19 julio 2024
Editorial

Un poco sobre mi vida y conocimiento

Abdul Karim Mullor

Un poco sobre mi vida y conocimiento

Feliz viernes hermanos/as:

Como sabéis enseño Islâm de manera poco convencional y nada previsible. Es así la Verdad, nada previsible y libre por naturaleza y derecho propios.

Hoy, humildemente, quisiera escribir unas líneas para que conocierais un poco a este que os escribe.

Nací en una familia obrera de Madrid, siendo el mayor de cuatro hermanos. Mis padres no podían permitirse sufragar mis estudios, aunque era el estudio para lo que me encontraba verdaderamente dotado. Hube de entrar a estudiar Aprendizaje Industrial en esa empresa de aviación llamada CASA (hoy Airbus) en Getafe. Sufrí lo indecible hasta que obtuve el título de Oficial chapista a los 17, pues Allâh no me dio manos para trabajos de precisión.

Hube de trabajar y estudiar durante 6 largos años entrando en casa ya muy entrada la noche; durmiendo lo que podía. No obstante, si recuerdo que desde los 15 años me propuse buscar la Verdad y la Justicia. Después de los 17, dos años de ateísmo, 3 años de cristianismo, y a los 22 el Islâm. Era cristiano de comunión diaria; pero un día vi interponiéndose en mi camino un muro en cuyos lados se encontraba una estatua de Jesús y de María. Comprendí que ellos me decían de alguna manera que por ahí no podía seguir.

Hice Šahada del Islâm a los 22 junto con un grupo de 30 familias que al unísono se convirtieron al ‘Islâm. Cuando hice Šahada vi caer el muro y me encontré ante una vasta llanura; mi vista se perdía en el horizonte. Pasé dos semanas en estado de éxtasis rodeado de aquella apertura que Allâh abrió para mí en mi corazón.

Ahora me encontraba en el camino de la Verdad; lo supe desde el primer instante. Recuerdo que hice la Šahada a la hora del Iša y recé esta salat con mis cuatro testigos. Desde entonces no he dejado atrás ninguna plegaria, ni ayuno, ni prescripción que fuera obligatoria.

Entré en ‘Islam por la puerta del Sufismo, en la Tariqa ˤAlawiya. Dichosamente mi primer maestro me guio diciendo que sin cumplir con la Šaria era imposible caminar en la Vía del conocimiento. Dejé la Universidad y la perspectiva de bienes materiales, dedicándome a mi trabajo y al Dikr. Eran casi tres horas diarias de Dikre, más el trabajo, más los estudios del Corán, del Hadiz y del Sufismo. Y así estuve hasta que seis años y medio después de mi Šahada murió mi shayj – que Allâh le tenga misericordia.

He de decir que un año después de mi Šahada Allâh me agració con la visión del Profeta – sobre él la plegaria y la paz –  en un sueño. Hice mal en contarlo porque me vi presa de envidias y de insidias de parte de aquellos a quienes yo invitaba en mi casa a comer y a cenar. En mi visión Muḥammad se encontraba junto a Abu Bakr en un terreno desierto observando como pasaba una caravana.

Cuando murió mi primer maestro (Abderrahman Bedran) hice una Istijara de 14 días. Al día catorceno pude verme subiendo el Everest a pie. No había nieve, solamente hierba. Interpreté esto como un signo de que yo iba a ascender a lo más alto del maqam espiritual. Y entonces me relajé.

Entretanto la mitad de nuestro grupo dejó el Islâm. La otra mitad se debatía en rencillas personales por tener un puesto de mando dentro del grupo. Un día, dos meses antes de su muerte, el maestro me llamó y me dijo:

Abdul Karim ¿Tú sabes que les pasa a esta gente que no comprenden nada ni se comportan de una forma digna?”

Preparé mi viaje para verle en Tlemcem (Argelia), pero él murió.

Después de haberme relajado e ir rompiendo relaciones paulatinamente con los otros del grupo, salí por Andalucía a conocer al resto de los musulmanes, sin olvidarme de Madrid donde residía. Constaté, allá por los años 90 (del 94 al 99) el estado lamentable en el que se encontraban las dos grandes mezquitas de Madrid (Anastasio Herrero y M30), pues he sido siempre un hombre de acción y me ha gustado estar en medio de todo. Por eso me hice incómodo.

 Asimismo conocí a Mansur Escudero – que Allâh le tenga misericordia – y a los hermanos que estaban con él, sobre todo al fallecido recientemente El Mehdi Flores, mi hermano y amigo del alma (que Allâh le tenga en Su misericordia).

En el 1993 retomé fuerzas y vine a encontrar un nuevo maestro. Vine a Tetuán, en medio de enormes inundaciones que hacían extremadamente peligroso el viaje. Me daba igual; siempre he tenido mucha confianza en Allâh porque sabía de mi sinceridad, así como siempre he sido consciente de mis debilidades y defectos.

El  primer viaje fue infructuoso. Un año después rehíce el mismo viaje con exactamente las mismas condiciones meteorológicas. Y entonces obtuve el fruto.

Conocí a otro chayj que fue discípulo del mismo maestro que mi primer chayj. Allâh siempre me ha dado la Gracia de poder conocer a un wali (un hombre de Allâh) a primera vista.

Aun así, en ese momento la debilidad continuaba apoderándose de mí y no volví sino dos años después con la intención firme de tomar este segundo maestro.

Me aconsejó que dejara mi trabajo y probara suerte en Marruecos, cosa que hice, pero no sin haber hecho Istijara antes.

Y entonces pude ver en una visión verídica al Profeta – sobre él la plegaria y la paz – predicando en la montaña en la que vivía y vive el maestro, desde la cual os estoy escribiendo estas palabras.

Y, como dice el hadiz:

Quien me ve en sueños me ve realmente, pues el diablo no puede tomar mi forma”.

Era difícil dar el paso, pues con el tiempo trabajaba como responsable de Contabilidad Financiera en una empresa de aviación.

No obstante, lo dí. Es así que en agosto de 1997 me vine a vivir aquí de manera definitiva; terminé de construir nuestra casa, pues mi esposa es la hija del shayj.

Desde ese momento hasta 1999 parece como si un torbellino hiciera que sucediera una cosa tras otra, sin interrupción, sin lugar al descanso. Mi interior avanzaba quemando etapas, no sin el sufrimiento debido y anunciado por el Profeta para todo quien desea acercarse a Allâh. Llegué incluso a tener visiones verídicas a diario.

A finales de 1999 fui a Bélgica donde viví y trabajé hasta el 2017. Allí me acompañó  mi maestro pocos años después y conocimos de primera mano el estado del Islâm en Europa. Tanto es así que hicimos una mezquita, y los Hermanos Musulmanes, al ver que en el Aid al Kabir de 2008 se llenaba, corrompieron a los dueños del local para que la cerraran.

Aún recuerdo las palabras del Concejal de Urbanismo de Molenbeek diciéndonos a mi esposa y a mí:

Vosotros sois buena gente y no podéis convivir con esta clase de personas que hay por aquí. Idos a vuestra casa tranquilos, pues van a por vosotros y nunca os dejarán en paz”.

Dejé mis bienes y mi trabajo en esa mezquita. Pero he de decir que el día que cerramos fue uno de los más felices de mi vida, al verme libre, de una vez por todas, de estar obligado en nadar en aguas infectadas de tiburones.

He de decir que en 2017 entré en Ceuta donde conocí a un elenco de personas muy interesantes. Combiné mi estancia en Ceuta con mis tiempos en Tetuán; pues me encuentro retirado del trabajo.

En este tiempo podemos decir que llegué al objetivo que uno se puede marcar siguiendo una Vía espiritual verdadera. Pero esto ya corresponde al secreto que debe ser guardado, aunque sí puedo decir que puedo ayudar a otros en este camino. Y ahora hablemos de mi formación islámica, cosa que pienso que os puede interesar.

Mi formación islámica

Sonrío, y a la vez me entristezco cuando veo a algunos que se auto denominan sheijes o doctores por haber seguido unos pocos años de estudio. He de decir que en Islâm el estudio y conocimiento no tienen fin. Quien se auto denomina sheyj es por ambición, y el que se anuncia como doctor es un pobre enfermo del corazón. Lo hacen para impresionar a las gentes y así engañarlos para que les sigan y obtener beneficios.

¿Acaso quién tiene pudor en Islam se puede presentar ante la gente como siendo alguien sin sonrojarse ni sentir vergüenza?

Desde nuestros primeros pasos en el ‘Islam a finales de los 70 hubimos de escribir una «Guía del nuevo musulmán» a fin de acoger y enseñar a todo el que se hiciera musulmán.

Desde el principio estudié el Corán y el hadiz. Asimismo me sumergí en todas las obras de los autores sufís de referencia (Gazali-Ibn Arabi – Jilani- Ŷunaid – Ahmad Zarruq – Darqawi – Shadili – Al ˤalawi y otros); llegando incluso a traducir algunas de sus obras. Leí cuantas obras de Fiqh estaban traducidas al francés, que eran muchas.

Por la Gracia de Allâh y el estatus que El, sin merecimiento alguno de mi parte, me ha concedido, puedo distinguir a un maestro verdadero de un falso; a un mensaje verdadero de uno falso. Y lo hago sin dificultad alguna, de manera natural e instantánea.

Desde hace 14 años completé mi formación en el Fiqh estudiando las fuentes del hadiz, así como el sistema que los sabios tradicionales del hadiz habían diseñado para validarlos. Puedo decir, que aunque no conozca los casi 60.000 hadices confiables de memoria, al menos si conozco el mensaje de la casi totalidad de ellos. Son años y años leyendo y practicando los hadices.

Cuando leo el Corán puedo extraer enseñanzas diversas de una misma aleya, y sin embargo, no llego a donde llegaron las grandes eminencias del Hadiz. Aquellas ya pasaron, y Albani fue un mentiroso defraudador.

He estudiado el nacimiento y he seguido el transcurso de todas las desviaciones en Islam. He constatado que todas ellas, sin excepción, proceden del trabajo de los masones y de los sionistas. Como sabéis, lo he demostrado y denunciado en mis escritos.

Cuando comparo lo que he aprendido y Allâh me ha enseñado con lo que dicen todos aquellos que se presentan como sheyjes por un lado u otro, veo que nos separa un abismo. Y digo sin jactancia que lo que conozco es muy superior a lo que venden estos personajes en un sitio u otro.

Cuando veis que me movilizo por algo, tened presente que lo hago porque es importante. Cuando constatéis que os pongo en alerta es porque hay un peligro que se cierne.

No soy visceral, no me dejo llevar por la pasión en esto del Din. Pero si, como se dice en el argot popular, “hay que dar un golpe encima de la mesa”, lo doy lo más fuerte que puedo para que llegue a las montañas y reverbere por todas partes. Y lo hago conscientemente, con total conocimiento de lo que hago y digo. Y sé, gracias a Allâh que lo que digo es verdad, sin duda ni ambages.

Cuando denuncio a alguien es para preservar a los musulmanes de su maldad.

¿Acaso no dice el Corán que a los siervos del Misericordioso Allâh les ha hecho salir de las tinieblas a la luz, La luz del discernimiento; la luz de la Verdad. Quien diga que no hay nadie que pueda estar en la Verdad, en realidad duda de Allâh y de Su Palabra.

Si lucho contra un enemigo, prescindo de lo personal. Combato solamente si intenta impedirme dar el mensaje; pues el mensaje es para vosotros, no para mí. Lo hago pues, por vosotros.

Y, sin embargo, me veo un pobre siervo necesitado de Allâh, que me ha hecho recipiente de algunas de Sus verdades sin que yo me sienta otra cosa que un hombre con muchos defectos y muchas debilidades.

Entonces, vamos a lo que interesa: ¿al preguntarme sobre cualquier asunto del Din puedo otorgar una respuesta confiable? La respuesta es Sí, sin duda. Es el testimonio de mi maestro que me ha habilitado para hacerlo.

Quien quiera puede probar. No cobramos nada, no pedimos nada.

Solamente queremos ayudar a los hermanos, así como Allâh nos sostiene y ayuda a nosotros.