Solamente se vive una vez – Una segunda oportunidad
Abdul Karim Mullor
Solamente se vive una vez – Una segunda oportunidad
La paz sobre vosotros – A-s-salam ˤalaykum
Estas palabras las escribo para interpelar a aquellas personas que, por diferentes motivos, se han quedado anclados y varados en su vida espiritual. Conozco un número suficiente de personas con estas características como para establecer una visión del estado en el que se encuentran.
Y puedo decir una cosa:
Aunque mi mente en este momento tiene una idea nítida sobre la identidad de aquellos a quienes me estoy dirigiendo, también es cierto que esto que voy a escribir a continuación puede destinarse a cualesquiera que se encuentren en una parecida situación.
Tenemos la suficiente experiencia para saber que, si estas palabras llegan a ser leídas por sus destinatarios será por decisión de Allâh, Quien, en su sabiduría infinita sabe mejor que nosotros quiénes son aquellos que, aún a pesar del paso del tiempo, podrán tener una segunda oportunidad.
Aun así, no nos aventuramos a hacer nada sino tenemos el permiso del Creador, Quien, de alguna manera, nos ha inspirado escribir estas palabras.
Hace casi treinta años que vine aquí a Tetuán para completar mi Vía espiritual; y esos años no han pasado en balde.
Vi, en una visión verídica en sueños, como mi antiguo maestro Abderrahman Bedran – que Allâh esté satisfecho se él – me pasaba su maqam; y unos meses después vi como acompañaba su féretro dos filas por delante suyo. ¿Qué significa eso? Pues esto quiere decir que continué el camino más allá de lo que él pudo, quizás por su pronta muerte (63 años).
Lo que Abderrahman Bedran enseñó se encuentra en nosotros, actualizado y mejorado. Hemos ido más allá por la Gracia divina. No hemos perdido el tiempo. Aquél Quien creó a Abderrahman puede crear otros tantos como él y con mayor conocimiento que el suyo. Y , de hecho, así es.
Sea como fuere, la Tariqa ˤAlawiyya, tal y como ya lo he expresado en algunas ocasiones, se encuentra entre nosotros. Es decir, delante de la Presencia de Allâh, aseguro que somos los herederos directos del Šayj al ˤAlawi, sin duda alguna. A veces he pecado de mojigato, pero es necesario y útil decir la verdad.
Como ya he expresado, comencé mi andadura con un grupo de jóvenes inexpertos, ignorantes e impulsivos como yo. Y, por el motivo que fuere, yo soy el único de entre ellos que ha continuado la Vía del conocimiento bajo el auspicio de un šayj verdadero.
Malos hábitos tuvieron algunos de hacerse pasar por alguien que no eran y otros por seguirlos. Nunca pudieron soportar que yo, para ellos un insignificante y molesto cero a la izquierda, continuara lo que ellos nunca fueron capaces de hacer.
Un complot contra mi persona se formó debido a unas circunstancias familiares que no deseo describir aquí. Debí escribir desde Tetuán a una mezquita que alguno de ellos frecuentaba porque en sus tristes reuniones, a las que asistía la madre de mi hija, ésta a los ocho años era insultada y menospreciada.
Es más, algún abogado del mismo bufete en el que uno de ellos trabajaba en Toledo, se presentó como parte contraria mía en juicios de Familia.
Otros se hicieron con el dinero de la venta de lo que antes era una zawiyya vulnerando el trabajo y los esfuerzos de personas bien intencionadas que estuvimos allí trabajando fi sabili-l-Lâh.
Esta llamada es única y exclusivamente para quienes no participaron en semejantes actos y quedaron varados, sea por falta de arrojo, de interés, o por simple pereza.
En toda evidencia, nosotros no podemos acoger ni asistir a aquellos quienes participaron de manera activa en este complot, pues ellos mismos se auto anularon con estas actitudes, tan feas, que ni tan siquiera la Šari’a islámica puede admitir.
Sé que algunos se fueron del grupo por encontrarse desasistidos, pues las personas que, a capa y espada, querían hacer valer su pretendida superioridad les trataron, poco más o menos, como vulgo molesto, o aplaudidores de salón.
No pudimos contactar con éstos últimos por razones evidentes, y hoy, yo sé que algunos se quedaron con la impresión de haber sido menospreciados, utilizados, y olvidados cuando no seguían a los gerifaltes de turno, que no eran y son sino ignorantes profundos pagados de ellos mismos.
La Vía de Allâh nunca ha cerrado las puertas. Es la gente quienes se las cierra a ellos mismos. Nuestro corazón es acogedor, está abierto. Ahora bien, nuestra puerta se encuentra cerrada a aquellos que vienen a disputar o a buscar un puesto.
Aquí no hay puestos. Hay un grupo de hermanos. El šayj es el hermano mayor, no un déspota, ni el general de la tropa.
Los unos estamos para ayudar a los otros, no para abusar de ellos. Se respeta la intimidad de la vida personal. Nosotros no entramos a las casas sin permiso; tampoco entramos en ellas por detrás, ni por las ventanas cual ladrones.
Si por ventura estas palabras llegan a sus destinatarios, estaremos seguros que será que Allâh se lo quiere hacer saber. Si no es así, imagino que será porque El, en Su sabiduría infinita querrá que las cosas queden como están. Aceptamos su juicio.
Es esta una llamada para recordar que la muerte se acerca; que solamente se vive una vez; y que si se pierden las oportunidades en esta vida ya no hay tiempo para recuperar. Las entelequias, al final de la vida no sirven para nada.