18 abril 2024
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Tratado de Economía Islámica I

Por Abdul Karim (José Luis) Mullor

En el Nombre de Allâh – el Todo Misericordioso – el que Manifiesta Su Misericordia

Allâh haz la plegaria sobre Muḥammad, Tu servidor y Enviado, el profeta iletrado, así como su familia y compañeros, y sobre ellos la paz perfecta.

AVISO

Al leer este tratado algunos podrían llegar a creer que estoy proponiendo una revolucióo o un levantamiento de masas.

En realidad, aunque estoy realizando una severa crítica del sistema económico mundial actual, y asimismo estoy apuntando brevemente una alternativa, ello no implica que no comprenda que tal y como se encuentra la situación actual, cambiarla requeriría un trauma del que la Humanidad no podría recuperarse.

Ahora bien, si existiera un acuerdo global en llevar a cabo un cambio profundo que desembocara en un mundo más justo y humano, sería factible de que, dando un paso después de otro, a medio plazo pudiera verse un mundo sensiblemente mejor.

No señalamos culpables en la actualidad, pues la estructura económica que funciona en nuestro mundo lleva ya dos siglos funcionando. Pero sí queremos señalar con el dedo a esos tiburones financieros cuya voracidad dejan a una buena parte de la Humanidad sin poder cubrir las necesidades vitales.

INTRODUCCION

Podemos definir globalmente la Economía, como “la ciencia que trata de conceder un localizador numérico, llamado valor, sea a un bien primario o transformado, sea a un hecho o circunstancia, de carácter voluntario o fortuito. Dicha ciencia regula las transacciones comerciales y laborales destinadas a cambiar de mano o a elaborar dichos bienes. Asimismo es mediante la economía que se pueden dirigir las transacciones comerciales a fin de obtener el mayor fruto posible, sea para los actores, sea para la globalidad de la sociedad.”

Cuando en economía, macro o micro, valoramos un hecho, tratamos de ajustar su valor lo más posible a la realidad. Así mismo, cuando realizamos una proyección, intentamos concebir todos los elementos posibles, pudiendo entrar en liza una consecución de hechos futuros, previsibles, gracias a las experiencias del pasado y a los acuerdos en vigor.

Sin embargo, en economía, existe el término « imprevisto ». Dicho término, en algunas circunstancias, puede llegar a cobrar una importancia de alto nivel, debido a la concurrencia de elementos cambiantes, como son, por ejemplo: el clima, los accidentes, o el giro imprevisto de la voluntad política de una empresa o de un país.

Cuando se tiene la consciencia de la existencia de un Dios Todo-Poderoso, Quien todo lo tiene, y a Quien, dar mil mundos como el existente no le disminuye en nada Su riqueza, todo cambia.

Desde este momento, el término Economía cobra otra dimensión. Evidentemente, el término « imprevisto », citado más arriba, obtiene una realidad, la cual, va a la par de la consciencia de la Capacidad Todo Poderosa de Allah.

Allah es Quien da y Quien quita, el Rico, el Misericordioso, el que Retribuye, el que Da el sustento.

¿Cómo nos llegan los bienes de Allah? Nuestras condiciones de vida se han dictado previamente al nacimiento, cuando estando en el vientre de nuestras madres nuestros espíritus se encontraban en una región del Ajira llamada Azal. Nuestro balance de salidas y entradas, incluso nuestros saldos han sido decididos desde lo alto.

¡Cuánto ignorante en este mundo juega con el dinero, creyendo, que si posee éste, detenta un poder real!

Cuando contemplamos el hecho en cuestión, recapacitando sobre el estado en el cual nos encontramos cuando perdemos un bien o tenemos miedo de algo susceptible de acontecernos, debemos recordar que todo está previsto. No debemos angustiarnos y sí pedir a nuestro Señor.

Hadiz: «La petición (du’a) es el cerebro de la ‘ibada«. 

Es justo que temamos a nuestro Señor, no obstante, es asimismo justo que esperemos de El:

Hadiz qudsi : «Yo me comporto hacia mi servidor, según la idea que este se ha hecho de Mi… ». 

La sadaqa (limosna no obligatoria) es un arma extraordinaria que aparta de nosotros el mal que amenaza con alcanzarnos. ¡Dad pues la sadaqa, aunque no tengáis! Dad y Allah os llenará vuestras manos.

¿A quiénes hemos de dar? Dice el Libro: « Sadaqatu li-l-fuqara » (La limosna es para los pobres). Primeramente a los pobres de nuestra familia y después al resto (al vecino, al extraño, etc).

Sé que, por esta última frase, puedo ser objeto de valoraciones diversas. Pero habremos de saber que los musulmanes somos hermanos entre nosotros. No obstante, debemos reflexionar y considerar que aquellos pobres quienes no sean musulmanes, viendo como son tratados los nuestros, se podrían convertir al Islam para recibir, y más tarde la verdadera Fe podría entrar en su corazón por una u otra circunstancia.

Hadiz: « La mano de quien da es mejor de la de quien toma ».

Ello no quiere decir que el rico sea mejor que el pobre. Antes bien, simplemente, se habla de la disposición del corazón a dar o a recibir.

MATERIA PRIMA

Vamos a hablar de las fuentes de las que emana la Materia Prima, origen, junto a la capacidad humana de transformación, de absolutamente todo desarrollo económico ulterior.

La fuente de energía de la Tierra es indudablemente el Sol. Además de fuente de energía y luz por excelencia, el Sol es un símbolo del Islam. Para comprender esto, debemos reflexionar sobre el hecho de que todos los planetas, incluido el nuestro, circunvalan el Sol en el mismo sentido en el cual los seres humanos circunvalamos la Ka’aba.

Hace que la noche entre en el día y que el día entre en la noche. Ha sujetado el sol y la luna, prosiguiendo los dos su curso hacia un término fijo. Ése es Allah, vuestro Señor. Suyo es el dominio. Los que invocáis en lugar de invocarle a Él no pueden lo más mínimo (Surat 35 – Ayat 13)

El Todo Misericordioso. Ha enseñado el Qur’an. Ha creado al hombre, le ha enseñado a explicar. El sol y la luna para el cómputo. Las hierbas y los ángeles se prosternan ante El. Ha elevado el cielo. Ha establecido el equilibrio, para que no faltéis al peso, sino que le deis de forma equitativa, sin defraudar. (Surata-r-Rahman).

Nunca, absolutamente en ninguna ocasión, ha dejado el Sol de estar presente, dando luz a la Tierra, como impasible observador de todos los acontecimientos ocurridos en ella. No obstante, la luz del Sol se proyecta solamente la mitad del tiempo en cada punto de la Tierra, dejando entrever fácilmente su calidad de ser creado, y por tanto no perdurable, pues es Allah el Solo ser Eterno.

Allah es la Luz de los cielos y de la Tierra (Surata-n-Nur)

Es pues la Luz del Sol, prestada de Allah, y de alguna manera, una de Sus luces resplandecientes.

Una vez la luz del Sol llegada a la Tierra, encuentra en ella su corresponsal, quien en consonancia con su hermano celeste, dará vida a las criaturas que en ella se encuentran. ¿Habéis adivinado de quién estamos hablando? ¿Todavía no? Nos referimos al agua. Dice el Libro de Allah:

¿Es que no han visto los infieles que los cielos y la tierra formaban un todo homogéneo y los separamos? ¿Y que sacamos del agua a todo ser viviente? ¿Y no creerán? (Surat 30 Ayat 24)

Él es quien ha creado del agua un ser humano, haciendo de él el parentesco por consanguinidad o por afinidad. Tu Señor es omnipotente. (Surat 25 Ayat 54)

Todo ser viviente procede pues del agua. Así mismo, ella se encuentra presente en todos y cada uno de los seres vivientes, incluso en la roca. No digamos nunca que la roca no tiene agua:

Y cuando Moisés pidió agua para su pueblo. Dijimos: «¡Golpea la roca con tu vara!» Y brotaron de ella doce manantiales. Todos sabían de cuál debían beber. «¡Comed y bebed del sustento de Allah y no obréis mal en la tierra corrompiendo (Surat 2 Ayat 60)

Es pues, el agua, así como la luz solar, la materia prima primordial, de la cual, todo aquello procede más o menos indirectamente. Dicha materia prima primordial, como ya veremos, entra asimismo a formar parte de la mayoría de los procesos de transformación.

No obstante, si convenimos en llamar materia prima, además del agua y la luz, a los minerales, plantas y animales, habremos descendido a un segundo nivel, el cual podemos considerar como punto de partida del fenómeno económico. Desde este momento llamaremos materia prima a este segundo nivel.

¿Quién, si no, inicia la creación y luego la repite? ¿Quién os sustenta de los bienes del cielo y de la tierra? ¿Hay un dios junto con Allah? Di: «¡Aportad vuestra prueba, si es verdad lo que decís!» (Surat 27-64)

Y los rebaños los ha creado para vosotros. Hay en ellos abrigo y otras ventajas y os alimentáis de ellos (Surat 16 – 5)

Dicha materia prima, desde el momento en el cual se haya destinada a la utilización humana, necesita ser transformada para su consumo. He aquí pues los dos principios básicos de la Economía: La Materia Prima y la fuerza de transformación.

En principio, los elementos existentes en la tierra están concebidos para nuestro sustento, así como para cubrir y facilitar el cumplimiento de nuestras necesidades básicas. Están mismamente concebidos para la búsqueda y obtención de la Ciencia, sea esta de orden espiritual, y/o, de lo que se ha convenido en designar como material.

La elaboración, y el consumo de la Materia Prima de una forma equilibrada, mantendrán una harmonía de hermandad entre el ser humano y nuestra hermana tierra, a la cual debemos un inmenso respeto

Allâh os ha puesto la tierra como alfombra para que recorráis en ella caminos, anchos pasos (Surat 71-19,20)

Por otro lado, la búsqueda de la sabiduría científica, no debe ser una excusa para saquear la materia prima proporcionada por nuestro planeta.

Una reflexión sobre la Generosidad divina se hace necesaria. Desde el momento en el cual podemos ver cómo hemos sido retribuidos por Allah, nuestra primera acción debe ser la de estar agradecidos a Él por tanta magnificencia. La segunda reacción, debe ser intentar nosotros mismos ser magnificentes con los bienes con los cuales Allah nos ha provisto. Hermanos, si la tierra nos da, nosotros hemos de ser generosos con ella, pues Allah la ha puesto como una ‘amana en nuestras manos. No la corrompamos, no la dañemos, seamos generosos con ella.

Es por ello que Rasulu-l-Lah (sala-l-Lahu ‘alayhi wa sallam) nos conminó a realizar el comercio, es decir, el trueque, para con ello respetar nuestra hermana tierra, quien, a pesar de los pesares, sigue siendo musulmana (sometida a Allah) como siempre lo ha sido.

EL DINERO Y LAS TRANSACCIONES – LA ZAKAT

Analicemos el aspecto social global de uno de los pilares del Islam: La Zakat. Lejos de precisar minuciosamente la forma, cantidad y condiciones en las cuales debe ser satisfecha, vamos a concentrarnos en el impacto social de un tal impuesto en el conjunto de la comunidad. Y, en este momento, cuando hablamos de Umma, estamos obligados a realizar una abstracción, pues, como todos sabemos, no existe en nuestro tiempo, un país, el cual funcione como nación islámica de pleno derecho, y ello a pesar de las afirmaciones interesadas las cuales sirven de portavoz a políticas agresivas o corruptas.

El Tesoro Público de un estado islámico como entelequia se nutre de los impuestos. El impuesto por excelencia en el Islam es la Zakat, el cual, como acabamos de expresar, es asimismo uno de los pilares de la religión.

Si retrocedemos al tiempo del jalifa ‘Umar ibn al Jattab (que Allah esté satisfecho de él), sabremos que, junto a la zakat, coexistía otro impuesto: el pagado por los no musulmanes para beneficiarse de las garantías y beneficios del estado musulmán. Asimismo Umar creó diversos impuestos para financiar las infraestructuras del estado. Fue con el jalifa Umar ibn ‘Abdu-l-Aziz, que un nuevo impuesto sobre las tierras en propiedad o arrendadas, vino a sumarse a los anteriores, con el beneplácito de la asamblea de ‘ulama de la época. Dichos impuestos han coexistido hasta la desaparición del califato turco. No obstante, la Zakat, y ello durante varias centenas de años, ha sido el impuesto fundamental mediante el cual se ha recaudado la mayor parte de las necesidades del Tesoro Público.

La zakat consta principalmente del 2.5% del total del patrimonio excedente de poseer una vivienda, una vez pagada toda deuda sobre ella, y, en estos tiempos, un auto más alrededor de 1.000 Euros en dinero. Se compone asimismo del 2.5% del beneficio comercial. No es nuestra intención precisar el porcentaje el cual se debe aplicar a cada grupo de bienes, pues, como hemos indicado, ello no es el objetivo del presente escrito.

Las aplicaciones de la zakat vienen claramente especificadas en el Qur’anu-l-Karim:

Las limosnas son sólo para los necesitados, los pobres, los que trabajan en recogerlas y repartirlas, aquéllos cuya voluntad hay que captar hacia el Islam, los cautivos, los insolventes, la causa de Allah y el viajero. Es un deber impuesto por Allah, Allah es omnisciente, sabio”. (Surat 9-60).

Durante trece siglos, la Zakat, junto con sus hermanos pequeños, han bastado para llenar las arcas del Tesoro Público. El califato fue la más grande potencia mundial hasta el siglo XVI, donde las fuerzas se equilibraron, debido al amor desmedido de los ángeles de la muerte por el descubrimiento de armas cada vez más mortíferas. Solamente la fuerza bruta, concretizada en diabólicos y animalescos medios de lucha, ha sido capaz de imponerse durante los últimos cinco siglos a la simplicidad natural humana de batirse a pecho descubierto, si es que batirse para darse la muerte pudiera ser una obra loable, que no lo es.

Aquellos científicos islámicos, quienes conociendo lo suficiente para inventar tales artefactos, eligieron con buen criterio no hacerlo, no fueron nunca capaces de imaginar que el ser humano podría caer tan bajo como para convertir el asesinato y matanza colectivos en deportes de acción.

Reflexionemos en cómo el 2.5% de Impuesto sobre el Patrimonio y la misma tasa de Impuesto sobre el Beneficio, han sido capaces de llenar las arcas de una de las históricas potencias mundiales. Con este dinero y el de los pequeños impuestos, se pagaba tanto a las viudas y divorciadas, como a los hombres por cuya edad no podían trabajar más.

Sin embargo, un monstruoso depredador ha comenzado a devorar el mundo y a todos aquellos quienes nos encontramos en él. La sociedad, autollamada del bienestar, es la sociedad del latrocinio, del abuso contra el pobre, la gran esclavizadora de seres humanos. Dicha sociedad prefiere un ser humano dirigido por sus apetitos animales a otro inteligente y obediente al Creador.

Todas esas inmensas fortunas, las cuales convierten a sus detentores en viciosos insaciables, incapaces ni siquiera de llegar a imaginar qué vicio sería el siguiente en el cual desearían incurrir.

Casas como palacios, fincas algunas de las cuales nos dejan perder la vista en el horizonte sin haber llegado al término de la propiedad. Coches de lujo, millones y millones en bienes inservibles; mientras las gentes trabajan de sol a sol, con el insoportable peso de los impuestos, arrancados sin piedad de sus escasos ingresos. Pequeños y grandes faraones desprovistos de escrúpulos, tan avarientos como inhumanos. Gentes de otro planeta, quienes viven considerándose por encima del resto de los seres humanos.

¡Cuál no será toda esa fortuna acumulada o despilfarrada, si solamente su 2.5% anual podría hacer desaparecer el hambre y las necesidades primarias de toda la humanidad entera!

Podemos imaginar asimismo todas esas ganancias procedentes del comercio, de las cuales, la mayor parte no se encuentran declaradas en parte alguna. Todas ellas derivan en ingentes posesiones y gastos incontables e incontrolables, al encuentro de placeres efímeros.

La presión de la zakat es necesaria que vaya acompañada de una justa valoración del patrimonio y los beneficios. Para ello es necesario el control exhaustivo por parte de las autoridades competentes en el cumplimiento obligatorio de dicha valoración, a la cual no debería sustraerse absolutamente nadie. No deberían existir secretos para el estado, pues éste es el vigilante de Allah en la tierra en lo concerniente a la Zakat.

Los beneficios de la Zakat son inmediatos. Aquel quien vea su patrimonio disminuido de un 2.5% anual, deberá invertir para ser tasado únicamente por el beneficio, y así evitar la disminución paulatina de sus bienes. Al no existir el interés no habría posibilidad alguna de revalorización para bien alguno. La inflación sería casi nula, únicamente ligada a épocas de penuria. Esto será pues una causa directa de la creación de empleo.

A su vez, la distribución de la riqueza y la no tasación de los salarios producirían paulatinamente una nueva clase de pequeños comerciantes. Esto va a favor del hadiz el cual recomienda a los musulmanes de hacer el comercio. Asimismo ello disminuiría los grandes focos de producción, a favor de una descentralización de los poderes económicos los cuales gobiernan el mundo. El beneficio pasaría cada vez más de los grandes a toda la población. Una nueva creación de pequeño comercio y gentes de oficio, quienes vivirían de su esfuerzo y no de las migajas que los otros les dan.

Un hombre quien realiza el comercio es un hombre libre. Su horizonte se dilata y su mente se abre al no tener a alguien quien le recuerde su condición de esclavo.

El estado sería fuerte. Si el estado fuera lo que debe de ser, ello iría en beneficio de toda la humanidad. El estado debería ser pues, la representación de los intereses de todos, y no la representación de los ultra millonarios como lo son hoy en realidad la gran mayoría de los estados del mundo.

LA SOCIEDAD DEL BIENESTAR Y DEL MALVIVIR

Como hemos dejado entrever la gestión del Tesoro Público corresponde al estado islámico. Uno de los ocho destinos de la Zakat lo constituye el salario de las personas destinadas a la recogida de impuestos, al reparto de ellos a sus destinatarios, y a la gestión de dicho Tesoro en cuanto a contabilidad se refiere.

Recordemos como el Qur’an otorgaba al Profeta – sobre él la gracia y la Paz – un quinto del botín obtenido en las batallas, y éste, además de alimentar a su familia austeramente, lo repartía entre los necesitados. Es muy fácil imaginar pues, como el quinto del botín ha servido para financiar el gobierno de los julafa posteriores. Probablemente la ausencia de batallas y conquistas y por tanto de botín, hubiera forzado al jalifa y salih Umar ibn ‘Abdu-l-‘Aziz a instaurar el impuesto sobre las tierras, con el beneplácito de los ‘ulama de la época, para de esta manera, subvenir a financiar tanto el gobierno como las infraestructuras (caminos, mezquitas, transporte de agua, tratamiento de desechos, etc).

Es por ello que en el capítulo precedente he comentado un papel primordial del estado: el control. El estado islámico (y decimos que es una entelequia, pues no existirá hasta la llegada del Mahdi) debe conocer absolutamente cual es la realidad de las riquezas de cada ciudadano. Con ello se asegurará de la justa recaudación de la Zakat, así como estará en disposición de evaluar el montante de los bienes a distribuir, para con ello saber cómo y cuánto repartir entre los destinatarios. Ello en virtud del derecho de éstos sobre quienes pagan la Zakat.

Así pues, la responsabilidad del gobernador es enorme. Aquí empezamos a vislumbrar la necesidad de un solo gobernador, quien, aun debiendo estar bien aconsejado por los sabios de turno, tendrá el poder de decidir en el momento en el que vea la corrupción extenderse en algún o algunos miembros de su gobierno.

El hecho de deber tener la capacidad de tomar decisiones nos lleva directamente a la constatación de que estas deben ser tomadas únicamente con acierto y sabiduría. Por ello, en una de las respuestas dadas en el anterior capítulo, hemos expuesto la necesidad casi imperiosa de que el gobernador (jalifa) sea un salih, pues ningún otro sino él podrá estar exento de las tentaciones a decidir sea a favor o en contra de personas de su agrado o desagrado.

Siguiendo con este discurso, la elección del jalifa debería venir determinada por el consenso de sabios o la decisión del jalifa anterior. Tenemos como Sunna el caso de la elección de Abu Bakr por los responsables de los Emigrantes y Ansar. El mismo Abu Bakr nos ofreció la otra posibilidad sugiriendo a sayyidina Umar como sucesor suyo.

Sabemos que todo esto es una entelequia. Conocemos la imposibilidad de retorno a una situación semejante. Ni siquiera pretendemos aconsejar el intento de dicho retorno. Somos perfectamente conscientes del hecho de que todo ello no llegará sino es con el Mehdi-l-Muntadar.

El estado pues, debe ser el amigo del pueblo, una entidad a la escucha, a la ayuda, de alguna manera debe ser el padre social de todos nosotros.

El califa debe ser nuestro hermano mayor, aquél quien se duele cuando algo te va mal. Aquel quien se autocritica cuando la necesidad de un solo ciudadano no es satisfecha. Aquel quien se pasea por las calles para ver el estado de las gentes y pulsar su estado de ánimo. Un amigo, una referencia de confianza, severo con los transgresores y solícito con los débiles. Debe ser abordable al pueblo, generoso y justo. Resumiendo, debe intentar ser una misericordia para el pueblo, así como lo es el Profeta – sobre él la gracia y la paz – para toda la creación.

Muhammad, no te hemos enviado sino como una Misericordia (Rahmah) para los mundos. (21-107)

Recordemos como Abu Bakr siddiq declaró la guerra a aquellas tribus las cuales se negaban a pagar el Zakat. Recordemos a sayyidina Umar quien se paseaba por las calles para comprobar las transacciones realizadas en el mercado. Recordemos la presencia de misericordia de sayyidina Alî cuando se dirigía al pueblo y cuan duro era con él mismo.

Y sobre todo recordemos a Rasul – sobre él la gracia y la paz – quien debía atarse una piedra al estómago para dejar de sentir hambre. ¡Nuestro amado Rasul pasando hambre por nosotros!