17 junio 2024
Editorial

Por la Justicia social

ACEDI por la Justicia social

Las grandes victorias han sido hijas de grandes estrategias que las han procurado. Y, probablemente, la mejor de las estrategias es conocer al oponente, seguida por el conocimiento del campo y por una buena táctica de enfrentamiento. Otra cosa a tener en cuenta es, si se obtiene la victoria, se sabrá hacerla valer y permanecer en el tiempo.

Por otra parte, nuestro Profeta – sobre él la plegaria y la paz – dijo que cuando tuviéramos un plan no lo comunicáramos hasta que no se hiciera efectivo.

No estamos hablando de guerra precisamente, sino de movimientos sociales e incluso de planes personales o de pequeños grupos. Hoy, por ejemplo, tal y como hemos expresado en un lugar y otro, los movimientos sociales en España se encuentran abortados desde un principio a causa de la carencia de una estructura que los soporte. La experiencia belga, por poner un ejemplo, pasa por tener dos sindicatos mayoritarios que pueden colapsar todo un país en caso de negociaciones fallidas. Esto supone la existencia de una fuerza social incontestable, impensable en nuestro país, en el que, antes que nada y desgraciadamente, se busca el sometimiento total e incondicional de las gentes.

Estas fuerzas, estos círculos de presión, cuando actuan de forma coordinada, en lugar de crear caos social, al contrario, lo que hacen es establecer un equilibrio necesario para evitar los pozos de pobreza y estimular el trabajo y el interés de todos en el bien común. Es de locos considerar que un trabajador sometido a un salario de 1.000 Euros será un día ton sumamente cándido que crea en el sistema que le está cercenando la vida.

Hoy, de la misma manera que en el mundo sindical o laboral, los musulmanes hemos caído en la trampa de la inanición. Nos hemos conformado al Islâm que, Allâh sabe quién haya inventado en el Golfo para beneficio material propio; nos hemos acomodado a un Islâm de parabólica, de Youtube, de, como dirían los Alvarez Quintero, “Tócame Roque”; o como diría el bueno de Machado, de “charanga y pandereta”. Si un pueblo se deja sustraer sus raíces de esta manera tan pasiva y conformista, ¿qué sentido tiene quejarse de injusticia social, e incluso de sufrir la “Islamofobia”? Si nos hemos dejado atenazar nosotros mismos, perdiendo nuestros propios principios, que son los que nos han de dar fuerza y coraje, ¿de qué nos quejamos?

Primeramente, hermanos/as, los musulmanes hemos de retornar a nuestras raíces, recuperar el Islâm que nos han sustraído, pues sin él no tendremos fuerza para nada, ni habrá Baraka en nuestras empresas. Luego, una vez que seamos fuertes y tengamos las bendiciones de lo Alto podremos emprender proyectos, acciones, empresas, todo cuanto nos propongamos que sea útil a nuestros hermanos y para proteger nuestros derechos.

Lavar nuestra imagen cuando no sea buena, sin esperar que otros lo hagan. Porque esa imagen habla de nuestro honor, de nuestra integridad, de nuestra dignidad.

Dice un hadiz:

“Dad los puestos de responsabilidad a aquellos que no los piden”

Otro hadiz dice:

Maldita es la comunidad que no tiene un dirigente

El problema nuestro, lo que socava nuestras posibilidades potenciales, es que todo el mundo quiere mandar, y casi todos quieren para sí.

Otro problema es qué hacer con la victoria y el poder cuando se tienen.

No lo negamos, hoy por hoy, existe una gran corrupción social, una gran injusticia; no son admisibles las desigualdades sociales existentes, y a esto ha contribuido y contribuye la gran corruptela existente en determinadas personas que detentan determinadas áreas de poder.

Pero nosotros no podemos ser iguales, hemos de dar ejemplo; y lo primero a tener es un ejemplo de unidad, de desprendimiento, de trabajar por nuestros hermanos y no por nosotros mismos. Y no solamente por nuestros hermanos, sino por todos, por los que no son musulmanes también, pues nuestro Profeta – sobre él la plegaria y la paz – ha sido enviado como una Misericordia para los mundos, y seguir esto es la Sunna.

Si de Allâh somos no nos podemos permitir los errores ajenos. Y es desde aquí que ACEDI, hermanos/as, que no os quepa la menor duda, aboga por la unidad de los musulmanes, por la justicia social, por la paz y el diálogo entre las gentes