Sobre el espíritu y la eternidad – Abu-l-Hassan Al Hujwiri

Sobre el espíritu

Traducido y comentado por Abdul Karim Mullor

En el Nombre de Allâh, el Todo Misericordioso y el que manifiesta Su Misericordia. La plegaria y la paz sean acordadas a Muḥammad, su familia y compañeros.

He decidido que era necesario hacer un pequeño prólogo sobre lo que el Šayj Huŷwiri escribe este apartado de su obra “Kašf al Mahŷub li Arbab al Qulub” cuyo título ha sido traducido por Suma espiritual.

En este capítulo el šayj trata del Ruh (espíritu) y de la eternidad. Ahora bien, en las tradiciones islámicas, fundamentalmente en el Corán, vemos que se trata de dos clases de espíritu y otras dos clases de eternidad.

En cuanto a las dos clases de espíritu podemos distinguir en el Libro de Allâh, el que El Mismo introduce de El Mismo en Adam – sobre él la paz – y aquél en el que una vez preguntado el Profeta – sobre él la plegaria y la paz –  contesta Allâh diciendo que procede de la Orden de Allâh.

En ambos casos la palabra árabe utilizada es “Ruḥ”; aunque en el que Allâh dice insuflar una parte de Su Espíritu es dicho (Ruḥî – Mi Espíritu). Los dos son eternos porque Allâh así lo ha prometido en el Corán, siendo que la eternidad del espíritu creado, que no el Divino, es una eternidad condicionada a la duración otorgada por Allâh, y no una eternidad como tal.

Te preguntan por el espíritu. Di: «El espíritu procede de la orden de mi Señor». Pero no habéis recibido sino poca ciencia. (17-85)

y, cuando lo haya formado armoniosamente e infundido en él de Mi Espíritu, ¡caed prosternados ante él!» (38-72)

Ocurre otro tanto con las dos clases de eternidad como acabamos de decir; siendo una la que se les promete a los habitantes del Paraíso y el Infierno, y siendo la otra la Eternidad de Allâh, ya que Él es el Eterno y por lo tanto el Infinito

Capítulo – Sobre el espíritu

Sabed que el conocimiento concerniente a la existencia del espíritu (Ruḥ) es necesario (darûrî) y que la inteligencia es incapaz de comprender la verdadera naturaleza del espíritu. Todos los teólogos y sabios musulmanes han emitido una opinión basada en conjeturas sobre esto, la cual ha sido asimismo discutida por increyentes diversos. Cuando los incrédulos del Qurayš, espoleados por los judíos, enviaron a Nadr Ibn al Hariz a intrrogar al Profeta sobre la naturaleza y la esencia del espíritu, Allâh, primeramente, afirmó su existencia, y dijo: “Y ellos te interrogan sobre el espíritu”; seguidamente negó su eternidad diciendo: “Responde: el espíritu procede de la Orden de mi Señor” (Corán 17-87). Y el Profeta ha dicho: “Los espíritus son como batallones que se reúnen; aquellos que se conocen se ponen de acuerdo, y aquellos que no se reconocen se desacuerdan entre ellos”. Existen numerosas pruebas similares sobre la existencia del espíritu, pero ellas no contienen afirmaciones irrefutables en cuanto a su naturaleza.

Algunos estiman que el espíritu es el soplo que permite que el cuerpo tenga vida, opinión esta sostenida por un gran número de filósofos escolásticos. Según estos, el espíritu es un accidente (‘arad) que, bajo la Orden de Allâh, mantiene el cuerpo en vida, y del cual provienen la relación, el movimiento, la cohesión, y otros accidentes análogos por los que el cuerpo cambia de un estado a otro.

Otros aún, declaran que el espíritu no se asimila a la vida, aunque ésta no pueda existir sin él: el espíritu no puede estar sin cuerpo, las dos entidades no se encuentran nunca separadas; ellas están juntas como lo están el dolor y el conocimiento de lo que es el dolor. Ellos piensan pues que el espíritu es un accidente como lo es la vida.

Todos los šuyuj sufís, no obstante, así como los musulmanes más ortodoxos, pretenden que el espíritu es una substancia, y no un atributo; pues, tan largo tiempo como él se encuentra en el cuerpo, Allâh crea continuamente la vida en ese cuerpo, y la vida del hombre es un atributo por el cual él vive, pero el espíritu es depositado en el cuerpo, y puede separarse de este en tanto y en cuanto el cuerpo siga en vida, tal y como ocurre durante el sueño. Aun así, cuando el espíritu lo abandona, la inteligencia y el conocimiento no permanecen. Ahora bien, el Profeta ha dicho que los espíritus de los mártires tomaban las formas de los pájaros: en consecuencia, el espíritu ha de ser una substancia; y el Profeta ha dicho asimismo que los espíritus son como batallones, y los ejércitos son subsistentes; ahora bien, ningún accidente puede subsistir, pues un accidente no puede gozar de la existencia por él mismo.

El espíritu es pues un cuerpo sutil (ŷismi latîf) que va y viene siguiendo la orden de Allâh. La noche de la Ascensión, cuando el Profeta encontró en los cielos a Adam, Yussuf, Mûsâ, Harun ‘Isâ e Ibrâhîm, es sus espíritus lo que el vio: y si el espíritu fuera un accidente no tendría un modo de existencia propia hasta el punto de llegar a ser visible, ya que él tendría necesidad entonces de habitar dentro de las substancias las cuales son materiales (kajif). Es entonces que ha sido demostrado que el espíritu es a la vez sutil y corpóreo, pues siendo corpóreo es así que puede ser visible. Y los espíritus pueden volar como las aves y desplazarse como los ejércitos, tal y como lo declaran las tradiciones proféticas (Sunna).

Sobre este punto estamos en desacuerdo con los heréticos, los cuales afirman que el espíritu es eterno y lo adoran, considerándolo como el único agente y gobernante del mundo, llamándole el espíritu increado de Allâh que puede pasar de un cuerpo a otro. Ningún error popular ha gozado nunca de tanta audiencia como esta doctrina, que es sostenida por los cristianos, aunque aparentemente ellos lo expliquen de otra manera, así como por los hindúes, los tibetanos y los chinos, sostenida asimismo por los  ši’itas, los qarmatis, los batinis (esoteristas). Todos ellos fundan sus creencias sobre ciertos postulados y aportan pruebas en apoyo a sus afirmaciones.

Yo les pregunto entonces: “¿Qué entendéis vosotros por eternidad”? ¿Queréis decir con ello la persistencia de una cosa que no es eterna, o algo que ha existido siempre? Si ellos entienden por eterno la preexistencia de una cosa no eterna, entonces en eso estaríamos de acuerdo, pues nosotros pensamos que el espíritu no es eterno y que él existía antes de que lo hicieran los cuerpos, como el Profeta ha dicho: “Allâh ha creado los espíritus dos mil años antes que los cuerpos”. En consecuencia, el espíritu forma parte de las criaturas de Allâh, y Él lo ha añadido a otra especie de Sus criaturas, y uniéndolas El produce la vida por Su Predestinación. Pero el espíritu no puede pasar de un cuerpo a otro; al igual que un cuerpo no puede tener dos vidas diferentes, un espíritu no puede tener dos cuerpos. Si estos hechos no estuvieran afirmados en las tradiciones por un Profeta que dice la verdad, y si la cuestión fuera considerada únicamente desde el punto de vista de la razón, entonces el espíritu sería considerado como la vida y ninguna otra cosa más; sería un atributo y no una substancia.

Ahora supongamos que ellos dicen que el espíritu es algo eterno que siempre ha existido; en este caso, yo pregunto: ¿existe el en el conocimiento de Allâh o no? Si ellos responden que no, entonces ellos están afirmado la existencia de dos eternos, lo que es contrario a la razón, pues lo eterno es infinito, y la existencia de un ser eterno limitaría la del otro, lo cual es absolutamente imposible. Pero si ellos responden que Allâh lo conoce, entonces yo digo que Allâh es Eterno y que Sus criaturas no lo son: es imposible que lo eterno se mezcla con aquello que no lo es, o que unido a ello se vuelva inmanente en él, o que lo no eterno sea el lugar de lo eterno, pues todo cuanto se une a otra cosa se vuelve idéntico a ella, y solamente las cosas homogéneas pueden estar unidas y separadas. Y si ellos afirman que el espíritu no existe por él mismo pero sí por alguna otra cosa, entonces él debe ser un atributo (sifa) o un accidente (‘arad). Si fuera un accidente debería encontrarse en algún lugar, o no. Si se encuentra en un lugar, su lugar debe corresponderse con él mismo, y ni el uno ni el otro podrán llamarse eternos; y declarar que no tiene lugar es un absurdo, ya que un accidente no puede subsistir por el mismo.

O aún, si ellos estimaran que el espíritu es un atributo eterno – y es esta la doctrina de los hululis y aquellos que creen en la metempsicosis, y que le llaman un atributo de Allâh, yo respondo que un atributo eterno de Allâh no puede llegar a ser un atributo de Sus criaturas, pues de esa manera Su Poder podría volverse el poder de ellas; y, habida cuenta de que un atributo reside en su objeto, ¿cómo entonces un atributo eterno  podría persistir en un objeto contingente? Tal y como lo acabo de demostrar, lo eterno no tiene lugar en lo contingente, y la doctrina de los heréticos que afirman lo contrario es errónea. El espíritu es creado y se encuentra bajo la orden de Allâh. Quienquiera que profese otra creencia se encuentra en un error flagrante y no puede distinguir lo que es contingente de lo que es eterno. Ningún santo, si su santidad es auténtica puede ignorar los atributos de Allâh. Dirijo alabanzas sin fin a Allâh que nos ha protegido de las herejías y de los peligros, y nos ha otorgado una inteligencia para examinarlos y refutar sus argumentos, y que nos ha dado la fe a fin de que Le podamos conocer. Alabanzas ilimitadas a Allâh, pues no es admisible dirigir una alabanza limitada a una Misericordia infinita.

Cuando las gentes que no distinguen otra cosa que el aspecto exterior de las cosas escuchan tales historias de parte de los teólogos, ellos se imaginan que todo ello procede de la doctrina de los aspirantes al Sufismo. Se equivocan grandemente y se extravían con ello, y la consecuencia de ellos es que se quedan ciegos ante la belleza de nuestro conocimiento, místico y el esplendor de la santidad divina y de las luces de la iluminación espiritual, porque los sufís eminentes consideran por con la misma indiferencia la aceptación o la repulsa por parte de las gentes.