17 junio 2024
Nuevos Musulmanes

Se termina el Ramadán

Abdul Karim Mullor

A-s-salamu ‘alaykum – La paz sobre vosotros

Se termina el Ramadán; es hora de hacer balance. Es el momento de averiguar qué obtuviste de este mes, además del hambre, la sed y la falta de sueño.

Nos adentramos en él con la confianza de poder beneficiarnos de los dones de Allâh, que El prodiga en este mes bendito, y salimos de él con la seguridad de haber cumplido de manera aceptable con nuestro deber. Solamente queda saber si eres el mismo que cuando entraste, si eres el mismo que hace veintiocho días, si has pulido tu personalidad, mejorado tus costumbres; en resumen, si has ascendido uno o algunos peldaños más en la escala de la Fe.

Mira si se estremece tu corazón y se humedecen tus ojos por el recuerdo de lo Divino, por la confianza en Su Bondad y Misericordia; dime si has sentido Su Favor, pues aquél que lo recibe no puede quedar insensible. O, si por el contrario, estás deseando que termine con la satisfacción del deber cumplido, para poder volver a tus rutinas de siempre, a tus pequeños regocijos a los que te encuentras bien apegado, tanto, que el Ramadán pasó sobre ti y tú no lo acompañaste. Si eres de los primeros, que Allâh te guíe y te haga misericordia, al menos pudiste sacar el agua bendita del pozo de la Sabiduría y del Bien. Si eres de los segundos, te acercaste al pozo, pero lo encontraste seco. Recuerda bien, el pozo eres tú, y encuentras en él según tu comportamiento y tus aspiraciones. Nadie puede encontrar dentro de uno mismo otra cosa que lo que en realidad es.

Y hoy, confrontados ante un tiempo que pasa, que se diluye en nuestras manos gota a gota, instante a instante, sin que lo podamos atrapar, despedimos el mes sin querer, lo vemos terminar. El Ramadán se va, y nosotros quedamos, solos ante nosotros mismos; no hemos participado ni en su venida ni en su adiós. Es valiente aquél que se confronta a sí mismo, se pregunta, se pide explicaciones, aquél que se mira como un espectador imparcial que juzga lo que ve sin pasión ni implicación algunas. ¿Dónde estuve? ¿Dónde estoy? ¿Dónde estaré? ¿Quién era, y quién soy? El río del tiempo sigue su curso, pero tú estás ahí, testimoniando que hay un presente, si es que puedes en verdad parar el tiempo y hacer tuyo ese instante precioso que no se puede medir con un reloj; ese sentir fuera del tiempo, ese ser no acotado por el espacio. Entonces aparecen ante ti y te sonríen los que viven en ese mundo intemporal en ese instante eterno que no acaba nunca.

Al igual que una flor fragante que comienza en capullo, se abre en todo su esplendor, cayendo al final, uno a uno todos sus pétalos, pasó Ramadán. Como esa flor eres tú, efímero; ahora queda saber si queda tu perfume, si una y otra vez, esa planta que produjo hermosas flores las puede hacer florecer para delicia visual del observador y satisfacción del Experto, de Aquel Experto que todo lo conoce, pesa y valora con una tasación justa y benéfica a la vez.

No seas como aquél loro que habiéndosele enseñado a decir “Allâh, Allâh” cuando se quema la casa, presa del miedo, y temiendo por su vida, se da a conocer con sus primitivos gritos, olvidando “Allâh, Allâh” en el momento verdadero.

Viajamos de las tinieblas primigenias a la luz que todo discierne; nuestro interior se abre y comprende, siempre que seamos íntegros, honestos con Allâh, con nosotros mismos, con los demás; siempre que seamos uno en toda circunstancia y situación.

Vivimos solamente una vez, no lo olvides. Por eso has de parar el tiempo, y convertir esa agua que va pasando delante de ti en un instante eterno que siempre vivirá en tu interior.

¿Comprendiste? ¿Sí? Pues, adelante, sin miedo, es un camino seguro, flanqueado por la fragancia de la Belleza, del Amor y del Bien; y aunque en ese camino, más allá de sus bordes, los peligros amenacen, sabe que ellos están ahí para servirte, para que te sientas en seguridad solamente en el camino, para que no traspases sus bordes.

Que Allâh haya aceptado tu ayuno, transeúnte por el sendero de la vida; que tus ojos se abran para no cerrarse nunca, pues la Belleza se encuentra en lo eterno, y lo eterno, si tú quieres y eres perspicaz, se encuentra dentro de ti.