Respuesta a la cuestión de saber qué es el hombre – Chayj Ahmad al Alawi

Sobre el Chayj al Alawi ya hemos tratado en diversas ocasiones. Queda por decir, para quien no nos haya frecuentado, que se trataba de un gran sabio de todas las ciencias del Islam y uno de los próximos a Allah. Este pequeño capítulo corresponde a una obra titulada «Tratado alawi de Filosofía islámica», la cual es útil, tanto a los musulmanes para que comprendan la naturaleza humana, como a los que no lo son a fin de que puedan apreciar los tesoros que poseen el Islam y sus múltiples ciencias.

Esta fotografía que aparece en portada corresponde a 1984, en el mes de Abril, en la puerta de la zawiya construída en tiempos del chayj al Alawi. El señor de la túnica verde era un maydub. A pesar de sus 90 años cuando la foto se puede observar en su rostro la pureza, la mirada penetrante y la sagaz inteligencia que nos demostró aquel día de increíbles maneras.

Respuesta a la cuestión de saber qué es el hombre

El hombre es un ser capaz de multiplicarse y de gobernarse él mismo. Ciertamente, no se le puede definir así sino es en la medida en la cual se le puede ver y tocar; pero, si tomamos en consideración el hecho de que sus sentidos no sobrepasan el estadio de la animalidad, esta definición entonces, aparece como no-satisfactoria. Estamos pues obligados a decir, para llegar a definir al hombre, que la noción hombre comporta un doble significado:

El primero concierne al hombre corporal que podemos ver y tocar, caracterizado por las particularidades de su especie.

El segundo concierne al hombre en tanto que poseedor de ciertas cualidades y características, de las cuales, la principal de ellas se eleva por encima de los instintos naturales y de todo cuanto se encuentra en la naturaleza del mal.

La primera podría ser nombrada “el hombre conocido” (al insan al maqi’) y la segunda “el hombre ignorado” (al insan al mayhul). No nos queda entonces sino repetir:

Si te interrogan al sujeto del espíritu, di: “El espíritu procede de la Orden de mi Señor” (Corán 17-85)

El hecho de que no podemos conocer este “hombre ignorado” detrás de esta forma densa (a-sh-shaku-l-jatif) y este temperamento duro (a-t-tabu-l-mutahayyir), que en la medida en la que él manifiesta a veces grandes capacidades intelectuales (min bu’di-l-madarik) y una muy fina sensibilidad (wa raqiqi-sh-shu’ur). Como consecuencia de la contemplación de esto nos asombraremos diciendo:

Allah no lo quiera, este no es sino un simple mortal (Corán 12-31)

No obstante, aunque se trate de un ser humano, deseamos conocerle. ¿Quién puede informarnos acerca de él, para así refrescarnos el corazón, a la vez que tranquilizar nuestro espíritu? Las facultades del ser humano ¿pueden permitirle alcanzar un conocimiento profundo de la esencia del hombre (Kunh ma’na-l-‘insan)? La consideración de la analogía muestra que ello no es posible.

He constatado, en efecto, que cada una de sus capacidades de aprensión era incapaz de alcanzar su propia esencia. El ojo, por ejemplo, es incapaz de mirarse a sí mismo, y así todas las demás. Aún la razón, la cual comprende aquello que puede ser conocido, se encuentra incapacitada para conocer cuál es su naturaleza precisa.

Estos ejemplos nos muestran que el ser humano es incapaz de alcanzar su propia esencia, a menos que Dios le eleve hasta El. Sin embargo, el puede siempre pretender que la esencia humana (Al Yawharu-l-‘insan) es la cosa más noble de todo cuanto el universo contiene.

Conclusión

Es necesario que el hombre utilice su inteligencia y dirija su atención hacia aquello lo cual hace de él un ser humano, y esto conformemente a la palabra divina:

¿Acaso no os veis a vosotros mismos? (Corán 51-21)

Puede ser que encuentre así lo que busca. Y también:

Aquél quien se conoce a sí mismo conoce a su Señor – dice la tradición.