18 junio 2024
Noticias

Sentido americano del Ramadán

Por Hamurabi Noufouri, Director del Doctorado y la Cátedra UNESCO en Diversidad Cultural (UNTREF)

La semana pasada concluyó Ramadán. El mes del “cumpleaños” del Corán, porque fue cuando su contenido comenzó a ser revelado al Profeta ordenándole leer. Mandato del que extrae su nombre, pues Corán en árabe significa “Lectura” y que explica que alfabetizar al prójimo sea una de las obras por las que se gana el Paraíso.

La relevancia de la festiva sacralidad del mes, más cerca del alborozo navideño que de la solemnidad pascual, se evidencia al tener en cuenta que “[…] si para los cristianos el verbo eterno de Dios se ha hecho carne [en Cristo], para los musulmanes se ha hecho libro [con el Corán]” (Felipe Maíllo Salgado).

Pero Ramadán ya era “bendito” para la tradición islámica que sostiene que en él también se revelaron la Torá a Moisés; los Salmos a David y las enseñanzas bíblicas a Jesús. Y es que ningún musulmán cree que el Islam empieza con Muhammad. Con él finaliza el ciclo de revelaciones que inicia con Noe. Por eso no se entiende el sentido del Corán si no se (re)conocen los Evangelios y la Torá. Lo contrario nos condena a la caricatura del Orientalismo (neo) Colonial y sus repetidores locales, que nos “cuentan” un islam que como Covid-19 medieval cayó sobre la Humanidad.

Revelaciones que se agradecen físicamente durante todo el mes, con la abstinencia diurna de todo aquello comestible, bebible, fumable y de cualquier relación sexual. Pero como decía mi amigo y mentor Juan Goytisolo “[…] no es un acto de contrición sino de autodominio, lo que explica la alternancia, de otro modo incomprensible, entre la abstinencia del día y el recreo o deleite de la noche: el creyente cumple el reposo del guerrero que ha interrumpido el ejercicio de combatir consigo mismo, obediente en el esfuerzo como en el desahogo”.

Tan reprobable será no ayunar a partir del alba para quien física y mentalmente puede y lo desea, como no suspender esa conducta al atardecer. Su valor estriba en ser medio para esa alternancia que convierte cada crepúsculo de ese mes, en celebración del triunfo diario sobre las propias pasiones primarias y apetencias mundanas, para mejorar la empatía autocrítica de acto y palabra con el Otro, con el necesitado. Satisfacción por el esfuerzo (yihad) cotidiano que anticipa el festejo de esa victoria mensual sobre uno mismo, para mantener la templanza ética obtenida hasta el próximo Ramadán.

El “[…] Ritmo de vida igualador, unificador y dislocado […]” que impone la observancia colectiva del Ramadán robustece “los vínculos de solidaridad y conciencia identificatoria de los creyentes” aunándolos a través del espacio más allá de sus pertenecías de clase, etnia, lengua o nación, en un cambio de la percepción del tiempo existencial que confiere la certeza de formar parte de algo más grande que uno mismo. Quizás por eso, en la América colonial ya había mujeres que lo observaban clandestinamente como resistencia a su condición de “esclavas blancas”. Moriscas españolas cripto musulmanas traídas para servidumbre sexual y doméstica.

Más tarde lo harían los afromusulmanes esclavizados, quienes además encabezarían desde 1522 las luchas por la libertad en Haití, Cuba, Florida, México, Guatemala, Panamá, Venezuela, Perú y Chile hasta el Ramadán de 1835 de Brasil, con el levantamiento de los Males. Nombre africano del musulmán alfabetizado en árabe cuya escritura denominaban “Mandinga”, por lo que no resulta casual que en el habla criolla quedara como nombre del Diablo, al igual que en Perú quedó el de “trigo Beatriz de Salcedo” para nombrar al de calidad superior, pues a esa morisca, la más célebre de las “esclavas blancas”, debemos la siembra del trigo en Sudamérica.

Hechos que al valor islámico de los festejos libres y públicos del fin del Ramadán, agregan cierto sentido de homenaje a aquellos esclavizados que no pudieron hacerlo, de celebración de las libertades alcanzadas que lo permiten en nuestro Continente, y de fiesta de la que son partícipes todos los americanos creyentes en la libertad, la justicia y la solidaridad. Musulmanes o no.

Hamurabi Noufouri es Director del Doctorado y la Cátedra UNESCO en Diversidad Cultural (UNTREF)

Fuente: diario http://xn--clarn-2sa.com/