13 abril 2024
Diálogo intercultural

Teorías históricas sobre la fundación de Al Andalus

Llegar a saber que sucedió en la Península Ibérica desde comienzos del siglo VIII hasta la salida de los pretendidos árabes de España parece una misión imposible, habida cuenta de la disparidad de los datos y de las teorías. Dos teorías contrapuestas, casi como la de dos figuras asimétricas colocadas expresamente del revés: la de Sánchez Albornoz (historiador oficialista) y las de Olagüe, parecen demasiado fantasiosas para ser verdad.

La de Sánchez Albornoz es la historia del régimen de esa España gloriosa por la que un día hubo que no se ponía el Sol. Una España decorada al gusto del régimen imperante desde 1939 hasta 1975.

La de Olagüe, como la de su “opositor” intelectual, pero al revés; simétricamente opuesta podríamos decir.

Visto lo irreconciliable de ambas visiones resulta esclarecedora, si cabe, la historia vista desde el punto de vista de los árabes, en la cual podemos encontrar hitos históricos que siguen una lógica analítica si lo inspeccionamos desde el punto de vista real de cómo estaban estructuradas las fuerzas políticas y religiosas en aquella época.

Esto no pretende ser un tratado histórico, ni mucho menos, y muchos de vosotros estamos seguros que tendréis datos suficientes procedentes de unas u otras fuentes, y que con ellos podréis darnos oportuna réplica. Vamos a dar unos apuntes sobre el principio del Islam en la Península, breves, muy breves.

Sin embargo, sí vamos a tratar ser racionales, analizando cuáles podrían haber sido los acontecimientos históricos posibles desde el punto de vista de la lógica histórica propuesta por el historiador Ibn Jaldun en su Muqaddima (Los Prolegómenos). Es decir, comprender los hechos históricos desde el prisma de la sociedad en la que tienen lugar, de sus gentes, y de sus creencias básicas.

Concilio de Nicea (325): Los obispos Arrio y Donato son expulsados y excomulgados por la nueva Iglesia Católica surgida de este concilio.

En realidad no podían coexistir dos doctrinas cristianas tan diferentes: una que proponía a Jesús – sobre él la paz  – como hijo de Dios, así como su divinidad; y otra que le tenía como Profeta. En realidad se trataba de dos religiones distintas debido a la importancia vital de esta diferencia.

Desde ese momento comienza una persecución contra los llamados “arrianos”, a quienes había que declarar herejes para así asentar e imponer la doctrina oficial. Cuando las ideas no se pueden refutar con razones, se combaten. Siempre ha sido así en la Historia de la Humanidad, y esto no iba a ser una excepción.

Resumiendo mucho por razones de espacio: los arrianos se refugian en los pueblos godos y posteriormente en la Península y Norte de África.

Los visigodos en su gran mayoría eran arrianos hasta que la Iglesia Católica presiona a Recaredo y aprovecha su conversión para que los acose. La guerra civil estaba servida; no se trataba de ninguna manera de una invasión árabe, sino de una oportunidad aprovechada por los visigodos arrianos para quitarse de encima el reinado de Don Rodrigo.

Era el califato del Omeya Abdul Malik Ibn Maruan, conocido por su ineptitud y la crueldad de su ministro Al Hajjajj, quien destruyó la Kaaba con catapultas para vencer a Abdullah Ibn Zubayr. Es en ese tiempo cuando Musa Ibn Musair y Tariq Ibn Ziyad entran en la Península, y junto a los visigodos arrianos vencen a Don Rodrigo apoyados por el gobernador de Ceuta el visigodo Olban (Don Julián).

Olagüe dice asimismo que el nombre de Tariq Ibn Ziyad, era en realidad Taric, que era visigodo y nada árabe. Sea como fuere, Tariq puso su nombre a Gibraltar (Yabal Tariq). Fuera verdad o no, lo de su ascendencia familiar, parece que este historiador quiso a toda costa salvaguardar la pureza de la raza hispánica diciendo que nunca se mezcló con los árabes. Curioso, cuando todo el mundo está de acuerdo que los godos vinieron del Norte, que los antiguos romanos lo hicieron del Este, y cuando la Península Ibérica ha sido siempre un lugar donde han confluido históricamente, uno a uno todos los pueblos del Mediterráneo. Entonces ¿qué raza exacta pensaba exaltar Olagüe con sus extrañas teorías? ¿O solamente teorizaba con su opositor (Sánchez Albornoz) diciendo exactamente lo contrario de lo que él decía? Total los acontecimientos  históricos estaban muy lejos y nadie, salvo ellos mismos, podrían contradecirse el uno al otro.

En este punto la fantástica teoría de Sánchez Albornoz es una mesa que cojea de todas las patas. Es imposible por un lado que un gran ejército árabe hubiera llegado a la Península dejando desguarnecidos los otros territorios ganados por los musulmanes: Persia, Siria, Egipto, Península Arábiga. Durante los aproximadamente 100 años del califato Omeya, éste nunca estuvo completamente asegurado y las guerras intestinas, grandes o pequeñas se sucedían.

Pero tampoco las teorías de Olagüe se tienen de pie, ya que él nos quería convencer de que fueron los habitantes de la Península los que se fueron islamizando, quizás contratando para ello algunos alfaquíes que vendrían a darles enseñanza (irónico).

Ya Abdul Malik Ibn Maruan desde Damasco se regocija de la entrada de sus soldados a Al Ándalus, prueba fidedigna de que en el ejército árabe, seguramente engrosado fuertemente por bereberes islamizados, es completamente lógico que fueran gentes con capacidad de gobernar, jueces, y predicadores del Islam; lo mínimo para poder asegurar el gobierno de una provincia.

Es así que ni podría haber entrado en la Península un numeroso ejército de árabes, ni no podría haber sido que no entrara ninguno. Ambas teorías son fantásticas, sin base antropológica, sin base racional.

Evidentemente la conversión de los arrianos en musulmanes podemos concluir que era cosa hecha debido a la total coincidencia de arrianos y musulmanes sobre la naturaleza profética de Jesús, pues solamente faltaba para ello reconocer la siguiente revelación, que por otra parte anunciaba asimismo el Arrianismo. Las piezas encajaban.

Y es de esperar que desde Siria, sede del califato, se enviara un ensayo de “gobierno provisional”, tanto político como religioso encabezado por árabes; tal y como fue hecho para Egipto, por poner un ejemplo.

Olagüe llega a decir que Abderrahman I era, más o menos un chico de Sierra Morena que decidió decir que era Omeya para poder gobernar. Lo cual es un absurdo porque la forma en la que gobernó Abderrahman I muestra que venía de familia de formación política, así como que él mismo poseía un hondo conocimiento de los principios del Islam: visitaba a los enfermos, acudía a los entierros, atendía a los necesitados, etc.

En realidad, el análisis histórico de aquella época no sería coherente si no se basara en la religión y en la historia del califato, tanto Omeya como Abbasí de Damasco y Bagdad. La sociedad musulmana de Al Andalus era un calco de la de Bagdad; las mismas estructuras básicas con las diferencias propias de la peculiaridad del país. Esto demuestra que quienes formaron Al Andalus, la gobernaron, trajeron los principios de la religión, fueron árabes en su principio (sirios y yemenís), si bien probablemente fueron escasos en número, llegando a fundirse con el tiempo con la población autóctona.

Olagüe, en su desconocimiento profundo del Islam cuando dijo que Abderrahman I era un chico rubio y algo pillo de Sierra Morena olvidó unas palabras del profeta Muhammad – sobre él la plegaria y la paz -:

Escoged vuestros gobernantes de la gente del Quraych