10 octubre 2026
Nuevos MusulmanesDiálogo intercultural

Muhammad el profeta del Amor

Abdul Karim Mullor

Muhammad, el profeta del Amor.

No se puede comunicar con palabras lo que nos habita en el interior. De igual manera, la lengua escrita no se encuentra habilitada para expresar todo cuanto se comprende.

Hay un secreto en el Ser humano del cual él mismo no llega a ser consciente. Hay un habitante en nuestras casas que busca que le otorguemos el lugar que le corresponde por derecho.

Cuanto más consciente es una persona de la Realidad mayor es la profundidad de su conocimiento. La intensidad de sus emociones y sus percepciones, en ese caso, se manifiesta de una manera más privada e imperceptible para el resto, aunque ellas sean más intensas.

Es por eso que el sabio suele expresarse con adagios o sentencias de sabiduría, de las cuales cada uno comprenderá lo que buenamente pueda.

Tuve la oportunidad de interpretar por escrito algunos de los adagios (Ḥikâm) del Šayj Al ˤalawi con el convencimiento de que él se expresaba, por así decirlo “a medio gas”. Muchos leerán estas sentencias y pensarán que son el tope de la Sabiduría. No obstante, conozco de manera certera que él hubo de bajar el nivel de sus conocimientos a fin de que alguien, dotado de sutileza, pudiera llegar a comprender aunque únicamente fuera una parte. Y que, en el mejor de los casos, fuera para él un punto de partida.

La inmensidad de la Realidad no tiene cabida en un escrito; al igual que el mar no puede ser contenida por la capacidad de una alberca. Comprender esto es esencial.

Quien quiera conocer ha de hacer todo por acercarse a la Verdad universal, pues de ella emanan luces que centellean en nuestro espacio vital. Siguiendo los rayos de las cuales proceden, podemos, un día, si Allâh así lo quiere, obtener el privilegio de comenzar a llenar nuestro depósito de Sabiduría, el cual, si lo activamos correctamente, puede llegar a ser grande como el Universo y más.

La capacidad del Ser humano puede llegar a ser inmensa.

¿Quién persigue hoy esto en un mundo en el que lo material ha ganado la partida en la mayor parte de los corazones?

En este mes, Rabi’ al Awal, en el que nació nuestro profeta – sobre él la plegaria y la paz – las luces procedentes de esa Verdad universal, que está en Allâh, se multiplican. Es entonces necesario estar atentos y agudizar nuestras capacidades en la búsqueda de lo que es esencial.

La naturaleza humana puede transformarse y llegar a ser un puente de verdades y de luces.

No es en vano que Allâh puso al Ser humano como jalifa (representante) en la tierra. Claro está que para satisfacer debidamente esta representación es necesario cumplir con todas las condiciones existentes y latentes en dicha Humanidad. Si no es así, sordos, mudos y ciegos, correremos lejos de los límites.

Es pues Muḥammad ese jalifa modelo para toda la Humanidad. Ese ser humano cuya naturaleza ha llegado al límite de su potencialidad, a la eclosión de todo cuanto se encuentra en su naturaleza.

Adornado exteriormente de las más bellas cualidades, su interior rebosa de luz; de una luz emergente de lo más recóndito del secreto que él mantiene con su Señor.

El Secreto universal es el Amor. Es esa fuerza que hace uno de lo que estaba diseminado y enfrentado con su contrario. Es una fuerza corpulenta que todo lo derriba, que todo lo somete a sus pies.

No obstante, la naturaleza de ese Amor del que tanto se habla, no ha de ver con el capricho ni con el simple querer. Es un fuego que origina vida y muerte con el Permiso de su Señor. Es la fuerza que El – alabado sea – utiliza para que todo siga en el marco de lo establecido y además prospere.

Creo que un día relaté que mientras me encontraba circunvalando la Ka’aba pregunté a Allâh que había allí que todo el mundo iba. Una respuesta me llegó desde la cúspide del rincón yemení (es decir del Sur) diciendo: “Maḥabba (Amor)”.

Entonces comprendí que la Esencia de Dios (Allâh) ha de ver completamente con esta palabra, y que de ese Amor emana toda la Creación.

Bendita sea la fuente del Amor, que no es otra que Allâh. ¡Si solamente pudiéramos comprender esa Majestuosidad amorosa que se posa en toda la Creación para reforzarla con armonía y paz!

Hay, no obstante, que saber distinguir lo que es el Amor de lo que se presenta como tal. El Amor real es una fuerza unificadora que utiliza la Belleza como herramienta de atracción.

Ahora bien, aquel cuya alma esté llena de vicios tomará por Belleza a la fealdad, por Bien al mal y por Amor a su pasión.

Es Muḥammad, y después de él sus herederos, que nos han ayudado a establecer esta distinción. Pues el Amor es puro por definición y solamente puede establecerse en las almas puras. No podemos presentarnos ante el Rey de reyes con los zapatos llenos de la suciedad de la calle.

La paciencia que él tuvo con creyentes e increyentes fue colosal. No sabía dañar los sentimientos de nadie. Era de una bondad extrema y refinada.

Podríais decir que bueno, que Allâh le daba las fuerzas para ello; fuerzas que no dio a ningún otro. No obstante, hay que decir que si Muḥammad recibió todas esas virtudes de parte de Allâh es porque era el digno depósito para ello.

Nadie pues hubo ni habrá nadie de mayor mérito personal en toda la Historia de la Humanidad.

Por todo ello le amamos más que a los nuestros, que a nuestros bienes, y puede…que a nosotros mismos.

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