17 junio 2024
Editorial

Musa y Barraha

Musa y Barraha

Todos conocemos a Mûsâ (Moisés); musulmanes, cristianos y judíos. Un hombre acostumbrado al lujo; que se crio junto al Faraón, quien más tarde manifestó ser su enemigo.

Lo más llamativo de su carácter es lo humilde que era a pesar de haber llegado a ser un príncipe. Allâh le concedió la profecía y la victoria sobre ese Faraón; ese nuevo Nimrod que asesinaba e introducía a los creyentes y a sus enemigos en agua hirviendo.

Estando con su pueblo en el desierto tuvieron una época de una severa sequía. No había llovido durante meses. La situación se volvió entonces insostenible. Así que Mûsâ suplicó a Allâh por la lluvia.

Allâh le respondió diciendo que si quería la lluvia debería ir a encontrar a una persona llamada Barraha. Esta persona estaba cerca de Egipto y habitaba en un basurero en las afueras del país.

Cuando llegó hasta él, Mûsâ le saludó con la paz. Barraha le respondió diciendo:

Y sobre ti la paz, oh Mûsâ, oh confidente de Allâh[1]. ¿Qué es lo que te trae por aquí?

Mûsâ, extrañado le dijo: ¿Cómo sabes quién soy yo si no te he dicho quién era?

Barraha respondió: “El Mismo que te ha traído hasta aquí me ha dicho que venías”.

Mûsâ dijo: “Mi Señor me ha enviado a ti para que Le pidas la lluvia para mi pueblo. Llevamos meses de sequía”.

Entonces Barraha se dirigió a Allâh de esta manera:

“Señor; ¿Por qué has enviado a hombre aquí a que yo te pida la lluvia? Con lo fácil que es para Ti. Anda, dale de una vez ya la lluvia a este para que se vaya y me deje tranquilo”.

Mûsâ entonces, extrañado se dirigió a Allâh, sorprendido de la manera irrespetuosa con la que Barraha se dirigía a Él. A lo que Allâh respondió:

Mûsâ, déjale tranquilo; ¿no ves que es la manera de dirigirse a Mi lo que me hace reír?

A todo esto, tras la súplica de Barraha Allâh proporcionó abundante lluvia a los Hijos de Israel.

Comentario

Allâh tiene siervos que pasan desapercibidos al resto de la Humanidad. En tiempos de Mûsâ – sobre él la paz – esto era así. Más aún en una época como esta en la que la palabrería ocupa prácticamente todo el espacio. Ya nadie, o casi nadie sabe distinguir el discurso floreado de palabras huecas de la transmisión de la verdadera Ciencia y de la Verdad.

Efectivamente, Allâh tiene siervos en los que ha depositado Su Gracia, Su Ciencia y Su Amor. Ellos son los verdaderos reyes de la Tierra porque los beneficios divinos pasan por sus manos. Al igual que Allâh tiene ángeles que informan y distribuyen, El asimismo tiene siervos en cuya consideración El hace descender la lluvia y el sustento, tal y como dice el hadiz[2].

No es necesario que nadie los conozca o los reconozca para que ellos mantengan su relación con Allâh. Es un sistema que marcha por él mismo. Aunque sí sería mejor que las gentes les conocieran y reconocieran por su propio bien, porque así podrían estar bien guiados.

La relación de obediencia (Taˤa) con Allâh es lo básico que debe respetar el Ser humano. Ahora bien, más allá de dicha relación se encuentra la de proximidad y de amor. Estas últimas forman parte de los Favores divinos con los que El – alabado sea – ha enriquecido y ennoblecido a Sus representantes en la tierra. Aquellos que saben acoger y engrandecer la Amana que Allâh les ha confiado.

Cuando ellos levantan las manos para suplicar por otros, sus demandas son atendidas. Si se encuentran en un país mucha gente extrae beneficio de su presencia. La bendición que Allâh deposita en ellos hace que todos se beneficien.

Hoy nadie se apercibe de esto. Cada uno vive en su propia burbuja sin llegar a saber qué es lo que realmente importante está sucediendo en cada momento. Las personas somos bombardeadas, una y otra vez, de manera ininterrumpida e inmisericorde por informaciones falseadas y engordadas a fin de crear un ambiente determinado que facilite la llegada de mensajes subliminales a la masa.

Ocurre esto en todas las áreas de la vida, incluso en la religiosa. Se excluye al que piensa y actúa diferente. Se estigmatiza a quien se atreve a decir la verdad. Porque, la verdad no importa. Importan las riquezas, los beneficios y las satisfacciones inmediatas.


[1] No olvidemos que en el Islam Mûsâ es conocido por ser aquél que hablaba con Allâh.

[2] “Siempre habrá en mi Umma al menos cuarenta con el corazón de Ibrâhîm. Cuando uno de ellos muere, Allâh lo sustituye por otro. Por ellos, Allah hace que recibáis la lluvia y el sustento” (Ŷami’a-s-saguir de Ŷalaluddin Suŷuti).