Sermón (Jutba) del Aid de la comunidad Abu Madyam

Jutba del día del Aid al Fitra – Ramadán 1443

Hermanos/as

A-s-salamu ˤalaykum wa raḥmatu-l-Lâhi wa barakatuhu

En el Nombre de Allâh, el Todo Misericordioso, el que extiende Su Misericordia

Y la plegaria y la paz sean sobre Muhammad, el siervo humilde de Allâh y guía cumplido de todos los musulmanes hasta el Día del Levantamiento y en el Ajira

Estamos aquí celebrando una bendita Fiesta como una gracia bendita que Allâh nos ha dispensado.

Hemos obedecido a Allâh durante este mes de Ramadán, cuya bandera aún flamea en nuestros corazones; cuyo recuerdo no se borra por la ausencia. Un Ramadán que nos ha visto entrar empobrecidos y ahora nos ve salir enriquecidos por las bondades recibidas, sin cuenta, una detrás de otra. Todo, absolutamente todo, se encuentra medido y pesado para nuestro bien. No hay una partícula ni acontecimiento que no ocurra en nuestro beneficio.

¡Quisiera Allâh que en realidad fuéramos una sola Umma!

Aunque por desgracia esto no es así. El amor y la solidaridad que debiera presidir las relaciones entre los musulmanes se han esfumado. Pero como no desesperan del Favor de Allâh sino los incrédulos, estamos convencidos que los tiempos de la unidad y de la hermandad están ya tan cerca que se pueden tocar.

Cuando los emigrantes salieron de Meca para Madina, al llegar, fueron recibidos con los brazos abiertos por los anṣar, quienes les dieron casa, comida y bienes; quienes renunciaron a una parte de lo que legítimamente les correspondía para acoger a sus hermanos. Si no hacemos esto, sino somos como aquellos anṣar no podemos considerarnos verdaderos musulmanes. Nuestros corazones no deben ser prisioneros de la Dunya y de sus lujos prometedores, sino que deben estar atentos al Dios del Universo para que El los dirija a Su Voluntad. Y es poniendo nuestras voluntades en Sus Manos que triunfaremos en esta vida y en la Otra, ya que perder es triunfar, empobrecerse es riqueza y envilecimiento es grandeza.

Ramadán, un mes que nos ha purificado, un mes que no debe salir de nuestro interior. ¡Si solamente fuéramos capaces de guardar las gracias recibidas durante este mes!

En este viaje de la vida, unos nos encontramos delante, otros atrás; unos estamos más cerca del encuentro, otros están más lejos. Nuestros báculos ¿están llenos o vacíos? ¿Qué hemos preparado para el encuentro? ¿Nos hemos embellecido para entrar en el Palacio del Rey? ¿Nos hemos perfumado para ser dignos de ser recibidos? ¡Si solamente concibiéramos la hermosura del Rey de reyes, en Su Trono de Verdad y de Justicia, de Amor y de Sabiduría!

¡Pero no! Hoy nos acicalamos para recibir los bienes materiales y descuidamos lo que verdaderamente importa. Somos descuidados, incautos; estamos en la gafla, en el olvido de Allâh. Hoy nos somos capaces de ni tan siquiera encontrarnos a nosotros mismos. Olvidamos quiénes somos y para qué existimos.

No hermanos/as; el verdadero Ramadán no se acaba; todo el año es Ramadán, si verdaderamente somos siervos de Allâh. Todo el año es el tiempo del perdón, de la misericordia, de compartir, de inclinarnos ante el Señor que todo lo puede. Somos de Él, por El y en El. Nuestro Amado, nuestra Qibla, nuestro Bien.

Salimos del vientre de nuestras madres, purificados, y es así como debemos retornar a Él. No solamente en el momento de nuestra muerte, sino en el transcurso de nuestras vidas. La vida y la muerte han de ser lo mismo, pues muerto está a lo material aquél quien en vida se echó en Sus brazos para ser Suyo de una vez.

Hoy, es un día de regocijo, un recuerdo de ese Paraíso bendito en el que no tendremos preocupaciones ni penas, si somos conscientes de nuestro Destino, de para qué nacimos y para qué vivimos. Hoy sabemos que somos de Él, que después de la dificultad viene el alivio.

Hoy miramos a los hermanos con misericordia, hoy sabemos que somos una Umma, una nación de Verdad y de Amor, de Perdón, consistente como las rocas, erguidos como las montañas, altos como los cielos, extensos como el mar, perfumados como el almizcle. Hoy tenemos consciencia de qué somos el Universo entero, sin tacha ni mengua. Hoy somos el Ser humano.

Hoy recogemos a los pobres en nuestros regazos, curamos a los enfermos con la ayuda de Allâh, pues con El y por El todo podemos.

Mañana, hermanos/as es hoy, hoy ha de ser mañana. Y si así fuera, contentaríamos a nuestro Señor, al Universo y a los habitantes de los cielos y de la tierra. La vida es simple; ¿para qué complicarla entonces?

El Tiempo se ha parado, las distancias se han reducido, todo ello será así si los corazones comprenden su cometido, que no es otro que reflejar las Bondades y la Verdades divinas.

¡Qué Allâh proteja al Islâm y a los musulmanes! ¡Que una los corazones y destierre los rencores! ¡Que nos perdone! !Que nos otorgue Sus luces! ¡Que el Amor sea nuestra divisa y la Misericordia nuestra bandera, y que flameen erguidos en las almenas de las fortalezas de nuestros corazones, en actos, palabras y pensamientos!

Amín