27 mayo 2024
Corán

Tafsir de la surat Al Asr – El Tiempo – por Ahmad Ibn Mustafa al Alawi

El Chayj Ahmad Ibn Mustafa al Alawi hace un taqsir sobre la surat del Corán “Al Asr”, título que podemos traducir por “El Tiempo”.

Quien lo lea quedará sorprendido de lo que encontrará ya que pocas veces se ha podido ver un tafsir semejante sobre una corta surat; corta en palabras y profunda en significados, tal y como nos demuestra el Chayj a continuación.

Tafsir surat Al Asr

Por el tiempo. Que es cierto que el hombre está en pérdida

Excepto los que creen y hacen obras puras, se recomiendan la Verdad

Y se recomiendan la paciencia

Alabanza a Allah que ha dotado a Sus santos de signos entre los que se encuentran los conocimientos divinos y los resplandores de Sus gracias sublimes que ellos prodigan a su vez. La plegaria y la paz sean sobre el más magnánimo de Sus profetas y el más amado de Sus santos, nuestro señor Muhammad, sobre su familia, sus compañeros y sobre toda su nación; los primeros de entre ellos, así como los últimos. Amin.

Y sobre Su servidor, Ben Aliwa (el autor), que Allah reafirme su acción y aumente su retribución. Cierto sabio entre los notables, que Allah haga llover sobre su tumba aguaceros de perdón, me pidió exponerle algunas palabras sobre el significado de la Surat Al Asr “El tiempo” siguiendo el hilo de nuestra comprensión particular; y por consideración a que él estaba dotado de buena fe, hemos respondido a su deseo mediante frases cortas, pues, ¿cómo llegar a circunscribir el sentido de este gran mar de conocimiento?

Lo que habíamos escrito al respecto precedentemente no sobrepasaba el escaso volumen de algunas pocas hojas, impresas en Túnez por medio de un amigo, animado del gran deseo de desvelar las verdades y de cosechar sutilezas.

Esta edición, estando ya agotada, no habiendo cesado las interpelaciones de los interesados de poder gozar aún de más ejemplares, así como nuestros adeptos que han manifestado un enorme interés por poder acceder a su lectura; por todo ello hemos decidido editarlo de nuevo, añadiendo al original algunas frases concisas, velando por que no quede cosa alguna exenta de precisión, animado del deseo de atender a las necesidades del iniciado; de tal manera que si consigo alcanzar el objetivo que me he fijado es gracias a Allah. En caso contrario, Allah sabe que yo no soy de aquellos que lo hacen de manera intencionada.

Para los discípulos, he aquí algunas ideas de lo que he comprendido con respecto a esta Surat.

El Exaltado y Glorificado ha dicho después de “En el Nombre de Allah, el Todo Misericordioso, el que Manifiesta Su Misericordia”

“Por el Tiempo”

Como dije, se trata de un juramento hecho por Allah, Exaltado sea, para afirmar la pérdida del ser humano, siendo que además se encuentra reforzado por el resto de apartículas como “Inna” (Ciertamente) y “La” (no). La razón del empleo de estas partículas adverbiales hace pensar que el ser humano ignora su perdición y se encuentra lejos de ser sensible, tanto como lo era antes, de ser esencia pura sin alteración alguna por las materias minerales y aquellas de las que resultan ser las causas del mal. Si no hubiera sido así, el habría reconocido su pérdida en relación a lo que él es y debe ser en realidad.

¿Cómo podrá llegar entonces a realizar esta consciencia envuelto en sus propias pasiones, aprisionado en las envolturas de su naturaleza? Tal situación le deja bien lejos de todo acceso a su felicidad eterna.

Y él estará en esta condición en tanto que su visión no traspase  esas  envolturas que le agobian. Pues ella (la visión) no puede traspasarlas sin la ayuda de un poder manifiesto. “Si podéis salir del dominio de los cielos y de la tierra, hacedlo entonces. Pero no podréis sino es con la ayuda de un poder ilimitado”. (Corán) (Los Ornamentos). Es solo entonces que ellos llegarían a reconocer su pérdida en relación a lo que eran antes de que el alma se encarnara en sus cuerpos. Si ya él hombre hubiera llegado a imaginar esto, no tendría entonces mayor necesidad de todas estas expresiones en forma de partículas adverbiales.

Además, Al Asr, que ha servido de juramento, ha sido explicado por los comentaristas según diferentes versiones; la que sería más acertada en este caso es la de Tiempo, según la cita de Ibn Abbas – que Allah bendiga sus almas-. Lo que explica su singularidad es lo citado en el hadiz del Profeta – sobre él la plegaria y la paz – que dice: “No injuriéis el Tiempo, pues el Tiempo es Allah”. Hadiz citado por Tabari, de Abi Amama; de una cadena bien informada. Otra cita es: “No injuriéis el Tiempo, pues el Tiempo es la Eternidad y la Eternidad es Allah”.

Para nos, considerando estas citas nuestra imaginación nos conduce más allá del concepto que tenemos del tiempo, que es el efecto de los movimientos de los astros. Él es producido por una criatura que es el efecto de una criatura que depende de su origen.

Esto nos lleva consecuentemente hacia todo cuanto que podemos concebir sobre el sentido de la Eternidad y nos sumerge en un océano de tiempo sin fin. Ahí, nuestra imaginación perpleja es invadida por la fatiga y el agotamiento.

Realizamos entonces que el sentido de la Eternidad no se corresponde en absoluto con el tiempo tal y como lo conceptuamos dividido en periodos de noches y de días en sucesión. En todo caso, lo que sabemos de la Eternidad no excluye que pueda existir un rayo de esta Presencia de la Existencia Infinita en el pasado y en el porvenir.

Examinando esta continuidad pasada y futura que no tiene fin, y que no podría estar limitada en su comienzo, ¿sería ella lo que conocemos en el tiempo pasajero como una parcela de la Existencia Esencial?

Admitiendo el segundo caso, el entendimiento no puede concederle lo que es natural de los seres existentes que están limitados por el pasado y el futuro, cuyo presente constituye una parte indivisa, es decir la parte crítica entre el pasado y el futuro.

Es pues demasiado sutil para poder ser percibido por la imaginación, y es ahí que se sitúa el ser humano. Esta manera de concebir (el tiempo) es de tal envergadura que el ser humano no puede admitir su existencia.

Si examinamos sus metamorfosis en estaciones, divisiones en meses, días y años y consideramos que se encuentra sujeto a apariciones y desapariciones, aumento y disminución, ello se produce por su materialización en el dominio de la imaginación y se vuelve entonces perceptible y reconocible al espíritu por su existencia. En este caso la razón no duda entonces en reconocerle la existencia, no porque se trate de una criatura ni de un lugar para las criaturas, no porque él comporte en él acontecimientos y catástrofes, metamorfosis y cambios; en razón de las dudas que podrían resultar sobre este estado, el legislador ha recomendado evitar ver en él una imperfección diciendo: “No injuriéis la Eternidad, porque la Eternidad es Allah”.

En todo caso, su protagonismo se encuentra absolutamente ligada a la Eternidad, no solamente vis a vis de su nombre, ni de su esencia, ni de sus acontecimientos. “Di lo que te plazca decir, pues yo me encuentro delante de un estado inescrutable”.

Se encuentra –  Bendiciones y saludos sobre él – que él jura a veces por él. Aisha – que Allah esté satisfecho de ella- nos transmite que el recitaba “El Tiempo” y las surats que mencionan la Eternidad.

Volvamos ahora a lo que la inteligencia puede llegar a analizar de manera superficial de este versículo de manera aproximativa; por lo que a mí respecta, yo digo que el “Alif” y el “Lam” que entran en la formación de la palabra “Al –Insan” (el ser humano) concierne específicamente al género. El sentido que inculca en el espíritu es que todo el género humano se encuentra involucrado en la pérdida excepto aquellos que son citados, y esto es una información verídica que procede de Allah, Exaltado sea en Su Grandeza Infinita, aunque el ser humano mismo ignore el sentido de dicha pérdida, lo que resulta evidente, desde el momento en el que se han empleado las partículas adverbiales “Lam” e “Inna”, lo cual hace que más que un juramento la expresión constituya una afirmación contundente.

Todo esto indica que el ser humano es inconsciente de la pérdida que ha experimentado su alma, aunque en él pueda persistir una cierta duda, ya que si no la hubiera, no habría necesidad alguna de emplear estas afirmaciones, tal y como encontramos en la lectura del versículo.

El ser humano está totalmente en pérdida mientras que él lo ignora, esto procede de la ilusión que él mismo se hace debido a su mal comportamiento y del hecho de que se encuentra dominado por sus pasiones. Tal es la Voluntad de Allah. “Es así que hemos embellecido a cada generación su comportamiento” .

En cuanto al sentido de la pérdida no puede llegar a ser imaginado por el ser humano, en su estado actual, sino es en el momento en el que pueda llegar a establecer una distinción entre su estado presente, quiero decir su vida temporal, y su vida espiritual antes que el espíritu fuera encarnado en el cuerpo, en el momento en que el alma circulaba en medio de los seres del mundo celeste y nadaba en un océano de luces, indefinidamente lejos de lo que constituye la causa de su alteración posterior.

El alma estaba en una magnanimidad sin fin y en un estado sublime, ella recibía directamente la llamada de Allah sin intermediario y ella respondía de una manera desprovista de ambigüedad alguna.

Ella no había perdido el favor de esta dignidad incluso después de su descenso y su atadura el primer cuerpo humano. Pues El, la coronó con el cetro de la Ciencia. Le hizo don de la virtud de la inteligencia y la enseñó lo que ella ignoraba. Llegó incluso de hacer postrarse ante ella a los ángeles y a los espíritus en general, así como los átomos en el cuerpo de Adam. Pero el lazo que la liga al cuerpo la otorga una situación diferente de aquella en la que ella se encontraba.

El ser humano no se ha apercibido del cambio dada su pertenencia a la categoría del género animal, que la hace obrar bajo el imperio de la naturaleza, entrando así en la especie general.

En toda evidencia, no existe una distancia tan inmensa y un intervalo tan grande entre los dos estados, el ser humano primigenio y el actual, en lo que concerniente a loa inconmensurabilidad entre los dos estados, hasta el punto en el que él no llegue en forma alguna a reconocerse a sí mismo. Es decir, no hay una diferencia entre los dos estados tan enorme como para que el segundo estado no pueda considerarse como formando parte del ser humano.

El uno es aquél conocido como el del género animal, visible al ojo, palpable al tacto y diferente debido a su superioridad sobre el género. El primero está dotado de particularidades que le sitúan en el campo opuesto al primero, designado bajo el nombre de ser temporal. El primero es el ser dotado de razón. El segundo es el animal, el primero, el ser sublime. En realidad no existe para él interés alguno en ser de la especie animal, sino antes bien sería más digno para él ser un ser sublime. Se dice en el Corán: “Sed puros, porque enseñáis el libro y lo estudiáis” (3-79)

¿Cuándo el ser humano podría acercarse a lo divino. Ello será cuando el haya emprendido el viaje desde su exterior hasta su interior, liberándose de su yo en vista de descubrir lo que de su nobleza le ha sido velado, así como de su supremacía en este dominio; entonces él encontrará amplitud y un vasto imperio. El descubrirá entonces los secretos de la esencia humana y de lo que él fue en el universo sublime. Entonces exclamará: “He encontrado que me ha sido dado un imperio que ninguno de los otros universos podría obtener”. Tal es la felicidad eterna a la que alude el Imam Ali con estas palabras: “Habéis sido creados para la Eternidad”.

Este ser misterioso, privilegiado por esta elevación excepcional que le sitúa por encima de todo, es el ser creado en la mejor condición; el otro es aquel que se precipita en las bajezas más profundas. El primero es aquel al que hace alusión en el Corán por: “Y os creamos”; el segundo es el sentido de su palabra: “Y os dimos una forma”. (7-11)

Se deduce de ello que el primer ser es creado, no formado, la alusión e esto es hecha en este hadiz: “Allah creó a Adam a Su imagen”, pues la creación es anterior a la existencia de la forma; lo crea a Su imagen, no a Su forma. Así pues, en realidad no existe forma ni para el ser humano primero ni para Aquel que lo ha creado a Su imagen. En este estado uno realiza que el ser humano ha perdido tanto conocimiento sobre él mismo que el que ha perdido con respecto a su Señor.  Este es el resultado de su olvido de lo que él era en un principio: “Han olvidado a Allah, Él les ha hecho entonces olvidarse de ellos a su vez” (9-67)

En resumen, la pérdida del ser humano ha sido ocasionada por la impresión de existir por su cuerpo. Ahora bien, él puede realizar lo que le falta de su soberanía, si considera su existencia por el espíritu.

Quiero precisar que el uso de la palabra pérdida empleada en esta aleya, no significa que ella haya sido empleada con el fin de intimidar. Su empleo indica claramente donde se ha precipitado el ser humano y que la humanidad entera se encuentra condenada a ello a excepción de aquellos que creen y hacen obras puras, se recomiendan la verdad y se recomiendan la paciencia.

Son pocos aquellos que reúnen todas estas nobles cualidades y estos atributos supremos por los cuales es posible la ascensión a la dicha que no puede ser alterada por desdicha alguna, ni en el presente, ni en el futuro.

En realidad, el ser humano  está obligado a tener fe, y teniéndola puede no practicar las acciones puras, y si él las practica puede no recomendarse la verdad, y si hace estas tres cosas, puede que no se recomiende la paciencia. El objetivo definitivo no puede ser alcanzado esencialmente sino es reuniendo estas cuatro cualidades: la fe, la práctica, la recomendación de la verdad, y la recomendación de la paciencia.

Si el ser humano se encuentra desvalido, que Allah nos preserve, de su parte en la fe en esta vida, su pérdida es total, lo que le hará decir el día en el que se dará cuenta de la felicidad de los dichosos: “Si solamente fuera polvo” (78-40)

Si él tiene una parte de la fe en este mundo, suficiente para salir del mar de la impiedad hacia Allah y su enviado, adquiere con ello una etapa nada despreciable en la vía de su dicha y realiza una parte de su deseo, pero sus pasos no pueden afirmarse en este dominio sino es por la práctica de las buenas acciones.

Las buenas obras constituyen un género de actividad que engloba todos los actos benéficos y excluye todas las acciones condenables: Esto es considerado ya como siendo un grado elevado para alcanzar la dicha, pero los pasos de su autor no son susceptibles de mantenerse de una manera absoluta si no predica la verdad, pues él no puede soportar estar en esta vía cuenta habida que el cerebro de las buenas obras consiste en predicar el bien y en prohibir el mal.

Aquel que ni prohíbe ni predica es de temer para él que un día se encuentre ante un dilema que le vuelva impotente para evitar el mal o ejecutar el bien. Dado que estas cualidades, es decir, la verdad, estar con ella y en ella, anima a recomendarla. Dado entonces que esto es susceptible de atraer hacia su autor inconvenientes que el repugna, Allah, exaltado y glorificado, la ha ligado a la recomendación de tener paciencia.

Aquel que no se arma de paciencia se arriesga a no reafirmar su vocación en sus llamadas a Allah, Exaltado y Glorificado. Nos tenemos como método de conducta seguir las recomendaciones de Luqman a su hijo, tales como nos han sido hechas llegar por medio del Corán sublime cuando él dice: “Ordena lo reconocido, prohíbe lo reprobable y soporta lo que te llegue con paciencia” (31-16). Es decir, las cualidades de los resueltos enviados de Allah.

En resumen, se considera que la recomendación de la verdad es la prédica del bien y la prohibición del mal. La recomendación de la paciencia es aceptar tranquilamente las iniquidades de otro a fin de evitar a los otros todo acto que podría convertirse en un mal para ellos. Estas cualidades generosas las encontramos de forma innata en los profetas – sobre ellos las plegarias y la paz – , así como en los maestros espirituales; pero para estos últimos, les es necesario aún algunos esfuerzos de adaptación, y estos esfuerzos se vuelven benditos en virtud de la herencia profética que han recibido. “Los sabios son los herederos de los profetas”. Es la sola herencia que nos han dejado los profetas – sobre ellos la plegaria y la paz-. Es, por otra parte, la sola fortuna que cuenta para los sabios. Que aquel que se considere como siendo alguien entre las gentes de ciencia medite sobre la fortuna que ha recibido de esta herencia y hasta dónde se encuentra facultado en su orientación: su desinterés personal, sus llamadas a la vía de Allah, de su enviado y de los creyentes. Si él encuentra en su conducta que posee una porción procedente de esta herencia que se contente y la perpetúe, si no él se encontrará alejado de ella.

Le haría falta entonces pedir asistencia a aquellos que tienen el poder de iniciarle y de refirmarle en su vínculo hasta que rinda su último suspiro. Si él persiste en este estado será resucitado en el estado en el que le haya sorprendido la muerte. No hay después de este mundo otra cosa que el Paraíso o el Infierno, que Allah nos preserve, a nosotros y a los fieles de un mal final.

Se deduce pues que el primer deber del ser humano es el de precipitar su búsqueda de la liberación a través de actos agradables para Allah, Exaltado y Glorificado. El creyente no puede ser aceptado de manera suficiente que cuando, por amor, él desee para su hermano lo que él desea para él mismo. Es esto lo que anima de manera particular y constituye lo esencial de sus sentimientos para todo guía espiritual en sus predicaciones y sus llamadas a Allah. El desea para él la salud ligada a la felicidad eterna. En consecuencia, ¿cómo podría tener una vida apacible y un corazón sereno cuando él ve a los hermanos de su generación vivir en un estado de inconsciencia y de extravío mientras que el desea para ellos lo que él desea para sí mismo conformemente al hadiz: “El creyente no puede ser verdaderamente creyente hasta que él desee para su hermano lo que desea para sí mismo”.

El conclusión, el combate que mantiene esta categoría de hombres es perpetuo, es lo que anima la fe perfecta como lo hemos explicado. Que Allah haga que yo sea, así como vosotros, de aquellos que creen, hacen obras puras, se recomiendan la verdad y se recomiendan la paciencia.

Amin.