷibril estaba abusando de aquellas gentes. Al pasar y preguntar no fue reconocido por los de la aldea. Pero la situación estaba tal y cual la dejó la vez anterior. Así que, preguntando si Ŷibril se encontraba aún entre ellos, habiendo recibido una respuesta positiva, les dijo:

– Id a ver a Ŷibril y decidle que su hermano Israfil ha venido a saludarle y a compartir con él durante unos días – .

Cuál no sería la alegría de los aldeanos al verse también visitados por Israfil, creyéndose los más afortunados del mundo por tener consigo a dos de los cuatro ángeles más importantes. Visto lo visto ¿quién les podría negar que un día tanto Mikail como Asrail pudieran pasarse por la aldea a fin de visitar a sus hermanos? Y aunque la visita de este último no fuera de lo más deseable por sus connotaciones fúnebres, también era de esperar que dicha visita no fuera otra cosa que una pura cortesía para su hermano del alma.

Pero el falso Ŷibril echose a temblar, diciéndose para sus adentros:

He estado llevando una vida a cuerpo de rey a causa de estos tontos y ahora viene este listo a chafarme el plan – .

Pero otra cosa no podía hacer. No le quedaba otra que comprender que había sido descubierto y que ahora le tocaba compartir su suerte con un extraño.

Se encontraron los dos excelsos ángeles en público dedicándose un cálido abrazo, entre hermanos del alma, abrazo este acompañado de los mejores parabienes.

Estando en la mezquita delante de toda la aldea, no le quedaba otra al falso Ŷibril que ceder la palabra a su hermano, que dijo:

 – Gentes de la aldea. Habéis sido agraciados por Allâh con una gran Baraka como es la compañía de mi querido hermano Ŷibril, el mejor de los ángeles. Hoy he venido a visitarle y me he regocijado de veros tan alegres por su estancia. Os habéis comportado con él de una manera tan generosa que yo en cambio os voy a revelar un secreto de los más bien guardados de los siete cielos. Y es que si sois capaces de tener un solo cabello de este mi hermano, no solamente iréis al Paraíso en la Otra vida, sino que en esta seréis inmensamente ricos. No paséis pena pues, porque cuando a mi hermano le quitan un cabello, inmediatamente le crecen otros dos en su lugar – .

Es así que el pueblo: hombres, mujeres y niños se abalanzaron sobre el falso Ŷibril y le arrancaron, uno a uno, todos los pelos de la cabeza.

Nunca más supieron los aldeanos de su paradero, y ya se ocupó el tal Ŷibril de que nunca le encontraran.

Las enseñanzas

Esta historia, que muchos consideran real, nos aporta una gran enseñanza para unos tiempos como estos.

Primeramente, se ha de saber que los estudios de la Religión no son nada sino se les sabe utilizar con el arte y la sabiduría necesarios para que otorguen el efecto deseado. Muchos aprenden en los libros, conocen de memoria el Corán y los hadices, pero faltos de inteligencia y sagacidad lo único que hacen es utilizar dicha sabiduría sin un fin preciso ni útil. Simplemente se dedican a recitar de memoria, tanto el Corán como la Sunna, sin saber ni comprender lo que están diciendo.

Por otro lado, esta historia nos enseña que no debemos ser como los aldeanos que creen al primer impúdico que aparece en nuestras vidas pretendiendo poseer un gran conocimiento, cuando lo único que posee es el arte maligno de engañar a las gentes, estudiándolas y manipulándolas a voluntad.

Y por último nos muestra como aquellos que nos engañan, un día u otro, terminarán escaldados y puestos en notoriedad ante las gentes.

El mal, y esto es otra enseñanza, perece al igual que la mentira; al final solamente la Verdad triunfará.

¡No permitamos que sea demasiado tarde para nosotros!