18 junio 2024
Editorial

Un país de «sálvese el que pueda» – La complicidad del sistema educativo

Por Abdul Karim Mullor

Un país de sálvese el que pueda

Algunas experiencias que conozco personalmente, las cuales han debido de padecer gente de mi entorno social, junto con la observación imparcial de la evolución del sistema educativo español, así como la prepotencia con la que se comportan sus dirigentes, además de otros diversos “agentes”, más numerosos de lo que uno puede llegar a imaginarse, de los que se ha dado en llamar, enseñantes, profesores, me ha hecho decidirme a denunciar todos los desmanes que, desde la dirección de lo que debería ser la Educación en nuestro país, se están realizando en total impunidad. ¿Las víctimas?, los menores por supuesto, además de los progenitores que, indirectamente han de soportar esta lacra, a veces diabólica, que se está instalando por encima de nuestras cabezas como si fuera una losa.

Pero hoy, no vamos a hablar del avieso comportamiento de algunos responsables de la educación en España; eso lo dejaremos para otra ocasión, cuando demos datos desconcertantes, que los tenemos, tales, que harían enrojecer de vergüenza a un recién nacido.

Si vamos a tratar de las directrices “sociales” que a través de los educadores se intentan inculcar a sangre y fuego en las inocentes mentes y corazones de los niños, aprovechándose de su inocencia y de su permeabilidad. Los mensajes que están recibiendo de parte de aquellos quienes irrumpen en nuestros hogares para privarnos de la potestad y del derecho de educar a nuestros hijos; de esa ingeniería social que busca transformar a nuestros menores en armas arrojadizas contra los padres y, a su vez, en esclavos intelectuales de un sistema en total ruina en cuanto a valores morales se refiere. Un sistema exento de corazón el cual trata de hacer ver que vivimos en la sociedad de la bonanza cuando se subsiste con sueldos de miseria, y se encuentran, cada vez con mayor asiduidad, gentes comunes rastreando en los contenedores de basura. Ahora bien, lo que hay que preguntarse en este caso es ¿qué es la basura en realidad?

Se intenta que sean los colegios la primera línea de fuego para violar la inocencia infantil y transformar a los niños en pancartas y portavoces de una ideología totalmente interesada y apartada de la realidad esencial. Se intenta ocupar de manera fraudulenta el lugar de los educadores, que son los padres, a fin de destruir la unidad familiar, creando en su lugar un engendro totalmente controlado por… poderes oscuros con no menos oscuras intenciones. Si aquellos que deben enseñar matemáticas, lengua, química, historia, etc. irrumpen en el territorio propio de la familia tratando de inculcar valores que son frontalmente contrarios a los que se les otorga a los menores en la casa; evidentemente, con todo el derecho y verdad del mundo, los padres pueden alzar la voz diciendo que se busca destruir la Familia como tal, a fin de crear otras unidades educativas, las cuales no pueden proceder sino de la magia que aquellos Harut y Marut del Corán enseñaban; estamos hablando entonces de magia negra social.

¿No es taxativo el Corán contra aquellos que tratan de romper los lazos de sangre? ¿No es taxativa la Sunna del Profeta – sobre él la plegaria y la paz – cuando dice que uno de los mayores pecados es la destrucción de los lazos familiares?

No creo que sea necesario ilustrar estas palabras con aleyas y hadices, visto que se trata de un tema sobradamente conocido por cualquier musulmán.

Con toda la hipocresía del universo se dice que tenemos libertad religiosa; pero, contradiciendo esto se toma como rehenes a nuestros hijos para inocularles un veneno del que algunos nunca podrán curarse.

El sistema educativo se está convirtiendo en un laboratorio en el que los hijos son los cobayas de un experimento dedicado a crear un determinado tipo de Ser humano, fácil de domesticar, que piense lo que se le ha inculcado, despiadado con sus semejantes, frío, calculador, y muchas veces, malo. Y muchos, demasiados, de los así llamados educadores están interviniendo en este plan, en esta nueva ingeniería genética de voluntades.

Si ya, en nuestro país, existe y ha existido, en el mundo laboral, en el de la política y en el educativo, el típico personaje ignorante al que se le da un cargo, y viéndose ignorante e impotente, se rodea de aduladores más ignorantes que él. Si ya ese poder lo utiliza para quitarse de en medio a personas mucho más capaces que él, el sistema educativo ha entrado en esta dinámica, premiando la sumisión y castigando la inteligencia; actuando como soporte de un sistema en el que los afortunados económicamente aplastan a los que no lo son en toda impunidad.

La figura del niño bueno ha sido transformada por el del niño malo, egoísta, competidor desleal, esclavo del sistema y totalmente individualista, interesado, codicioso. Se destruye, y de eso tenemos datos, a aquellos que de alguna manera vienen a la escuela con una educación familiar sólida y bien planteada. Y aunque esto no sea, afortunadamente, el caso de todos los centros educativos, sí es, sin embargo, la tendencia que podemos encontrar en uno y otro centro educativo de la geografía nacional.

Para las personas con educación religiosa constituye una aberración que se plantee a los menores en los colegios la posibilidad de escoger su sexo; siendo que ya nacieron con él por Ingeniería Divina, y nadie mejor que Allâh para escoger. Esto, realizado sobre un menor, vulnera de largo, ya no solamente el derecho de los progenitores a educar a sus hijos, sino que se trata de una utilización fraudulenta del menor, el cual no tiene armas para defenderse, y un allanamiento de morada al intentar entrar en los hogares a robar lo más precioso que puede haber en una familia, que es el amor, la confianza y la educación.

Como he dicho seguiremos en un escrito más largo los desmanes a los que se están viendo sometidos los estudiantes en un país en el que se cacarea mucho y se hace poco. En un país que se está cayendo a cachos, en el que los oportunistas llevan la voz cantante y en el que sufren los buenos y los honrados. En un país de “sálvese el que pueda”.