27 mayo 2024
Editorial

Ta Ha Abderrahman – Por una modernidad islámica

Por Muhammad Bazzaoui

Muhammad Baazzoui es a su vez un maestro de la guitarra que imparte clases en el Conservatorio de Música de Rabat y un buscador musulmán en el dominio de la Filosofía y el Sufismo. De nombre artístico Simo Baazaoui le podemos ver en la foto realizando un clip musical

El nos presenta al profesor y filósofo marroquí Ta Ha Abderrahman quien intenta preservar el Islâm de las corrientes filosóficas occidentales, estableciendo a la vez los puntos en común de éstas con la islámica; pasando a enumerar las diferencias, que son de fondo y de forma.

El concepto de modernidad establecido en la búsqueda de «valores» puramente materiales no es aplicable al Islâm que cuenta él mismo con la Modernidad que les es propia.

Para una modernidad islámica

Si el siglo XIX se caracterizó por la importancia de la fuerza como definidor de las relaciones de las naciones entre sí, y en que las cosas materiales son el núcleo de la realización de cualquier país frente a los demás, en el siglo XX se cambiaron las balanzas. En él, son las ideas que tienen más valor. Un concepto al que no se le da la misma importancia ni el mismo valor en el mundo subdesarrollado. De hecho, se mantuvo el concepto de la fuerza como regulador por encima de las ideas, siendo el retraso una consecuencia lógica. Es solo últimamente que se está llamando a consolidar los factores que promueven las ideas, como la educación y los experimentos científicos bajo la tutela de la modernidad, concepto que ha brotado recientemente en el mundo árabe y se ha cuestionado ocupando miles de páginas, siendo el tema de discusión por excelencia por parte de filósofos e intelectuales de nuestro siglo. Es en este marco que hemos visto oportuno presentar a un filósofo marroquí que ha marcado el pensamiento en el mundo árabe de nuestros días, aunque no ha alcanzado la fama que alcanzaron otros pensadores árabes fuera de la geografía que le es propia, quizás por proponer reflexiones y propuestas que probablemente no interesan a los que manipulan el pensamiento occidental o influyen en él, o, porque su obra es tan densa y tan acabada que resulta difícil de asimilar bajo las circunstancias de nuestra realidad actual , o pudiera ser porque es difícil de traducir al poseer un lenguaje filosófico innovador y revolucionario; perdonen que lo digamos con un aire irónico, por dejar hueco a otras posibilidades, aunque parezcan de sátira, dado que la traducción es una llave fiel siempre cuando se conocen bien las puertas. Lo cierto es que estamos ante un filósofo fuera de serie. Se llama Taha Abderrahmán. Y, es marroquí. Su obra se focaliza sobre la creación de una “modernidad Islámica” en estos tiempos sorprendentes de nuestra existencia, porque se sigue aumentando cada vez más la necesidad de apoyarse sobre sus ideas para trazar una nueva hoja de ruta que defina nuestro futuro como árabes musulmanes. Saber dónde estamos y a dónde vamos. Tomar consciencia de la situación crítica en la que nos encontramos inmersos, y reconstruir nuestra propia modernidad poniendo los pies firmes en el suelo en vez de optar por lo común trasplantándose a otras realidades ajenas a las nuestras, cediendo a un mundo capitalista globalizante y sin moral ni piedad.

Lo que diferencia el filósofo Taha Abderrahmán de otros pensadores árabes de la actualidad es que muchos de ellos se inspiran en realidades surgidas en otros contextos. No discuten la posibilidad de aplicar las experiencias de modernidad que se desarrollaron en otros espacios socioculturales ajenos al nuestro, sino el deber aplicarlas a nuestras propias realidades con todas las especificidades que conllevan, presentándolas como única vía de desarrollo y bienestar, tanto en la economía, la cultura, la agricultura como en cuanto a la fe misma. O sea, copiar-pegar, partiendo desde el hecho de que la hibridación es una realidad de la cual nadie se escapa, y es la que caracteriza nuestros actos culturales y sociales en un mundo globalizado que marca este siglo. Frente a este tipo de reflexiones presentamos la visión de Taha Abderrahmán. Su razonamiento y su profunda reflexión sobre la forma de realizar el proceso de una modernidad dentro de un marco islámico.Y a partir de ahí, la posibilidad de asentar fundamentos sólidos para un desarrollo verdadero y humano que encaja con los valores básicos del Islam, de la Humanidad.

¿Quién es Taha Abderrahmán?

Taha Abderramán es un filósofo marroquí contemporáneo nacido en la ciudad de Al Jadida en el año 1944. Es considerado uno de los pensadores con más influencia en el mundo islámico. Su obra es una reflexión sobre la lógica, la filosofía de la moralidad y la definición de la modernidad en su relación con la tradición, y también un trabajo metodológico de la traducción misma.

Critica la universalidad de la filosofía en la actualidad confirmando que la filosofía ha sido siempre local, relacionada con contextos específicos, a una cultura, religión, lengua, patrimonio literario o tradicional. Taha contesta su carácter mundial, y llama a una filosofía árabe musulmana que no se apoye solamente en la traducción de ideas de la filosofía occidental. Para ello, Taha distingue tres niveles de racionalidad: al-‘aqlu al-mujarrad (la mente abstracta) que corresponde a la abstracción teórica limitada y, al- ‘aqlu al-musaddad (la mente guiada), es decir la práctica conforme a la legislación divina y, al- ‘aqlu- al-mu’ayyad (la mente inspirada) que corresponde a la certeza espiritual mística que representa un nivel más elevado el cual sobrepasa la racionalidad y que concierne a la iluminación interna.

Dice que cada nación tiene el derecho en tener su propia filosofía. Y, en el caso árabe islámico, la pregunta clave que hay que plantear es ¿acaso la comunidad musulmana posee una respuesta propia a las cuestiones de su tiempo?

Para ello propone un redescubrimiento de las finalidades (al maqacid) superiores del islam, convirtiéndolas en fuente de derecho. Del mismo modo que critica las estrategias de lecturas modernistas imitadoras de muchos pensadores árabes modernos, que intentan aplicar las reglas de la racionalidad occidental sobre el texto coránico, sacándolo de su posición como sagrado para humanizarlo y estudiarlo a la luz de teorías racionalistas. En oposición a esta actitud, Taha diferencia entre la modernidad como forma real (waqi’ al-hadathah) y la esencia y el espíritu de la modernidad (ruh al-hadathah). Ese espíritu que consiste la fuerza interna del Islam del cual emanan los principios fundadores de un renacimiento civilizacional sea cual sea el espacio geo-social, restándole credibilidad a la visión unificadora de la globalización.

“El razonamiento mecánico de la globalización, que se aferra a

las causas objetivas de las cosas, se extiende a los valores

morales que se relacionan con estas cosas…sean valores

teóricos, prácticos o emocionales, de modo que la causa

objetiva se apega al valor subjetivo. Guiada por este valor y fiel

seguidora”.

Taha Abderraman“ruh al-hadatha” (espíritu de la modernidad) p 77

Demuestra cómo el sistema de la globalización, siendo fruto de la práctica occidental de la esencia de la modernidad que se ha expandido por todo el mundo, ha fallado en cuanto a los principios de ética y valores básicos, cayendo en errores y atrocidades al convertirse en práctica.

Taha menciona el abanico de definiciones de la globalización, lo cual implica su complejidad por la falta de tener una definición clara, fija y propia.

El filósofo marroquí la define de esta manera:

“la globalización es el razonamiento del mundo convirtiéndolo

en una sola área de relaciones entre los individuos y las

sociedades a través de la realización de tres mandos: el

mando de la economía en el área del desarrollo. El mando de

la técnica en la ciencia. El mando de la red en el campo de la

comunicación”.

Taha Abderraman “ruh al hadatha” p 78

Se deduce de la siguiente definición que la globalización no es solo una realidad existente per sé sino, también un acto que influencia este mundo en su totalidad, y que tiene un carácter racional. Su finalidad consiste en la unificación de las relaciones en el mundo, y convertir éste en un espacio social, económico, político y cultural que comparta la misma visión y los mismos mecanismos de pensamiento y de acto.

La tecnología ya no es un medio en manos de la ciencia, sino que se ha convertido en su conductor, orientado según las necesidades consumistas definidas por el mercado internacional. De tal modo que la palabra ciencia ya no cumple con su campo semántico, porque está directamente relacionado con la tecnología. De hecho, podemos decir la ciencia-tecnología, la tecno-ciencia etc. Y siendo así, la moral ya no tiene sentido ni presencia. Se pueden subvencionar experimentos “científicos” para inventar un arma nuclear más destructiva, un arma biológica, e incluso manipular el ADN de animales, plantas y humanos.¡Y, al infierno la moral!

Es en este marco en que se encaja la definición de la modernidad como un medio para desarrollar los principios de la evolución y la libertad. Romper con el patrimonio; el anhelo hacia lo nuevo; borrar la santidad en el mundo, el razonamiento lógico; el laicismo, la democracia y…¡los derechos humanos! ¡Un aplauso con olé!

Ante este abanico de definiciones no es extraño que un tal Jurgen Habermass nos diga sobre la modernidad que es “un proyecto incompleto”. De hecho, la abundancia de las definiciones hace de la modernidad algo semejante a una cosa gigantesca y sagrada, comenta Abderrahmán. Por ello es necesario diferenciar entre la modernidad como esencia, y la modernidad como una realidad. Entonces, se plantea la siguiente pregunta:

¿Cuáles son las especificidades del espíritu de la modernidad?

El filósofo marroquí sostiene que hay que buscarlas en los principios que son normalmente practicados o buscados por la modernidad, y que son tres principios:

1- Mabda’ a-rruchd (El principio de la madurez): pasar de la inmadurez hacia la madurez. Ser una persona que piensa y reflexiona y que decide de sus orientaciones gracias asus propias reflexiones, sin ser guiado por otros, ni asimilar a ciegas las experiencias de los demás.

  • Mabda’ a-nnaqd (Principio de la crítica): Pasar de la etapa de la creencia en   ideas sin tener pruebas, hacia la crítica de estas ideas a través del razonamiento de todos los fenómenos y valores, sociales, políticos etc., estimulado por la creatividad y la libertad. La capacidad de crítica y filtración de todo tipo de información proveniente de un mundo actual ahogado en la información desestabilizada. O sea, información y ausencia de la información a la vez, debido a la falta de credibilidad y a la facilidad de manipular a las personas. Crear propuestas alternativas que ayudan en elaborar nuevos conceptos que giran en torno a la religión y el Estado, la religión y los valores, la religión y la razón y, la política y los valores.

3- Mabda’ a-chumul (El principio de la propagación): es decir, la modernidad sale de lo personal a lo común a través de su emigración hacia nuevos terrenos con especificidades culturales propias, gracias a los medios de comunicación y de transporte, dejando nacer a la globalización. La modernidad influye en todos los campos vitales, desde la religión hasta la literatura y el arte a través de los tres siguientes dominios que afecta a la ciencia y a la técnica: el dominio sobre la naturaleza. El dominio sobre la sociedad. El dominio sobre sí.

De todo esto se deduce que el rasgo más importante de la modernidad es su espíritu maduro, crítico y global.

Estos principios acarrean las siguientes consecuencias:

Existen múltiples prácticas de la esencia de la modernidad, porque, siendo la modernidad como esencia un conjunto de principios, estos son una regla general dentro de la cual ocurren varias asimilaciones y prácticas.

– La diferenciación entre la realidad de la modernidad y su esencia.

La realidad de una modernidad es solo una entre otras de las prácticas de su esencia, quese alejan o se acercan de la esencia misma de la modernidad, dependiendo de la orientación política adoptada (partidos socialistas, de derecha, islamistas, comunistas etc.)

Taha Abderrahmán nos presenta tres puntos de reflexión a este propósito.

1: la especificidad de la realidad de la modernidad occidental.

La modernidad como realidad en occidente no es sino una forma práctica entre muchas otras posibles formas. Incluso esta forma práctica ha tomado muchas variaciones en cada una de las sociedades del mismo occidente, además de padecer derivas.

2: la originalidad de la esencia de la modernidad

La esencia de la modernidad no es fruto de la sociedad occidental, como si fuera occidente su propio creador, sino es fruto del proceso evolutivo de la humanidad durante distintos periodos. Las causas de esta esencia hay que buscarlas en el pasado de las ideas evolutivas anteriores, y puede ser que los principios de esta esencia sehan realizado en sociedades del pasado, de una manera u otra, del mismo modo que puede ser realizada en el futuro de forma distinta dentro de una sociedad.

3: la igualdad en cuanto al grado de relación a la esencia de la modernidad

La esencia de la modernidad no es un bien exclusivo de una nación más que otra, sino que pertenece a cualquier nación civilizada. Es decir, de cualquier nación que ha cumplido con las dos condiciones de cada civilización; “el acto urbanista” que es la parte material de esta civilización, y “el acto histórico” que es la parte subjetiva. Y por ello, cada nación se diferencia en cuanto al grado derealización de estos dos factores, depende de la acumulación del saber y el surgir de los valores a través de los tiempos sin que ello implique que las naciones antecedentes sean mejores que las anteriores o viceversa. A saber, que esto no se mide por el factor de la fuerza material sino subjetiva dentro de un marco histórico dado. De hecho, la práctica occidental de la modernidad, aunque siendo antecedente, no implica que sea una práctica que respeta la esencia propia de la modernidad. Ni la práctica que pueda surgir de una sociedad aún antecedente a la de ahora. De hecho, hay que distinguir los fallos en la práctica de la esencia de la modernidad dentro de la sociedad occidental para recrear un modelo adaptado anuestro contexto cultural en general, si tomamos en consideración que la modernidad occidental está fallando por tratarse de una modernidad que hizo nacer excesos y desvíos, de tal modo que lo que era objetivo de la modernidad se convirtió en todo lo contrario. La libertad se convirtió en esclavitud que quizás es más densa. El apego a los medios de comunicación y el acceso de información frente a la escasez de saber etc. De tal manera que ya no se controlan las consecuencias de esta práctica occidental. Estos pueden ser síntomas de desarrollo como pueden causar el atraso y la degradación tanto humana como cultural y ambiental.

La modernidad occidental ha creado un modelo económico que ya se escapó de su control; y ello de tal manera que tampoco puede orientar sus mecanismos. Siendo la práctica política su máxima víctima, porque se ha llegado a un nivel en el que la economía y el dinero mandan sobre la política y orientan sus líneas generales.

Este modelo occidental de la modernidad ha trabajado para apoderarse de la naturaleza, pero esta misma se rebeló dando lugar a cataclismos sin antecedentes como enfermedades nuevas, el peligro nuclear, la contaminación, la pobreza y la desigualdad entre pueblos. Además, cada vez que se crea un programa para controlar y corregir tal o tal desvío se plantea la impotencia de realizar las correcciones deseadas y el rastreo de las consecuencias que puedan surgir y que puedan llevar a resultados totalmente contrarios a lo que era objetivo de partida. La causa de este desvío es, quizás, el convertir a los medios en objetivos en sí.

En suma, la práctica occidental de la modernidad, tras llegar en primer plano a suobjetivo, da otra vuelta para hacer que esos medios se vuelvan objetivos en sí;de hecho, se habla mucho de “el desarrollo por el desarrollo”,“la producción por la producción”, “el consumo por el consumo”, “elarte por el arte”, etc.Por ello, habiendo varias formas prácticas de la esencia de la modernidad, esnecio copiar las prácticas de los demás, porque el objetivo es copiar la esencia misma, aparte de que cada campo semántico significante tiene suspropios requisitos prácticos.

Uno de los frutos de este tipo de práctica de la modernidad occidental es el sistema de la globalización  que se expandió por todo elmundo, y que ha fallado en cuanto a principios y valores básicos, cayendo enerrores prácticos que hicieron nacer enfermedades sociales como el individualismo, la avaricia, el materialismo, la trivialidad y la falta deprofundidad. El nacimiento de “sociedades del espectáculo” como los llama el Premio Nobel Mario Vargas Llosa.

Las relaciones en este mundo obedecen al principio de unificación, no en unsolo modelo, sino en varios. Son relaciones que se caracterizan por el cambio y por la variación de niveles. Se cruzan sin fin y se multiplican sin pararhasta llegar a un abanico de relaciones complejas y difíciles de orientar ocontrolar. Ello se realizó por causa de una serie de desviaciones que hanbanalizado la ética misma, ejemplo de ello el mando de la economía en el desarrollo. La economía en occidente hacrecido dentro de varios conceptos capitalistas específicos. El resultado es un sinfín de problemas sin resolver, están ahí como montañas con problemas de muy alta envergadura: desempleo, injusticias sociales, pérdida de la ética etc. Es por ello que urge mencionar que el razonamiento que caracteriza a la globalización mundial es mecánico, vacío de alma, que está diseñado para robotizar a los hombres.

Lo ideal sería entonces buscar un modelo distinto, inspirado en la esencia misma de la modernidad pero que no comparte porcompleto los modelos prácticos occidentales. En este sentido, la modernidad es un abanico de posibilidades, y no una sola posibilidad. Incluso podemos afirmar que en occidente existen varias modernidades. Podemos hablar de modernidad francesa, modernidad alemana, modernidad inglesa etc. Todas se encuentran en el mismo túnel de desvíos. Porque han perdido lo que consistía su razón de partida: la dignidad del hombre.

La propuesta de Taha es la siguiente; de tal manera que existe una modernidad no islámica, también debe existir una modernidad islámica.

El dilema consiste en cómo elevar esta modernidad para no repetir los mismos errores de la modernidad occidental, aprendiendo de los fallos de los demás, corregirlos dentro de un contexto diferente, pero real. Así pues, se presenta al islam como una alternativa en todos los campos, desde lo económico hasta lo relacional. Valores para la ciencia y espiritualidad para el cerebro racional. Relaciones basadas en el mutuo respeto y no en la fuerza. Las leyes entre estados han de ser dictadas para ser respetadas por todos y aplicadas para todos, y no un conjunto de leyes impuestas por quienes poseen más armas destructivas. De hecho, términos como la igualdad, la felicidad y la libertad no tienen sentido bajo estos modelos de modernidad globalizante y salvaje donde la “tiranía de la fuerza” siempre vino acompañada con la “tiranía económica”. Una tiranía que se encarna en una globalización que ha nublado la visión de gran parte de humanos haciéndoles perder los caminos de paz, autosuficiencia y de espiritualidad, convirtiéndoles en meros consumidores programados, siendo el individuo árabe musulmán uno de sus víctimas,  un ser perplejo ante el mundo, a mitad de camino, entre la modernidad occidental y la tradición. He aquí un elenco de verdades en que hay que reflexionar. Y es por qué les invito a descubrir la obra de Taha Abderrahmán.

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