Susurros para días de peste

Hashim Cabrera

Respiremos en calma y aceptemos el regalo, un don que no es otro que la conciencia, un presente que no es sino realidad, un horizonte que nos muestra y nos revela lo único. Miremos despacio a nuestro alrededor. Miremos de qué manera tan compasiva nuestros ojos acarician sus visiones…, miremos despacio y regalemos nuestra mirada a la Creación.
Observaremos cómo nuestro personaje, ese yo que se mira a sí mismo en el mundo, no puede dejar de sentir una honda nostalgia al comprobar cómo los momentos y los días se van disolviendo en el tiempo, sin remisión alguna… Tal vez por ello, ahora nuestro personaje siente a veces pesar, viendo cómo se marchan las penas, etéreas y sin corporeidad, desvelando su clara y alegre inexistencia. Pesar que no era pena sino, en el fondo, nostalgia de la realidad.
Nuestro personaje no puede detener la creación, parar la vida, construir una experiencia de eternidad. Sólo constatar el devenir, la despedida constante a los seres y los fenómenos, un adiós inevitablemente sentimental para nosotros, criaturas al fin y al cabo.


(Del libro «Una revolución de las almas» Editorial Cántico. Córdoba 2020)