17 junio 2024
Sufismo

Sobre la adoración ritual e interior – Jilani

Traducido y comentado por Abdul Karim Mullor

El maestro Ŷilani – que Allâh esté satisfecho de él -, como dijimos, es un descendiente del Profeta – sobre él la plegaria y la paz -, y un gran sabio de la ciencia del Fiqh, el Hadiz y el Tasawwuf. Su conocimiento completo del Islam lo deja traslucir en sus escritos, plenos de luz y de sagacidad. Ya Muhammad rasulu-l-Lâh nos dijo que cada aleya del Corán contiene significados externos e internos, y Jilani hace que esta palabra de nuestro Profeta – sobre él la plegaria y la paz – se encarne precisamente, tanto en él, como en otros sabios del Islam, que a través de los siglos ha iluminado el camino de los musulmanes.

Al lado de gentes como al Ŷilani los sabios actuales parecen niños de corta edad en la edad de aprender ‘alif wa-l-ba.

En este caso nos habla del salat, de sus significados externo e interno; de las recompensas que se reciben por practicar las plegarias con el corazón y no únicamente con los miembros del cuerpo.

Recomiendo, a todo aquél que lea este escrito suyo, que cuando se acerque a cumplir la plegaria tenga en cuenta estas palabras del maestro a fin de dar a su salat el realce y la importancia que merece. Y que su salat, en consecuencia, no sea un acto únicamente de obediencia al Creador, sino todo lo emotiva y lo profunda que pueda llegar a ser, constituyendo una alegría para el corazón y siendo en realidad, como dijo el Profeta – sobre él la plegaria y la paz – “el colirio de nuestros ojos”.

El texto

Cinco veces por día, en momentos precisos, la plegaria ha sido prescrita a todo musulmán adulto y capaz. Se trata de un mandato de Allâh.

Sed asiduos  a las plegarias y ante todo a la plegaria de en medio (salatu-l-wast) (2-238)[1]

La adoración ritual consiste en ponerse en pie, recitar el Corán, inclinarse, postrarse, sentarse y repetir en voz audible ciertas fórmulas. Estos movimientos y acciones, que implican a los miembros del cuerpo, las recitaciones pronunciadas y escuchadas que hacen entrar en liza a los sentidos, constituyen la adoración de nuestro ser material. Y ya que las acciones del ser material son numerosas y retomadas en numerosas ocasiones en cada una de las cinco plegarias cotidianas, la primera parte del mandato (relacionado en la cita coránica) “Sed asiduos  a las plegarias”, se encuentra expresado en plural.

La segunda parte del mandato de Allâh, “y ante todo a la plegaria de en medio”, hace referencia a la plegaria del corazón, ya que el corazón se encuentra en el centro del ser. La finalidad de esta adoración es la de acceder a la paz del corazón. El corazón se encuentra en el medio, entre la derecha y la izquierda, ni delante ni detrás, entre lo alto y lo bajo, entre rectitud y rebeldía. Se encuentra en el centro, es el punto de equilibrio, el punto medio. Nuestro maestro, el Profeta – sobre él la plegaria y la paz – dice:

El corazón de los hijos de Adam se encuentra entre los dos dedos del Todo-Misericordioso. Y Él lo hace girar como Él quiere.

Los dos dedos de Allâh son Sus Atributos que son la fuerza irresistible de Su castigo y el amor y la delicada belleza de Su Bondad.

La verdadera adoración es la del corazón. Cuando el corazón se encuentra desatento a la verdadera adoración, la plegaria del ser material cae en desorden. Cuando esto se produce, la paz del ser material que se espera obtener de la plegaria ritual no se materializa. Es por lo que el Profeta – sobre él la plegaria y la paz – dice:

La adoración ritual no es posible de otra manera que con un corazón apacible.

La plegaria es la súplica del ser creado a su Creador. Es un reencuentro entre el servidor y su Señor. El lugar de este reencuentro es el corazón. Si el corazón se encuentra cerrado, es descuidado, o se encuentra muerto[2], ello se trasluce a la adoración. Nada bueno resulta al ser material de una tal plegaria. Pues el corazón es la esencia del cuerpo; el resto depende de él. Es así que el Profeta – sobre él la plegaria y la paz – dice:

Hay un trozo de carne en el cuerpo humano tal que, si se encuentra en buen estado todo el ser lo estará igualmente; y si se encuentra en mal estado el ser entero se desagrega. Y este trozo de carne es el corazón.

La plegaria descrita por la religión debe ser realizada en momentos precisos. En el curso de un día y una noche hay cinco momentos específicos para ejecutarla. Lo mejor que se puede hacer es practicar la plegaria en una mezquita, cuya asamblea de creyentes se vuelve cara a la Meca siguiendo a quien dirige la plegaria, sin hipocresía, sin buscar la aprobación ajena, sin ostentación.

El momento para la adoración interior es eterno, sin fin, y dura toda la vida, en este mundo y en el otro. La mezquita para esta plegaria es el corazón. La asamblea son las facultades interiores, que recuerdan los Nombres de Allâh y los recitan en el lenguaje del mundo interior. El imam para esta plegaria es el deseo irresistible. La dirección es la identidad de Allâh (que está en todas partes), Su naturaleza eterna y Su belleza.

El corazón verdadero es aquél que puede realizar una plegaria tal. Un corazón así no duerme ni muere nunca. Un corazón y un alma de esta índole se encuentran en perpetua adoración, y un ser con un tal corazón, ya esté despierto o dormido, se encuentra en un estado continuo de servidumbre. La adoración interior de su corazón representa toda su vida. No hay consideración entonces aquí sobre la recitación, ni de las posiciones de pie, inclinado, postrado o sentado. Su guía, aquél que conduce su plegaria, es el Profeta – sobre él la plegaria y la paz – mismo. El habla con Allâh diciendo:

Es a Ti que adoramos, y es a Ti que pedimos ayuda (Fatiha)

Estas palabras divinas son interpretadas como siendo el signo del hombre perfecto, que pasa, en efecto, de no ser nada, de estar perdido en el cuidado de las cosas materiales, a un estado de unidad. Un hombre tal recibe grandes bendiciones de parte de lo divino. Una de estas bendiciones es citada por nuestro maestro el Profeta – sobre él la plegaria y la paz – :

Los profetas y aquellos que son bien amados de Allâh continúan su adoración en sus tumbas, así como lo hacían cuando se encontraban en este mundo.

En otros términos, la vida eterna del corazón continúa con sus súplicas a Allâh Altísimo.

Cuando la adoración ritual del ser material y la adoración del corazón se complementan, entonces la plegaria es completa. Es una adoración perfecta, y grande es su recompensa. Ella transporta espiritualmente hasta los reinos que se encuentran próximos a Allâh, y físicamente al máximo de sus posibilidades. En el mundo de las apariencias uno se convierte en servidor piadoso de Allâh. Interiormente uno se convierte en el sabio que ha alcanzado el verdadero conocimiento de Allâh. Si la adoración ritual no se une a la adoración del corazón, ella carece de algo. Su recompensa constituye solamente un avance. Sin embargo, ella no puede transportar a la cercanía del reino divino.


[1] Desde el punto de vista de la Jurisprudencia Islámica la plegaria de en medio ha sido objeto de discrepancia. Unos ulema indican que se trata del salat del Asr, que se encuentra en el medio del día; otros consideran que se refiere al salat del Subh, ya que el día musulmán comienza en el momento de la puesta del sol. Ahora bien, sea como sea, Abdul Qadir Ŷilani le da otro realce y significado, mucho más profundo, y por tanto mucho más real.

[2] Los maestros del Tasawuf, tales como el Šayj Darqawi – que Allâh esté satisfecho de él – dicen que hay tres clases de corazón: El corazón vivo, que es el que conoce a Allâh; el corazón enfermo, que es el corazón que se encuentra en proceso de purificación; el corazón muerto, que es el de aquellos apegados a la vida material y que nunca podrán acceder a la purificación ni al conocimiento de la Verdad.