17 junio 2024
Fiqh y jurisprudenciaNuevos Musulmanes

Somos profesores, no mercenarios

Abdul Karim Mullor

Somos profesores, no mercenarios

Hoy quiero hablar de algo que me hace sonrojar de vergüenza ajena. Se trata de aquellos que dan “cursos de Islâm” o de “Sufismo” por dinero. Desdichadamente, cada vez hay más, y por lo general, el pudor va desapareciendo a marchas forzadas.

Podemos comprender que viva de su desempeño en el Dîn un ‘imâm que trabaja exclusivamente de dirigir las plegarias en una mezquita; de impartir la jutba; hacer el salat mortuoria, y en su caso las de los eclipses, los dos ˤid y eventualmente la de la lluvia. Siempre y cuando no siga una de las tantas sectas que pululan por todas partes.

Asimismo, podemos admitir que alguien que viva de sus traducciones de libros de cualquiera de las ramas de la religión subsista de ese trabajo. Porque es eso al final, un trabajo que da de comer y que además tiene su valor añadido.

Ahora bien, disponerse a dar cursos online como hacen algunos que todos conocemos y cobrar emolumentos por eso se nos antoja una desvergüenza. Esos personajes como el de la cresta, el tal Karami, que va asediando con mensajes a la gente para que se inscriban. O el de Fayri que no tienen idea alguna de la religión y que habla para tener dinero y seguidores. Un señor que viviendo en Amberes no trabaja y vive del sempiterno desempleo belga y de las visitas de su Youtube. Al igual que esas academias online que dan títulos y niveles por aprender una Surat, y que además dan permiso para enseñar a gente que no sabe nada, sinceramente, eso es vivir del Haram.

Y ¿cómo no? Esa organización masónica llamada “Rabbani” en la que bajo la excusa de enseñar Sufismo, lo que se enseña, no es otra cosa que la doctrina masónica o la religión del chaytan.

¡Pedir dinero por enseñarte el camino del Ŷahannam! ¡Lo nunca visto!

Los profesores debemos dar ejemplo.

Nuestro comportamiento ha de ser impoluto. Por otra parte, como es mi caso, yo que enseño Islam y Sufismo tendría una mayor responsabilidad si aceptara un solo Euro, un solo Dólar por enseñar el Dîn. Y eso que, gracias a Allâh, enseño la Verdad con la que El me ha favorecido, y no soy contador de cuentos y de inventos como los que he mencionado y otros.

Quien se erige en profesor sin saber, es un pícaro al estilo de aquellos que timaban a las gentes con estampitas coloreadas para hacerles creer que se trataba de dinero. Es más, quienes van detrás de esos pícaros quevedescos son los cándidos a quienes se les engaña con recortes de periódico.

Quien no tiene pudor no tiene fe – dijo el Profeta, sobre él la plegaria y la paz -.

Engañar a las gentes en materia de religión, en casos como estos, entraña dos graves faltas para aquel quien haya aceptado a Allâh como deidad y a Muḥammad como profeta. Una de esas faltas es la mentira, y lo que es peor, la mentira en religión:

Quien nos engaña no es de los nuestros” dijo el Profeta

El otro gran Haram es robar. Pues si alguien cobra por contar mentiras, además de estar engañando, roba.

Decía un refrán popular aquí en el Norte de Marruecos:

El dinero haca bailar al perro”.

No me da reparos decir todo esto, por una razón simple: porque es la verdad.

En una ocasión iba conduciendo cuando, como ya conocéis los que habéis estado en Marruecos, un hombre cruzó la carretera por donde no debía. Se la cayó una bolsa repleta de pan, y yo pase con mi vehículo sobre ese pan.

Los que conocemos algo o mucho de la Ciencia sabemos que nada ocurre sin razón. Analizando el hecho, deduje: “este hombre ha cruzado donde estaba prohibido hacerlo, y es por eso que las ruedas de mi coche han aplastado su pan”. Asimismo deduje otra posibilidad, a saber: “que probablemente él había pagado ese pan con dinero prohibido y que por ello se le había caído de las manos”.

Y ahora, en este preciso momento, me viene al espíritu que con este escrito estoy aplastando el pan de quienes comen con el dinero de lo prohibido. Aquí sentado no puedo ver las consecuencias de mis palabras; pero es posible que ellas efectúen ese trabajo, si Allâh lo quiere.

Pedir dinero por la enseñanza del Islâm está terminantemente prohibido, salvo en un solo caso. Ese caso es el del imâm verídico cuyo trabajo sea ese en exclusividad. Mejor trabajar como mozo de carga y descarga, o curvar la espalda como agricultor. O desarrolar cualquier otro trabajo por duro que sea. Siempre es mejor vivir del sudor de tu frente que de cobrar por mentir.