7 octubre 2026
Sufismo

Sobre el abandono de sí mismo

Abdul Karim Mullor

Sobre el abandono de sí mismo

Sé que existe una obra de Aḥmad Ibn Ata’i-l-Lâh al ‘Iskandarî titulada algo así como “El abandono de sí mismo”. No voy a hablar de ella en absoluto. El autor ya falleció hace siglos. Poca utilidad tendría aportar sus escritos aquí.

Sin embargo, el concepto en sí, de la misma manera que la realidad que él engloba, se encuentra vivo. El abandono de uno mismo en una realidad Universal que trasciende la línea del Tiempo.

Algunos creen que abandonarse a uno mismo es plegar velas, hacer el equipaje y trasladarse con todo su bagaje de un lugar malsano a otro mejor. Estos no saben que hay lugares en los que no puedes entrar sino es vacío o ligero de equipaje.

Cuando Mûsâ – ˤalayhi-s-salam – se dirigió a hablar con su Señor, Allâh le ordenó quitarse sus sandalias.

Hoy, quien se siente poeta cree que se puede acercar a Allâh con sus presuntuosas poesías; quien se tiene por escritor, quiere presentarse con sus auto encumbrados escritos, los que él mismo supra valora aunque en realidad nada valgan.

Otros se quejan de las normas religiosas, aunque para comer sigan entrando los alimentos por la boca, sin percatarse de que cada cosa en este mundo necesita hacerse de una manera específica acorde con nuestro ser que Allâh ha creado.

Cuando uno se sobre valora lo ha perdido todo. Imaginad 8 mil millones de personas supra valorándose en este nuestro mundo. Si ya es difícil vivir en él, entonces sería imposible. Nadie es mejor que nadie, sino es por un favor de su Señor.

Si el que escribe estas líneas tuviera de él una idea en desacuerdo con su propia realidad, todo su esfuerzo sería en vano. Aprendí a quitarme mis sandalias, y, en su defecto, lo que haga falta, para acercarme a la Verdad. Yo no soy nadie, lo que soy lo soy en Allâh.

Abandonarse a uno mismo no es renegar. Somos la creación de Allâh; todo tiene un sentido; incluso hasta el último de los pelos de nuestras cejas. Todo es sagrado porque lo ha creado El.

Abandonarse a uno mismo es poner en duda el concepto que tenemos sobre nosotros; es vivir en la Realidad. Se trata pues del abandono de lo ilusorio, de ideas vagas que han penetrado en nuestro ser cobrando cuerpo, haciendo frente a nuestra propia verdad.

Se trata entonces de hacer frente a nuestra propia voluntad. Hemos de preguntarnos cuál es el origen de nuestras decisiones; de dónde procede la voluntad que las ha dado vida. Entonces encontraremos el Nafs.

Si esa voluntad procede del querer (o la pasión) de nuestra alma, debemos abandonarlas pues, al igual que Mûsâ se descalzó ante su Señor.

Si somos perspicaces debemos saber que el lugar de manifestación de Allâh no ha de ser precisamente una zarza. Todo el Universo, incluidos en él nosotros mismos, es sagrado. Somos una de sus expresiones, y si fuéramos consecuentes deberíamos andar descalzos todo el tiempo pues no encontraríamos lugar alguno en el que El no estuviera presente.

En una ocasión, un maestro sufí reunió a sus discípulos y les dijo:

– Id cada uno de vosotros, buscad un pájaro y sacrificarle en un lugar en el que no seáis vistos por nadie. Luego, esta tarde, venid todos con vuestra presa en las manos –

A la tarde, todos vinieron con su pájaro sacrificado en las manos, salvo uno.

El maestro le preguntó diciendo:

– Os he dado a todos una orden y tú eres el único que no la ha cumplido -.

El discípulo respondió:

 – Šayj; he atrapado el ave, y de seguido he buscado un lugar discreto en el que nadie pudiera verme. Pero, sin embargo, no he encontrado lugar alguno en el que Allâh no me viera, y por ello no he podido sacrificarlo -.

Entonces, el maestro les dijo a todos:

– ¿Veis? Este discípulo os ha superado a todos. Es el único que ha comprendido mis enseñanzas ¿Acaso no sabéis que allá dónde estéis sois observados por Aquel que todo lo ve? -.

Es así pues. No se trata de abandonar el lugar en el que te encuentras. El abandono de uno mismo es andar sin sandalias sabiendo que allá donde estés se encuentra el Amado.

No se trata de poner en duda los preceptos del Amado para probar tu obediencia. Se trata de ver estos como una misericordia que te arregla mente y cuerpo y te acostumbra a obedecerle a Él.

Pero si tú quieres entrar en la Presencia Santa con tus zapatos llenos de barro, no se te abrirá la puerta y te quedarás siempre con tus miserias, dando vueltas sobre ti mismo sin saber quién eres ni lo que eres.

Al abandono de uno mismo es andar sin sandalias por todas partes. Andar sin las sandalias de tu voluntad, descalzo, para que El recubra tus pasos y te eleve por encima de las miserias.

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