Rumi – Shams y los mogoles

Rumi y los mogoles

Creo que si debiera presentar a Ŷalaluddin Rumi, esto sería un ejercicio inútil dada la consagrada fama mundial de la que goza gracias a sus poemas, sus adagios y su estado espiritual elevado. Aun así voy a permitirme unas líneas al efecto. Soy consciente de que muchos nuevos musulmanes se ven privados del conocimiento del personaje por gentes cuyo fin es el de que su conocimiento no pueda ejercer influencia benéfica sobre otros.

De hecho, los enemigos del Tasawwuf, de miedo a que este sea conocido, hacen todo cuanto está en sus manos para que el arma de esta sagrada doctrina no delate los juegos anti islámicos en los que se encuentran imbuidas sus sectas.

Nació en 1207, en la ciudad de Balj, antiguo Jorasán. Era esta ciudad la misma que en tiempos gobernó Ibrâhîm Ben Adham. Aquel célebre sultán que, visitado por Al Jadir, dejó el sultanato para dedicarse a la Vía Sufí. El padre de Rumi (Bahauddin Walaad) era un maestro sufí. Salió de Balj hacia Anatolia con varios de sus discípulos cuando Rumi contaba solamente con 13 años. En estos tiempos los mogoles asolaban las ciudades más orientales del mundo musulmán y Anatolia resultaba ser un refugio seguro. El gobierno seljúcida combatía con denuedo y con moderado éxito a los mogoles y a los cruzados.

Se instalaron pues en la ciudad de Konia en la que tenía su sede el gobierno de Keikubad I. No sin antes haber visitado los santos lugares, así como otras ciudades famosas del mundo islámico. Durante este viaje tuvieron un encuentro con el escritor y poeta sufí Fariduddin Attar. Este fue quien puso a Rumi el nombre de Ŷalaluddin (la Majestad de la Fe).

Ya en Konia su figura sobrepasó los límites de los de un maestro sufí. Se convirtió en consejero religioso del sultán, a quien ayudaba en las tácticas de guerra. Curiosamente el poeta del amor, como fue Rumi, estuvo implicado de lleno en la Guerra Santa contra mogoles, cruzados y los templarios (antiguos precursores de la teología masónica). Todo turco conoce el apoyo que el maestro otorgó a Ertugrul y a su hijo Uzman (primer califa otomano). Incluso Uzman I fue discípulo suyo en el Sufismo, a la par que un gran guerrero. Esta circunstancia es prueba fidedigna de que siempre y en todo lugar los grandes y reputados sufís fueron adalides en la Guerra Santa. Nunca se escondieron de su responsabilidad para con el pueblo y la Religión.

El maestro de Ŷalaluddin Rumi fue Šams Tabrizi. Él le inició en el sirr (secreto de los secretos) que guarda con celo todo aquello que no puede ser revelado a todas las gentes. De ahí esa obra tan singular y conocida, escrita por ˤAbdul Qadir Ŷilani (Sirru-l-‘asrar = el secreto de los secretos).

La visión – Šams Tabrizi y los mogoles

Tuvo Rumi una visión en la que una tormenta de arena hacía salir de su seno un grupo de mogoles que sin duda iban a atacar la fortaleza inexpugnable de Erzuzum. Dicha fortaleza era la antesala de la de Konia, ciudad a cuya defensa servía de refuerzo. El sultán Kaykhusraw II, hay que decir que estaba rodeado de consejeros. A pesar de eso entre ellos se encontraban traidores a sueldo de lo mogoles. Esto hizo que, dubitativo, tardara en reaccionar y no enviara soldados a Erzuzum a tiempo. Mientras, los mogoles, en número de 20 a 30 mil se abalanzaban hacia la fortaleza. A pesar de que el sultán confiaba en las palabras de Rumi no se vio con fuerza moral para movilizar a sus soldados por motivo de una visión.

Al final todo ello acabó con la toma de Erzuzum por las tropas mogolas después de un asedio que duró dos meses.

No obstante, años después los mogoles fueron puestos a raya por Uzman, y el sultán mameluco Baibars obtuvo una memorable victoria sobre ellos en Ain Talut (Palestina).

La lección

Mediante la visión mencionada, Šams Tabrizi quiso enseñar una gran lección a su discípulo indicándole que, si bien los mogoles eran terribles guerreros y temibles enemigos en el mundo material, todos nosotros tenemos un ejército de mogoles en el interior que nos impide progresar en el mundo espiritual. Estos temibles mogoles son el Nafs. Ella es nuestro principal enemigo. Viene con sus ejércitos sanguinarios hacia nosotros para hacernos perecer. Es el motor que el šaytan enciende con su waswas y a través del cual él se vehicula dentro de nosotros mismos.

Si vencemos a estos mogoles, adoradores de ídolos, sucios y malvados, entonces habremos ganado la Batalla de las batallas. Entonces habremos conquistado la Constantinopla de nuestra alma; la Jerusalén de nuestro corazón y plantaremos el estandarte de la luz y la Verdad en lo más alto de nuestra fortaleza interior. Fortaleza esta que no podrá asaltar ninguno de los enemigos por mucho que nos asedie para que rindamos la plaza.

Si ganamos la Guerra Santa Mayor (contra nuestro Nafs), habremos conseguido una Victoria que quedará en los anales de los acontecimientos más santos y nobles que se han vivido nunca en este nuestro mundo.