27 mayo 2024
Sufismo

¿Quiénes son los Sufis?

Abdul Karim Mullor

A-s-salamu ˤalaykum – La paz sobre vosotros

Algunos pensarán que cuando hablo del Sufismo lo hago de una manera completa y detallada. En absoluto, eso no es así, ya que, por este medio solamente me dedico a explicar lo que son sus principios vitales y doctrinales, encuadrados ellos en el amplísimo marco del Corán o de la Sunna. Pero nunca he incidido en los secretos que se encuentran en este prodigioso y puro camino. A esto último los sufís le llamamos el Sirr (el Secreto), lo cual es un aspecto profundo y amplio no conocido por el resto. Recordemos como, tanto Sayyidina ˤAlî – que Allâh ennoblezca su rostro-, como Salman Farisi y Abu Hurayra – que Allâh esté satisfecho de ambos – declararon haber recibido una doctrina del Profeta – sobre él la plegaria y la paz – que si la transmitieran podrían ser dados a la muerte por las gentes ignorantes. Esto es así, esa doctrina forma parte de la Sunna profética, y ha sido transmitida de generación en generación, sin laguna alguna, como no podría ser de otra manera. El Profeta nos recomendó hablar a cada uno según su capacidad de comprensión, y él era el primero en hacerlo.

Sospechar que estas palabras del Profeta, que esta enseñanza no ha sido transmitida a sus descendientes doctrinales, es hacer acopio de ignorancia o caer presa de la envidia, así como en el error de considerar que Allâh no puede tener próximos a El que reciben unas enseñanzas elevadas, por el solo hecho de no ser ellos los beneficiarios. Pues, como dice el dicho que algunos otorgan a ˤAli:

El que desconoce una cosa la odia”.

No hagas acopio de ignorancia pensando que los sufis son unas gentes que se reúnen para invocar, algunas de las veces cantando poemas o balanceándose en círculos. Esto solamente lo claman y lo piensan los pobres ignorantes que nada saben y que se dejan llevar por el clamos de las malintencionadas palabras de gentes en cuyo corazón anidan el orgullo y la envidia. !No! El Sufismo es otra cosa, es el camino de la purificación interior, el camino que nos lleva de las tinieblas a la Luz.

Efectivamente, deberíamos estar contentos y satisfechos de la grandeza de nuestro Din por el simple hecho de albergar unas enseñanzas tan elevadas como sublimes. Y aunque no seamos nosotros sus depositarios, sí deberíamos admirar la Toda Sabiduría de Allâh, Quien ha escogido a los seres humanos como depositarios de tan preciado don, de un secreto tan elevado, de la Amana de Allâh.

Aquellos quienes decís esa frase tan manida de: “El Islâm es sólo el Kitab y la Sunna” estáis, hablando de esa manera, tratando de limitar el Din a la escasa comprensión que tenéis del Libro de Allâh y de la Sunna del profeta – sobre él la plegaria y la paz -. Si hubierais dicho: “El Islam es el Corán y la Sunna” hubierais expresado la verdad, pero al incluir el término “sólo” os habéis delatado en vuestra pretensión de reducir el Islam a vuestra estrecha comprensión.

A casi todos se les escapa que el Corán y la Sunna contienen todo el Universo; toda la Creación, y más. Es entonces triste cuando uno ha de escuchar que el Islam es “sólo” el Corán y la Sunna, como si fuera hubiera mucho más, una amplia gama de cosas a escoger, conocer, vivir, etc.

Volviendo al tema del Sufismo, hemos de decir que, no es sufí todo aquél que dice serlo. El Sufi no es un ocultista, es alguien que ha estudiado y comprendido los elevados significados del Corán, que, como se dice en la Surat Al Waqi’a, solamente están reservados a los purificados (mutahharun). Ellos son asimismo los muqarrabun (próximos) quienes son citados en la misma surat como el grupo más elevado entre los creyentes.

Si alguien declara que por ser Sufi se encuentra exento de cumplir con los requisitos de la Šari’a islámica, deducid entonces de él que se trata de alguien que ha sido engañado por Šaytan – lapidado sea -; pues, no hay que olvidar que este diablo ha pedido permiso a Allâh para apostarse en el camino y extraviar a las gentes. Ser Sufi no es ser ocultista; ser Sufi es ser puro, cumplir con los requisitos obligatorios de la religión, ser desapegado de los bienes de este mundo y de su propio ego. Ser sufí es ser un pobre indigente que espera los dones Divinos con humildad, que ha plegado su voluntad individual al Querer Divino, y que no se tiene por nadie, pues ha renegado de su propio ego. Si alguien te dice que te va a dar la luz por un solo contacto, húyele pues es un diablo. !Qué barato venden algunos!

Aquel quien diciendo ser sufí se adorna, se acicala para parecer alguien, no es otra cosa que un pobre ignorante derrotado por su propio ego. Pues el verdadero sabio no alumbra con la luz superficial de los adornos mundanales, sino por la Luz que reside en su corazón, la cual irradia al exterior de una manera natural.

No conocemos maestros verdaderos que hayan lucido bastoncitos, barbas a la henna, turbantes especiales, vestidos de colorines, que no se hayan sentado en el suelo y que no hayan cedido a otros los mejores asientos. Quienes muestran este comportamiento, y tratan a sus discípulos como si fueran súbditos, no son sino ilusos que se engañan a ellos mismos y a otros, presas de sus deseos de gloria mundanal, camuflados con gestos de afectación, simulados para impresionar a los presentes. Pues, quien tiene de Allâh, ¿cómo podría sentir el reconocimiento de las criaturas? Siendo, como ha de ser, que su alma ha muerto al sentimiento de ser impresionado por la aceptación o la reprobación ajena.

Limpios de corazón, luminosos en el interior, íntegros en su religión, sinceros, valientes, esforzados, jóvenes eternos en el interior, luz sobre luz; esos son los Sufis. Entre ellos están esas “gentes del recuerdo” a los que Allâh ordena preguntar en el Corán. Que tú lo reconozcas o no, a ellos les da lo mismo; eso solamente te beneficia o te perjudica a ti; pues ellos tienen de Allâh lo que tus ojos no pueden ver ni tu mente imaginar, ni tu charlatanería discurrir.

Agudiza el ingenio, sé humilde, no levantes tu voz, no sea que un día ella te condene a penar, pues como dice Allâh:

Quien perjudica a uno de Mis awliyya, Yo le declaro la guerra