17 junio 2024
Fiqh y jurisprudenciaHadiz

Ser Muhammadí, el corazón de la Sunna

Abdul Karim Mullor

Ser Muhammadí, el corazón de la Sunna

No podemos conceptuar la Sunna del Mensajero de Allâh – sobre él la plegaria y la paz – como una costumbre ideal de imitar a fin de obtener beneficios y bendiciones. Antes bien, debemos ahondar en su espíritu y en las razones de por qué Allâh nos ordena o recomienda, según los casos, seguir al Profeta.

No se trata de una simple imitación ciega sin sentido de causa, sino de algo que ha de ser emprendido con espíritu de indagación; con el fin de obtener un conocimiento claro que dé sentido extenso y profundo a nuestros actos.

Este comprender el sentido de la Sunna como un puro tecnicismo, como algunos hacen, cuya finalidad es la de obtener éxito en la Otra Vida, no es producto de otra cosa que del cálculo frío de un alma que utiliza las cosas santas para ganar y poseer. Al contrario, si la práctica de la Sunna nace de un alma simple que ama a Allâh y al Profeta, y que por dicha práctica busca conocer a Allâh y amar a Muḥammad, entonces seguramente podremos obtener conocimiento. La dulzura de esa práctica se nos hará más querida que cualquiera de los bienes de este bajo mundo.

El sentido de la Sunna

Muḥammad – ˤalayhi-ṣ-ṣalatu wa-s-salam – representa la Humanidad en todo su esplendor. Es decir, el Hombre en posesión y realización de todas las potencialidades espirituales que guarda el Ser humano como creación preferida por Allâh. Es entonces Muḥammad “Al Insan al Kamil”, “el Ser humano perfecto”.

Este Insan al Kamil no es un modelo de imitación, sino que se trata de una referencia, de una meta a conseguir para así poder obtener la actualización de todas nuestras posibilidades humanas y espirituales.

Visto de esta manera, podría verse como una fría exposición filosófica de un fin a conseguir para obtener grandeza. Esto sería así si dentro de estas consideraciones el amor no fuera el componente esencial. Efectivamente, nadie puede desarrollar las facultades espirituales internas sino es a través del Amor.

El Profeta habla de ello en múltiples ocasiones, declarando que nadie será realmente un creyente completo hasta que no ame a otro. Asimismo, el amor hacia el Profeta es declarado en varios hadices en los que se dice que hay que amar a Muḥammad más que a nuestras familias y a nuestros bienes.

Este amor es en realidad el Amor a Allâh, pues Él ha dejado al Mensajero como una teofanía Suya propia en la que El manifiesta Sus luces de una manera cumplida. Amando pues a Muḥammad, amamos a Allâh sin duda alguna.

Es el amor entonces la fuerza Divina que nos impele a ser Muhammadís. Y lo somos, no como imitadores de actos externos y de palabras. Antes bien, como Muhammadís buscamos ser una  manifestación más o menos mayor o menor de ese modelo de Hombre perfecto que es Muḥammad – ˤalayhi-ṣ-ṣalatu wa-s-salam-.

Debemos pues comenzar siendo una misericordia para todos, así como el Profeta lo es para los mundos. Es así que el núcleo de la Sunna es la Misericordia. ¿Acaso Allâh no hace alusión a ella manifestando que uno de Sus Nombres esenciales es “A-r-Râḥman”? ¿No es A-r-Raḥman quien nos ha enseñado el Corán y ha creado al hombre como dice la Surat A-r-Raḥman?

Fue Muḥammad creado como una Misericordia de la Misericordia de Allâh. Esa Misericordia Divina quiere para nosotros que retornemos a ella para acogernos en Su seno.

La fuerza con la que Él ha concebido que podemos retornar no es otra que el Amor. Este Amor ha ennoblecido al Hombre de una manera indescriptible. Si Allâh no nos tuviera en tan alta consideración, nos hubiera hecho retornar a Él por la propia Misericordia. Pero como Él nos ha elevado en grados, ha establecido el Amor para que Le amemos y Él nos corresponda.

¿Qué mayor galardón que el de recibir el Amor de Allâh? Él no tiene necesidad de amar a nadie. A pesar de ello, Él ha trascendido los límites de la Misericordia para ennoblecernos con Su Amor. Esto, si se reflexiona debidamente en ello, es un secreto cuya revelación podría hacer desplazarse a las montañas a la velocidad del viento, o hacer que la Tierra cesara su movimiento. Tal es la fuerza y la intensidad de los secretos de Allâh para con Sus siervos.

Si en todos los actos y palabras del Profeta somos capaces de ver amor y misericordia. Cuando somos capaces de considerar y visualizar las realidades desde esta perspectiva, entonces estamos trasformando nuestro interior; estamos regresando a la fuente eterna de la que emanamos un día sin dejar de permanecer en ella.

La Vida y la Muerte van juntas. La Vida permanece por la Eternidad, y la Muerte es la puerta de acceso. Aquel que muere a sus deseos, opiniones y fantasías abre de par en par las puertas de una Vida imperecedera. Un tal habrá bebido el elixir de la inmortalidad y habrá realizado quién es sin tener necesidad de leer y releer inacabables tratados de Filosofía o de normas de comportamiento.

La Realidad se impone cuando uno realiza quién es, cómo y por qué.

Pero, decidme: ¿Hay, hoy por hoy, quien se ocupa de eso de una manera efectiva?

¿Hay, en estos tiempos quiénes tengan conciencia plena que la vida mundanal no es otra cosa que un examen, una oportunidad para los sagaces, o pura diversión y juego para quienes se consagran a ella?

Ahora, hermano/a, ya sabes lo qué es la Sunna. ¡No lo olvides!