Sueño y Realidad en Ibn Arabí

Por Izutsu Toshihiko. Sufismo y Taoísmo 1. Ibn Arabí Editorial Siruela

Sueño y Realidad

La supuesta “realidad, el mundo sensible (ḥiss) que nos rodea y que acostumbramos a considerar como realidad, para Ibn ‘Arabí, no es más que un sueño (ḥulm). Percibimos por los sentidos (ŷawâriḥ) un gran número de cosas, las distinguimos unas de otras, las ordenamos según nuestra razón (‘aql), y de este modo, acabamos estableciendo algo sólido a nuestro alrededor. Llamamos a eso “construir la realidad” y no dudamos que sea real. Sin embargo, según Ibn ‘Arabí, eso no es realidad en el verdadero sentido de la palabra. En otros términos, no es el Ser (wuŷud) real. Viviendo como vivimos en este mundo fenoménico, (ẓâhir) el Ser en su realidad metafísica nos resulta igual de imperceptible que las cosas fenoménicas en su realidad fenoménica para un hombre que esté dormido y soñando con ellas. Citando el famoso hadiz, “Los hombres están soñando, cuando mueren despiertan”, comenta: “El mundo es una ilusión; no tiene existencia real. Y eso es lo que significa “imaginación” (jayâl) Porque imaginas que el mundo es una realidad autónoma, distinta e independiente de la Realidad absoluta, cuando, en verdad, no es nada de eso”.

“Has de saber que tú mismo eres una imaginación y todo lo que percibes y aquello de lo que dices «esto no soy yo», también es imaginación. De modo que todo eI mundo de la existencia es imaginación dentro de la imaginación”.

Entonces, ¿qué debemos hacer, si lo que hemos tomado por “realidad” no es más que un sueño, si no es la forma real del Ser, sino algo ilusorio? ¿Debemos abandonar de una vez por todas este mundo ilusorio e ir en pos de un mundo totalmente distinto, un mundo verdaderamente real? Ibn ‘Arabí no adopta esta postura ya que, desde su punto de vista, el sueño, la ilusión o la imaginación no equivalen a algo sin valor o falso; significan sencillamente “ser un reflejo simbólico de algo verdaderamente real”. Lo que llamamos “realidad”, por consiguiente, no es la Realidad verdadera, pero ello no significa que se trate meramente de una cosa vana y sin fundamento. La supuesta “realidad” aun no siendo la Realidad en sí, refleja esta, de forma vaga e indistinta, en el plano de la imaginación. Es en otras palabras, una representación simbólica de la Realidad. Solo tenemos que interpretarla adecuadamente, tal como solemos interpretar nuestros sueños con objeto de averiguar cuál es la situación real de las cosas, más allá de los símbolos oníricos. Respecto al mencionado hadiz “Todos los hombres están soñando, solo cuando mueren despiertan”, Ibn ‘Arabí señala que “con estas palabras, el Profeta destacaba el hecho de que lo que el hombre percibe en este mundo es para él lo mismo que un sueño para el hombre que sueña y como tal ha de ser interpretado”. Lo que se ve en un sueño es una forma aparente de la Realidad, no la Realidad en Sí. Lo único que debemos hacer es devolverla a su condición verdadera y original. Es lo que significa “interpretación” (ta’wîl). Para Ibn ‘Arabí, la expresión «morir y despertar» que aparece en el hadiz no es sino una referencia metafórica al acto de interpretación entendido en ese sentido. Así, la «muerte» no es aquí un acontecimiento biológico. Se trata más bien de un acontecimiento espiritual consistente en que un hombre se desprenda de las trabas del sentido y de la razón, traspase los confines de lo fenoménico y vea lo que subyace tras la membrana de las cosas fenoménicas. Se refiere, en pocas palabras, a la experiencia mística de la “autoaniquilación” (fanà).

¿Qué ve un hombre cuando se despierta de su sueño fenoménico, abre sus verdaderos ojos y mira a su alrededor? ¿Qué clase de mundo contempla entonces en la iluminación que le produce el estado de “subsistencia” (baqà)? Describir ese extraordinario mundo y dilucidar su estructura metafísico-ontológica es el principal cometido de Ibn ‘Arabí. La descripción del mundo tal como lo observa a la luz de sus experiencias místicas constituye su visión filosófica del mundo.

¿Qué es, pues, ese Algo que se oculta tras el velo de lo fenoménico, haciendo de lo que llamamos “realidad” una red de símbolos a gran escala que indican de forma vaga y oscura lo que se encuentra tras ellos? La respuesta es inmediata. Es lo Absoluto, la Realidad auténtica absoluta que Ibn ‘Arabi llama al-Ḥaqq. De este modo, a pesar de que la supuesta “irrealidad” no sea más que un sueño, no se trata de una completa ilusión. Es una apariencia particular de la Realidad absoluta, una forma determinada de su manifestacion (taŷalli) Es un sueño con base metafísica. “EI mundo del ser y el devenir (kawn) es una imaginacion”, dice, “pero es, en verdad, la Realidad en Sí”. Así pues, el mundo del ser y el devenir, la supuesta “realidad” consistente en formas, propiedades y estados diversos, es un variopinto tejido de fantasía e imaginación, pero indica, al mismo tiempo, la Realidad, siempre y cuando uno sepa considerar esas formas y propiedades no en sí mismas, sino como manifestaciones de la Realidad. El hombre capaz de ello alcanza los misterios mas profundos de la Vía (tariqa).