12 octubre 2026
Sufismo

SIGNIFICADO DE LA FUTUWWA – Fernando Mora

Fernando Mora

Permitidnos primeramente decir que el equipo de redacción de Esislam saluda y da la bienvenida a Fernando Mora, cuyas colaboraciones van a acrecentar ostensiblemente la calidad de nuestra web.

Estudioso del Chayj al Akbar (Muhiyyuddin Ibn Arabi), Fernando Mora ha captado profundamente el sentido de los escritos del maestro, haciéndolos llegar a los lectores de manera nítida, a fin de que todos aprovechemos de la gran sabiduría de este gran chayj murciano que podemos considerar como nuestro. Nuestro Ibn Arabi pues, presentado de manera irreprochable por nuestro Fernando Mora.

Esislam.

SIGNIFICADO DE LA FUTUWWA

La futuwwa –palabra derivada del árabe fatā (pl. fityān)–, un concepto profundamente arraigado en la tradición islámica, se traduce por lo general como «caballerosidad», o, como ya hemos visto, «caballería espiritual». Esta noción tiene sus raíces en la antigua tradición árabe y también persa (donde se conoce como ŷavānmardi), desarrollándose a lo largo de los siglos –como hemos indicado– en el contexto del ṣūfīsmo y en otros ambientes culturales, como, por ejemplo, los trovadores y los caballeros medievales del entorno cristiano.

El término árabe futuwwa proviene de la raíz f-t-w que designa la juventud, la fortaleza interior, la generosidad y la valentía. Esta última acepción es similar al término latino virtus, al griego areté (ἀρετή) y a la recién citada ŷavānmardi . El término derivado al-fatā se puede traducir por mozo, joven, aunque también por caballero, héroe.

La perfección de la futuwwa se atribuye en el islam al profeta Muḥammad, quien a lo largo de su vida mostró en su comportamiento hacia las criaturas las más nobles virtudes, es decir, la generosidad, por la que distribuía al final de cada jornada cuanto tenía a los pobres sin ahorrar nada para el día siguiente; también la deferencia en el trato, pues como dijo un sirviente de Jadīŷa–primera esposa de Muḥammad–que vivía en casa del Profeta: «Durante los años en que serví en casa del Profeta, jamás me ordenó nada». También hay que destacar la valentía en las batallas en las que era el primero en entrar en combate y el último en retirarse y la preferencia por los demás como cuando, a punto de sucumbir en una batalla no suplicó a Allāh por su propia vida, sino por la de su ʾumma o comunidad. A todas estas virtudes hay que sumarle su integridad moral, que le valió el nombre de al-amīn, «aquel en quien se puede confiar», así como su acendrado pudor, su exquisita ternura y su extraordinaria compasión que, con frecuencia, le empujaba a llorar por las desdichas ajenas.

La futuwwa constituye la regla del caballero musulmán y su influencia en la Europa medieval fue determinante para crear el código de honor del caballero, defensor de las viudas y los huérfanos y casto amante de su dama a cuyo servicio se entregaba con absoluta devoción. Figuras como Francisco de Asís o el ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha y otros caballeros famosos encarnan en su persona –y en el entorno occidental– las virtudes de la futuwwa, al igual que los trovadores occitanos o los Fedeli d’Amore de la Francia e Italia del medioevo.

Ibn ʿArabī dedica a la futuwwa tres de los 560 capítulos de su ingente obra «Las Revelaciones de la Meca» (Al-Futūḥāt al-makkiyya). Para el Šayj, el origen de la futuwwa es la divinidad misma, cuando sin necesidad alguna crea el mundo por pura generosidad: Dios es Independiente de manera absoluta. Un ser de esas cualidades, al conceder la existencia al Universo, no lo ha hecho porque tenga necesidad de ello, sino que le ha dado existencia por el Universo mismo, otorgándole prioridad frente a la singularidad de Su Existencia. Esa es, sin duda, la futuwwa por excelencia de la que nos habla la tradición profética: «No he creado a los genios y a los hombres más para que Me adoren» (Corán 51:56). Pero entraremos de manera pormenorizada en este particular más adelante.

Por ahora digamos tan sólo que Allāh nos ha creado, nos ha sacado de la noche del no-ser por pura futuwwa –o generosidad– porque así lo ha querido y no porque estuviese obligado a ello en modo alguno, para otorgarnos el regalo infinito de la existencia. Si estamos vivos es por la gracia divina. Reflexionar sobre esto colma el corazón de gratitud y alegría ¡No sólo nos ha dado la vida, sino que nos ha concedido la vida eterna! ¿Cómo agradecerle pues semejante regalo?

En su manifestación más temprana, la futuwwa está vinculada a las tradiciones árabes preislámicas de nobleza y generosidad. En ese ámbito, se esperaba que los jóvenes mostraran un comportamiento caracterizado por el coraje y la hospitalidad. Con la llegada del islam, dichos valores se vieron incorporados y transformados, integrándose en un vasto marco religioso y espiritual. En el contexto islámico, la futuwwa se convirtió en un ideal de conducta que combinaba virtudes morales –como valentía y lealtad– con la entrega a Dios y servicio a la comunidad. Durante los primeros siglos del islam asistimos a la consolidación de la futuwwa en diversas fraternidades y asociaciones que promovían estos valores, aunque no es hasta el siglo xii –bajo los auspicios, como veremos después, del califa An-Nāṣir li-Dīn Allāh (1181-1223)–, cuando se formalizan, en Bagdad, las primeras organizaciones de este tipo durante los siglos xii y xiii.

Como ya hemos señalado, el ṣūfīsmo tuvo una influencia importante en la futuwwa. Los sufíes adoptaron y reinterpretaron este concepto, enfatizando la purificación del alma y la búsqueda de la proximidad a Dios. En ese sentido, las prácticas de futuwwa en las órdenes sufíes incluían no sólo el valor y la generosidad propias de un sendero de acción, sino también humildad, autosacrificio y amor desinteresado por los demás. Es en este ámbito que Ibn ʿArabī reinterpreta el concepto desde una perspectiva netamente espiritual. Para él, la futuwwa no es simplemente un conjunto de virtudes morales, sino una manifestación de perfección espiritual. El caballero espiritual, el fatā, es aquel que purifica completamente su pensamiento y sus emociones y alcanza un estado de proximidad a Dios, un estado que implica no sólo el cumplimiento de las obligaciones morales y religiosas, sino también una profunda transformación interior. En los escritos de Ibn ʿArabī, las virtudes de la caballería espiritual incluyen, por supuesto, generosidad, coraje, lealtad y humildad. Sin embargo, también enfatiza y concede igual importancia al conocimiento espiritual y la sabiduría. El fatā comprende las realidades espirituales y actúa en consecuencia. Este elemento relacionado con la acción en el mundo es la característica más importante de la futuwwa.

Ibn ʿArabī y otros autores citan a menudo ejemplos de figuras históricas y proféticas como modelos de futuwwa. Entre estos, sin duda el profeta Muḥammad es el ejemplo supremo de fatā, mostrando a través de su vida y conducta las virtudes de la futuwwa en su manifestación más excelsa. Otros ejemplos también incluyen a los compañeros del Profeta y a figuras prominentes de la historia islámica que han demostrado estos ideales. Entre los compañeros del Profeta destaca la figura de ʿAlī ibn Abī Ṭālib (599 ó 600-661), primo y yerno del Profeta, a quien se le asigna la frase: «No hay otro fatā que ʿAlī, no hay otra espada que Dhū l-Fiqār», pronunciado Zulfakar, espada regalada por el Profeta, durante la batalla de Uḥud en elogio de la hazaña de ʿAlī consistente en partir en dos el escudo y el casco del guerrero enemigo más fuerte, destrozando su propia espada en esa acción. Se dice que el Profeta entonces le dio la suya propia para reemplazar la espada rota.

El término futuwwa también hace referencia a grupos organizados de jóvenes adheridos a un férreo código de honor. En el siglo xii, las organizaciones futuwwa aparecieron en todo el Creciente Fértil e Irán como entidades organizadas con elaborados rituales y procesos de iniciación. Los grupos de futuwwa se mencionan en textos relacionados con órdenes sufíes; existían en Transoxiana y Jorasán, y como ajis (hermandades) en zonas túrquicas, donde a veces aparecían como combatientes paramilitares y tenían conexión con diferentes gremios artesanales. Entre los siglos viii y x, se hablaba de individuos, como Nuh al-ʿAyyar, un fatā de Nīšapur que llevaba un estilo de vida ascético, y como algunos grupos de fityān que vivían apartados de la sociedad y disfrutaban de su mutua compañía.

No obstante, en general, durante los periodos de anarquía intermitente y lucha por el poder político que caracterizaron al Creciente Fértil durante determinados segmentos históricos, estas congregaciones se mantuvieron activas en las ciudades, algunas de ellas formando incluso grupos paramilitares en Bagdad. Algunos de estos grupos eran los fityān y los ʿayyarun, a menudo definidos como vagabundos, que en ocasiones luchaban contra el régimen político establecido y otras veces defendían la autonomía local frente al invasor militar. En Siria, grupos similares formaban milicias urbanas y eran utilizados por importantes familias notables con fines políticos, es decir, como milicias a sueldo para luchar entre sí o contra el régimen en el poder.

Los historiadores discrepan acerca de los orígenes y naturaleza de estos grupos. Algunos ven antecedentes de ellos en versiones anteriores de grupos masculinos que existieron en Oriente Próximo, como las facciones circenses bizantinas que se originaron en el Imperio Romano o las fraternidades persas sasánidas (javānmardī), cuyos devotos de la lucha se reunían en la «Casa de la Fuerza» (zurjaneh) forjando una relación maestro-novicio. Durante el siglo xii, los cronistas hablan de la existencia de organizaciones futuwwa en el Creciente Fértil, que eran clubes claramente masculinos, formando organizaciones paramilitares. Otras eran agrupaciones dedicadas a deportes como el tiro con ballesta, la lucha libre y el entrenamiento de palomas mensajeras, mientras que otras eran organizaciones de ayuda mutua. Entre sus miembros podía haber musulmanes y no musulmanes. Había artesanos y obreros, pero también la clase baja o los marginados –eunucos y esclavos–. Quedaban excluidos de ellas recaudadores de impuestos, comerciantes de vino, adivinos, magos, astrólogos y los autores y cómplices de cualquier delito grave. Algunos de sus miembros practicaban el celibato, mientras que otros se casaban; a menudo los grupos vivían juntos en casas de futuwwa o comían en un refectorio común.

Pero, si bien adoptaban formas distintas en distintos lugares, compartían características que los diferenciaban del resto de la sociedad musulmana. Vestían ropas especiales y eran investidos con sus pantalones futuwwa y su cinturón de honor (libas al-futuwwa) durante una ceremonia de iniciación en la que consumían la bebida característica de la iniciación de la futuwwa, es decir, una copa de agua con sal, puesto que el Profeta ofreció este tipo de bebida a ʿAlī. En cuanto al cinturón, también Muḥammad puso un cinturón en torno a la cintura de ʿAlī. El agua simboliza la gnosis y la sabiduría, la sal representa la justicia, los pantalones la decencia y la continencia, mientras que el cinturón alude al valor y el honor.

En lo que respecta al agua con sal, la siguiente historia nos dice que Muḥammad pidió sal y un cuenco con agua. Juntó un poco de sal y dijo: «Esto es la šarīʿa». Luego la echó en el agua. Después, volvió a reunir un poco de sal y señaló: «Esto es taṛīqā». A continuación la añadió al agua. Seguidamente, volvió a agarrar un poco de sal y dijo: «Esto es ḥaqīqā». Luego la puso también en el agua. Después, se la dio a beber a ʿAlī y le dijo: «¡Oh ʿAlī! Tú eres el caballero de este pueblo. Tú eres mi amigo y yo soy amigo de Gabriel y él es amigo de Dios». Esta narración es el auténtico principio de los rituales caballerescos. Los caballeros seguían esta tradición bebiendo agua de un cuenco de agua con sal. Beber agua y sal se refiere al conocimiento que se obtiene, a través de la pureza, de la eternidad y la sabiduría, con la que se dotó al ser humano antes de venir a este mundo, pero que ahora se ha perdido en cada creyente. Y es que la vida de los corazones depende del conocimiento, como los cuerpos dependen del agua para vivir.

Esislam.com - Comunidad de Islam en español para el Diálogo Intercultural
Resumen de privacidad

Esta web utiliza cookies para que podamos ofrecerte la mejor experiencia de usuario posible. La información de las cookies se almacena en tu navegador y realiza funciones tales como reconocerte cuando vuelves a nuestra web o ayudar a nuestro equipo a comprender qué secciones de la web encuentras más interesantes y útiles.