18 junio 2024
Nuevos Musulmanes

La lengua de los aragoneses moriscos

Por Eduardo Solanas (Abu Ismael). Educador Social.

Bismillah irrahman irrahim.

Las loores son ađa Al·lah el đe la noble alabança, i franqueza, i đáđivas; aquel que son espeçialađas sus graçias y es abarcante su pieđađ, y es noble su grandeza i son altas sus palabras; prinçipiađor đe sus aleqađos đespués đe la muerte; Criađor đe los nublos i nubes cargađas con su agua; orđenađor đe las rueđas đel çielo i las estrellas∴ I hazemos testigo en que no ay señor sino Al·lah solo, i que no ay aparçero a él, i que Muhammad es su siervo i su mensajero; inviolo con las aclaraciones i prebas claras a su alumma cuando vivían en-el-engaño y ađoraban a las íđolas. Haga Al·lah salutaçión sobr-él i sobre los suyos los linpios∴Señor Al·lah, yo te đemando en que amucheçcas mis bienes, i que me concuerđes a tu obiđençia, i que me crescas đe las obiđençias; i đemándote en que hagas salutaçión sobre Muhammad, salutaçión que sea perđurable en ellos i que estienda sobre ellos; i que te acontentes đe mī i đe mi pađre i mađre , acontentaçión que se ađewđeçca lo escogiđo; i que rođee sobre nos lo bueno; i que nos asegure el día đel judiçio i que nos aposente en la casa đe la onra.

Comienzo a escribir estas líneas con el addua escrito en la lengua de los moriscos aragoneses correspondiente al día lunes pidiendo el perdón y la protección de Allah ante mis errores. Quede claro de antemano que reconozco mi gran desconocimiento sobre este y otros asuntos y que es mi intención y único propósito el de honrar memoria a nuestros antepasados, sus creencias, costumbres y en este caso en particular su modo de hablar.

Todo o casi todo lo que a continuación paso a exponer ha sido producto del estudio de textos y trabajos realizados por expertos historiadores y filólogos. Debido a mi escasa formación al respecto, intentaré ser lo más objetivo posible en las ideas principales, y por objetividad me refiero a que gran parte de las conclusiones no son mías sino de algunos profesionales con años de estudio. Como no se trata de un trabajo académico, no haré reseñas de los trabajos donde he ido recopilando esta información, eso sí a todas las personas eruditas de los que he tomado las referencias agradezco su esfuerzo y labor realizada. Resulta complicada esta labor por toda la carga emocional que me supone acercarse si quiera lo más mínimo a aquel horrible episodio de la historia en el que se produjo tamaña persecución y represión como la acontecida allá por el siglo XVI.

Mi padre, que el Criador lo tenga cercano a la balsa (al estanque) de Muhammad , poco antes de morir me dejó un encargo y no fue otro que el de volver a nuestras raíces. Siguiendo su mandato esta es mi mayor pretensión.

En estas líneas se rinde homenaje a todos aquellos paisanos que desde Muhammad Rabadán y Muhammad Corral, los cuales terminaron sus días en Túnez, pasando por Mohammad de Vera y su compendio islámico, a Juan Alonso Aragonés, romancista morisco que escribió desde Tetuán, Ibrahim Bolfad en Argel, y a los Audalla d’Amor, Juce, Çalema el Royo, Hamet, Mahoma Lazrach (el de los ojos azules), los Zauzala, Calvo, Ezquierdo y Luengo. A todos aquellos anónimos, como el morisco de Villafeliche que volvió a “traducir” el Corán de Toledo, y otros muchos que pretendieron mantener su identidad, sus costumbres y por supuesto una lengua que por diferentes razones estaba condenada a la desaparición por los siglos de los siglos.

Aquellos aragoneses moriscos que se encargaron de dejar escrito y en muchas ocasiones escondidas sus enseñanzas y testimonios. Aquellos que entre otros muchos temas describieron el Puyamiento (Ascensión) del Profeta a los cielos. A los que mantuvieron “extraños” rituales como las fadas, una suerte de sincretismo que parece perderse en el tiempo pero impregnado de islam donde si era posible antes y si no inmediatamente después de que sus hijos fueran bautizados se frotaba con miga de pan la cabeza del bebé para quitarle cualquier resto del óleo bendecido en la Iglesia del pueblo. En esos ritos se ponía especial atención en el adhan y el iqamat que se hacía en el oído derecho del niño para que así formara parte de la comunidad musulmana, el peso de un mechón del recién nacido servía para cuantificar la sadaqa posterior. Muchos de ellos, con muyta creyencia (mucha creencia) buscaban el adreçamiento (guía)en el Corán aunque tuvieran que traducirlo porque ya no entendían el árabe. Solían vivir en el Cabo de la Ciudad o Rabal (arrabal), buscaban el enparo (apoyo) y amostraban confiença (confianza) “ad Allah”, esperando derrimir (redimir) sus pecados. Ante aquellas prebas (pruebas) del Criador, plenas de sufrençia (llenas de sufrimiento), sabían que un día tendrían un Judiçio, en la Parada (reunión de la humanidad el día del Juicio)yhabría un porparamiento (rendición de cuentas). Eran fideles (fieles) a la ordinaçión (mandato) de hacer la açalá cara al qibla, siempre haciendo el pergüeno (llamamiento a la oración o como se traduce en castellano pregón) y a las súplicas las llamaban rogarias. Expertos en mediçinar (remediar enfermedades) usando alimentos como la mingrana (granada), comían paniço (mijo menor, maíz), zafrán y zafrán borde (azafrán y otras variedades) y tenían algunos alimentos devedados (prohibidos). Aborrecían la feeza (infamia) y estaba vedado o era harramar dentrar (tener relaciones sexuales) sin estar casados. Trabajaban en el campo y solían tener rabaños (rebaños) y acoraban (sacrificaban) los animales siguiendo el ritual islámico.

Desde joven me llamaron la atención algunas de las costumbres de las gentes de este pequeño país. Con el tiempo he “querido” y creído identificar esas tradiciones tan arraigadas en nuestra más profunda sabiduría popular. Es cierto que en Aragón existen zonas diferenciadas y con alguna excepción nos referiremos principalmente a aquella que va desde la Hoya de Huesca (Plana de Uesca ) hasta el sur de Aragón.

Moriscos aragoneses (izq.) y aragoneses en la actualidad (dcha.) vestidos con trajes típicos.

Las puertas abiertas en las casas de los pueblos, la forma de lavarse las manos los campesinos cuando venían de la faena, esas leyendas donde las moras eran ninfas que se situaban en zonas de agua y que con su hermosa belleza hechizaban y extraviaban a los hombres. La indumentaria más tradicional con cachirulos en la cabeza, albarcas, calzones o zaragüelles hasta la rodilla (término que se emplea en Murcia y Valencia también) así como las fajas siguiendo la tradicional sunna de la vestimenta. Qué decir de las mujeres tapadas hasta arriba cuando salen de misa al igual que ocurre en Essaouira (Marruecos), pasando por coplas y jotas en las que se puede renegar de la fe de Mahoma por amor o el conocido gusto de los moros por el vino y la “buena vida”. Mención especial en esta enumeración tendrían las borrajas, ese alimento tan similar a nuestro carácter. Verdura traída probablemente desde África por las migraciones bereberes. Comida en otros lugares por los animales, menospreciada como su agua sin fundamento y que aquí se convierte en manjar. Recuerdo haberla visto en varios cementerios en Andalucía y Marruecos.

¿Y qué decir de nuestra forma de hablar? Ese acento tan marcado, tan de la tierra, identificado a menudo con lo rural, lo basto, lo baturro, lo ignorante, en definitiva, el habla de los matracos. Palabra esta quecaprichos de la vida se relaciona con el hombre taciturno que deambula y agachando los ojos mira fijo hacia el suelo. Matraco que no es otro que el marido de la matraca árabe andalusí. Esa resignación se reflejan en nuestras expresiones más cotidianas, y se dan con especial entonación en aquellos lugares donde habitualmente más población morisca hubo y quizá aún sigue habiendo. “¿Qué pasa pues maño mío?” o ese “¿Ande vas maña?” con su respuesta “Pues bien ahí vamos marchando maña” son parte de nuestra forma de ver la vida. No se me negará que recuerda a la famosa película Nobleza Baturra que recoge la leyenda de la Dolores, la cual por cierto era de Qalat Ayub.

Una manera de ver el mundo desde el lado de los perdedores, de los mindundi, de aquellos y aquellas que ya saben cuál va a ser su destino o como dice Elena Prezzi de los cautivos, hermanos de infortunio, miembros de un pueblo sometido, los ma´nuw o maños.

No hay más que darse una vuelta por Épila, Ricla, Calatorao donde si paras cuenta sentirás ese acento tan peculiar que se caracteriza por esa entonación cantarina y esa aspiración de la /s/ intervocálica de sus gentes que recuerda al de la Andalucía oriental más profunda. Lugares repoblados por población mozárabe tras la conquista de Alfonso I pero que ya tenían población antes de eso.

No debe ser producto de la casualidad que la mayoría de los textos aljamiados se hayan encontrado en Almonacid de la Sierra, Sabiñán, Morés, Mesones de Isuela, Urrea de Jalón o Calatayud.

Y es que en este continuum aunque la historia que nos ha llegado parece ser otra, de lo poco claro que nos queda es que lo que en ese momento aconteció y que por muchos homenajes que se hicieran conmemorando los 400 años, probablemente fue otra oportunidad perdida para un reconocimiento más allá de lo folclórico a lo que tan acostumbrados estamos por aquí. Aquel éxodo humano sin precedentes fue lo que viene siendo un exilio en toda regla.

Con todo lo que he podido indagar, nada nuevo bajo el sol más allá eso sí de todo lo que personalmente me ha aportado esta experiencia, he llegado a la conclusión de que los aragoneses musulmanes eran tan aragoneses o incluso más que los aragoneses cristianos viejos.

Los mudéjares, término que se relaciona con la situación de sometimiento y derrota producto del afán conquistador de la época, hablaban y vestían igual que sus paisanos cristianos. Tal es así que para poder diferenciar a unos de otros en 1301, las Cortes aprueban que los musulmanes tengan que llevar un signo distintivo para poder ser diferenciados. Este hecho se conocerá como las «marcas de infamia» que tendrán que llevar judíos y musulmanes. Es sorprendente cuando menos que 225 años después, en 1526, año de la conversión obligatoria en Aragón, se prohíba cualquier vestimenta que suponga un hecho diferencial entre los cristianos nuevos, lo que lleva a pensar que en esos años se había generado una tendencia a visibilizar ciertas señas de identidad por parte de la comunidad musulmana que antes no existía.

Esta convivencia que en Aragón, aunque no exclusivamente, se verá reflejada en el arte mudéjar ya se expresaba en el habla de sus habitantes con anterioridad. Según algunos autores, el árabe andalusí convivió con el romance hablado por los musulmanes autóctonos, hasta que en el siglo X se incrementa la arabización de la población muladí, palabra que definía a aquellos hispanorromanos que aceptaron el Islam y que posteriormente evolucionaría en el término mulato. Y es que en aquella época se leía el Corán en árabe pero se comentaba en romance, al igual que sucedería con la jutba o sermón del viernes. Algunas comunidades musulmanes del Valle del Ebro es probable que hablaran romance cuando llegaron los conquistadores aragoneses del norte.

Según ha investigado Alberto Montaner, en ese período de bilingüismo posterior a la conquista cristiana, el árabe andalusí sirve como sustrato de la lengua aragonesa o lo que es lo mismo un aragonés arabizado conocido como aljamía y que entre otras características conserva un mayor número de rasgos aragoneses que los textos cristianos coetáneos. Es importante destacar que la palabra aljamía no se refiere en exclusiva al hablar y escribir de los musulmanes sino que estos mismos denominaron así a las diferentes lenguas peninsulares.

Me viene a la memoria, esa tan adormecida que como aragonés tengo, un documental, no recuerdo el nombre, en el que un historiador concluía que la crisis estructural, de despoblación y envejecimiento, donde los pueblos se quedaron sin gentes que sufre con especial relevancia Aragón, nace a raíz de la expulsión de sus habitantes a partir del 28 de mayo de 1610.

Aquellos que primero fueron considerados como nuevos cristianos a raíz de ese proceso de acoso y derribo que dura varias decenas de años, pasan a ser identificados como moriscos y por tanto enemigos de la Corona española. Sin embargo, la noticia de la expulsión no es bien recibida en Aragón, ya que, y probablemente la causa sea económica, estos se encontraban bastante integrados social y políticamente. No existe ese recelo y desconfianza por parte de la nobleza aragonesa, no parecen haber indicios de que los aragoneses moriscos fueran a sublevarse o estuvieran preparando alguna conspiración. Es más, se encuentran tan protegidos que años antes, en 1528, solo dos años después de llevarse a cabo la conversión forzosa, los diputados aragoneses, valencianos y catalanes se trasladan a la Corte para proteger a sus paisanos frente a las agresiones constantes del Santo Oficio.

Es importante no olvidar el papel determinante que tiene la muy Santa Inquisición, la que instiga, desconfía y malmete con el beneplácito de la Corona de estos sus nuevos fieles recién incorporados. Quizás esta desconfianza por un lado junto al posicionamiento de la nobleza se ve reflejada en mayor control hacia el Reino , ese que forma parte de la España no conquistada aunque sí en proceso de asimilación.

Llegados a este punto me surge una pregunta, ¿acaso estas injerencias mantenidas en el tiempo por parte de la Corona, que provocan gran malestar en la nobleza aragonesa, junto a la rebelión aragonesa que se originará en 1591, y que finalizará con una figura clave de las instituciones aragonesas como es el Justicia, que será sustituido por un virrey, al más puro estilo colonial, no son la excusa perfecta para eliminar la identidad de un territorio que se sigue percibiendo diferente y que basa sus señas de identidad en el principio, antes leyes que reyes?

Hasta ese momento, en el que se lleva a cabo la conversión forzosa en Aragón entre los años 1525 y 1526, y recordemos que en Castilla se va a llevar a cabo entre el 1501 y 1502, se denomina moriscos a aquellos que bautizados recientemente o sus descendientes, son autores de actos o acciones social o políticamente reprobable. Se les llamará moros a aquellos nuevos bautizados que se dedican al tráfico de trigo y ganado. Como se puede comprobar son conceptos que no tienen que ver con el origen étnico sino más bien con una forma de describir un comportamiento reprobable, que incumple con la legalidad, en definitiva un mal ciudadano.

En Aragón se conocerá a los sarracenos o moros como mauri capti (moro cautivo) y aunque por estas tierras la represión no es tan grande como sucede en Castilla, siempre planeará la duda de la conspiración y la falta de fidelidad principalmente al Imperio. Los nobles aragoneses tienen gran interés en que estos cristianos nuevos sigan trabajando sus tierras ya que la fama que se han ganado en aquel tiempo es de buenos trabajadores, poco amigos de los juegos de azar y el vino y aunque algo desagradables en sus modales siempre cumplen con su palabra. No obstante, el moro o vino no aguado, en contraposición al bautizado según aparece en una de las acepciones de la RAE, sigue trayendo muchos quebraderos a la Iglesia y a la Corte que entre otras andan enfrascados en vincular el Imperio naciente con un idioma y en la muy santa misión de evangelizar sus territorios en un lado y otro del Océano.

Los moros aragoneses o los aragoneses moros parecen no tener la fama de peligrosos y conspiradores que tienen valencianos y granadinos, si bien algún personaje influyente llegó a tener contactos con el Magreb y aprovechó la peregrinación a Meca para establecer lazos de hermandad y aprovisionarse de armas ante el creciente clima bélico. De hecho, en 1575, la Inquisición en Aragón persigue a los principales líderes de la sociedad morisca. Es en este período, en concreto en 1585, año en el que se da la llamada guerra entre montañeses y moriscos. Conflicto que confronta el norte cristiano, montañés y ganadero con el Valle del Ebro, morisco, y agricultor. Buena excusa para seguir implementando edictos que desarmen a las poblaciones moriscas reafirmando la consideración de enemigos de España.

Por muy pacíficos que fueran son multitud. En 1593, la Inquisición en Zaragoza, comunica que hay un total de 55 pueblos aragoneses donde todos sus habitantes son moriscos y resulta que como ocurre en alguno celebran con corridas de toros y espectáculos teatrales, las derrotas del muy católico Imperio español ante los turcos. La represión se ceba en el antiguo reino de Aragón donde según algunas fuentes son quemados más de 100 moriscos un 4,2 % de los condenados.

Se viven años en los que se va consolidando un imperio que comienza a fraguarse un siglo antes. Al puro estilo cruzado se pretende acabar con los últimos enemigos dentro de la península, si bien para el cronista de los Reyes Católicos, Fernando Pulgar, en la conquista de Granada todavía no existe el concepto de España sí aparece en el horizonte esa relación entre el Reino de Castilla, católica y pilar fundamental de lo que será la posterior idea de Reconquista y unidad nacional. Mención aparte merece la conquista del Reino de Navarra.

Isabel que según un texto de la época representa a Iesus, es prima y esposa de Fernando que aunque aragonés es de origen castellano y cuyo rol será el de la Fe y Fidelidad. Ambos se enfrentarán contra el último territorio musulmán de la Península, el Reino de Granada, moro y por tanto extranjero. De hecho la expulsión de judíos en ese mismo año y la de musulmanes en 1502 ya estará condicionada por esa idea que recogerá el nacionalismo y que vincula, lengua, religión e imperio. El que no es de los nuestros es extranjero, y por tanto debe abandonar su casa y sus tierras aunque se lleve la llave por si puede volver algún día. Otro cronista, llamado Alfonso de Palencia no tendrá ninguna duda de la relación existente entre lo castellano, lo español y cristiano.

Ya tenemos un imperio y una religión, nos quitamos a los disidentes y/o sospechosos de serlo, ¿qué más nos falta?…..pues un idioma, y es aquí donde aparece Nebrija, que en 1492 publica dos libros sobre el español donde subyace la idea de “siempre la lengua fue compañera del imperio”.

A groso modo, se pretende unificar un territorio bajo una misma bandera, ampliarlo más allá de los mares, normalizar una lengua y evangelizar a indios y nuevos cristianos. Pero este cometido, al menos en lo que se refiere a los musulmanes será un fracaso. No son iguales, quechuas, mayas, incas y mudéjares aunque para las autoridades parezca que sí y se intente aprender el idioma de los nativos americanos o se escriban catecismos bilingües en la Península. Es bien sabido que para el Cardenal Cisneros esa conversión rápida representa más una unidad política que religiosa.

La iglesia que da especial importancia al ritualismo, a la forma exterior olvida intencionadamente el sentimiento religioso. Se puede obligar a estos nuevos cristianos a abrir las puertas para entrar en las casas, y ver qué se cuece, sin embargo no se puede acceder, ni siquiera con tremendos castigos, a la intimidad espiritual. El corazón y los sentimientos no pueden ser controlados. Y será por ello que se verá sorprendida cuando en alguna ejecución el reo acaba por tirar el rosario momentos antes de morir mirando al cielo levanta el dedo índice y pronuncia la sahada o testimonio de fe, maldiciendo y renegando de esas mismas creencias impuestas.

Es aquí donde entra el concepto de la taqiyya o acto de disimular las creencias religiosas, que en aragonés se conoce como buena disimulança. Algunos historiadores han querido ver en esta actitud un intento de integración de los nuevos cristianos en la nueva sociedad. Sin embargo para el Tribunal de la Santa Inquisición cualquier manifestación cultural por parte de estos es vista como parte de un rito islámico y por tanto aquel que lo efectúe (lo sepa o no) es musulmán y por ende blasfemo y traidor. Aquellos hombres y mujeres hicieran lo que hicieran, hablaran lo que hablaran, estaban en el punto de mira y es por ello que piden al Criador que los encubra.

Entonces, ¿qué podían hacer estos mudéjares, moros, moriscos o aragoneses musulmanes para continuar con sus prácticas, no perder su identidad y poder trasmitir esas enseñanzas que con el paso del tiempo se iban perdiendo? Pues lo que se ha hecho siempre, la tradición oral o recontamiento de las viejas historias y tradiciones y sobre todo y con un sentido de mayor continuidad, escribirlas y recopilarlas dejando un testimonio para las próximas generaciones. Hasta tal punto, es prioritaria esta faena que intencionadamente aquellos moriscos omiten el isnad o cadena de trasmisión de los hadices, tan importante en el mundo islámico, para afianzar la idea de que ese conocimiento les viene dado directamente del profeta Muhammad. En este devenir de acontecimientos es donde nace la aljamía.

Libro escrito en aljamiado

Muchas son las definiciones que se han dado a la aljamía. Resulta interesante por esclarecedora la que aparece en el Diccionario de la Academia de la Lengua en 1770 y que dice así: «la lengua árabe corrompida, que hablaban los moros en España”. Digo interesante por el concepto de corrompida ya que puedo imaginar el hedor que para algunos desprendía y sigue desprendiendo.

El término que viene de Al-‘agamiya o lengua extranjera, según Eduardo Vicente de Vera es el romance con caracteres árabes hablado por los aragoneses moriscos. El orden del término no es casual ya que para el autor no son moriscos aragoneses, desde esta perspectiva el peso recaería en una característica originalmente exógena, nada más alejado de la realidad. La aljamía se dio principalmente en Aragón y en menor medida en Castilla. Bien fuera por el número de escritores o a causa de la mayor “libertad religiosa” que se vivía en estas tierras, lo que propició que muchos textos a principios del XVI fueron trasvasados de un reino a otro.

A diferencia de los aragoneses, los mudéjares/moriscos valencianos o granadinos no dejaron de usar el árabe. Según algunos autores el proceso de aculturización tanto en Valencia como en Aragón fue más lento ya que las aljamas mantuvieron sus fronteras étnicas y culturales por más tiempo. Parece más que claro que los aragoneses moriscos al igual que sus antepasados mudéjares hablaron aragonés en gran medida porque el árabe habría sido un idioma poco empleado por la zona como lengua de comunicación habitual.

Este interés y esfuerzo por parte de la minoría islámica a finales de la Edad Media por mantener y conservar su cultura e identidad, usando su lengua romance usando caracteres árabes aunque por extensión también se incluyan otros textos escritos en grafía latina y en lengua árabe, son un claro ejemplo de lo que podría denominarse como cultura mudéjar. Este conjunto de copias, traducciones y compilaciones se da entre los siglos XIV al XVII y según Galmés, sus principales características son: la influencia del árabe como lengua de la revelación, el uso de arcaicismos y por supuesto lo que se denomina como aragonesismos.

Los moriscos usaron la grafía árabe con el propósito de proteger el carácter sagrado de la escritura coránica, con la intención de mantener ese vínculo que se establece entre lo emocional y lo identitario. En esa caligrafía se hace visible una confesión de fe, una manera de seguir dando testimonio aunque muchos de ellos ya no conocieran el significado de esas palabras. Fue un trabajo concienzudo por parte de las élites que pudieron ir a estudiar la lengua árabe a Valencia y se empeñaron en que sus correligionarios la aprendiesen o chapurrearan.

Los moros aragoneses estaban convencidos de que sus antepasados habían hablado árabe y que posteriormente habían adoptado la lengua romance. Es por ello que tenían cierto complejo de inferioridad, de no ser tan buenos musulmanes en comparación con otras comunidades (autoconcepto muy aragonés ese de la inferioridad y menosprecio hacia lo propio) por aquello de perder la ley y principalmente la lengua de la ley. Como reza esa expresión: quien pierde la lengua arábiga pierde su fe. Algunas de las claves de esa asimilación tienen relación con el aspecto demográfico pero también por la necesidad de integrarse laboralmente y por la presión aculturizadora del entorno.

Aquellos alfaquíes muy tozudamente se empeñaron en seguir leyendo moriego por razones de uso político en su concepto más profundo del término aunque hablaban aragonés desde hacía siglos. Se da una peculiaridad entre la comunidad musulmana aragonesa y no es otra que la de practicar un islam desprovisto de influencia árabe, muy al estilo turco que tanta influencia tuvo por entonces. De hecho en Aragón se estilan los coranes bilingües, el árabe ya no es visto como una lengua de prestigio y se pretende evitar esa relación entre lengua y religión. No obstante hasta la conversión hubo bastante permisividad hacia el uso de la lengua árabe por parte de los mudéjares eso sí relegado al ámbito de las aljamas.

Ese nuevo romance aragonés o variedad dialectal del aragonés o aragonés meridional es muy probable que surja en el siglo XIII y posee casi todas las características de las hablas altoaragonesas sin coincidir con ninguna. Se desarrolla en una situación de contacto con el árabe andalusí y se ve muy influenciado por el occitano. Para Cornejo, la lengua de estos textos y por tanto en mayor medida la lengua hablada representa una koiné en la que coexisten rasgos de diferentes áreas dialectales aragonesas.

En el siglo XIV en todas las aljamas urbanas aragonesas se hablaba de manera fluida en aragonés aunque se usa el árabe en los textos notariales en Zaragoza hasta el siglo XVI. De hecho la Mezquita Mayor de Zaragoza ubicada en la actual calle Azoque (donde en tiempos se ubicó el Mercado Azoque) es conocida como mezquita viella (vieja en aragonés). Por otra parte en el 1416 según las ordenaciones se prohíbe el uso del hebreo y el árabe en la ciudad de Huesca aunque es muy probable que aquellos mercaderes fueran forasteros ya que es más que evidente que los mudéjares oscenses hablaban aragonés. De igual manera le sucede al euskera o bescunz.

Hagamos un breve repaso de algunos acontecimientos. Por un lado sucede que en los territorios aragoneses entre los siglos XII y XIII se comienza a hablar lo que se conoce como romance aragonés. La comunidad mudéjar empieza un proceso de asimilación producto de la convivencia como minoría donde el uso del árabe que pervive en las aljamas se ve relegado a un ámbito más sacro y por tanto escrito. A finales del siglo XV comienza una tendencia castellanizante en los textos aragoneses cristianos en general que no ocurre en los textos aljamiados. Este hecho aporta una información valiosa en muchos sentidos pero en lo que ahora nos ocupa que es el lingüístico mucho más. Ofrecen una mayor riqueza que las fuentes cristianas contemporáneas ya que para estos, el aragonés ha dejado de ser lengua oficial. Y es aquí donde surge el “misterio” de por qué los moriscos continuaron usando el aragonés o como numerosas ocasiones se ha definido esta lengua como castellano plagado de aragonesismos a diferencia de sus vecinos cristianos.

Para algunos autores existe un afán consciente por aragonizar esos textos por parte de los autores moriscos. Esta pretensión nace del rechazo a la norma y su idioma oficial promocionado por los centros de poder y las clases más elevadas. Estos se identifican más con su lengua vernácula que sus vecinos cristianos, que van dejando de usarla para adoptar el castellano considerado idioma de prestigio y cultura. En su libro Diálogo de la lengua, escrito por Juan de Valdés allá por 1533, en uno de los diálogos Marcio le pregunta a Valdés que por qué siempre escribe con e donde muchos ponen a, a lo que este le responde “A esso no os sabré dar otra razón sino porque así me suena mejor, y e mirado que así escriben en Castilla los que se precian de escribir bien”.

Los moriscos carecen de esa consideración hacia el aragonés, no lo perciben como una lengua desprestigiada sino como su idioma. Desde la entrada de la dinastía Trastámara en Aragón (1412), la propia nobleza aragonesa considera el aragonés propia de las clases más populares, al igual que ha ido ocurriendo en los siglos posteriores hasta la actualidad.

Para Julián Ribera y Asín, uno de los primeros arabistas, los musulmanes aragoneses nunca dejaron de usar el dialecto o romance aragonés sino que al contrario fue empleado en la clandestinidad en ritos y creencias. Es más, y cito textualmente: “¿No influiría en la desconsideración hacia el antiguo dialecto aragonés (el cual justifica el desuso) el hecho de haber sido el habla propia o constante y familiar de los musulmanes aragoneses durante muchas centurias, antes y después de la reconquista del siglo XII?”

Es muy probable que nuestros antepasados intentaran convertir la derrota lingüística del aragonés en una victoria y que por ello se esforzaran en conservar sus creencias religiosas usando esta lengua.

Los mudéjares y por consiguiente los moriscos alababan el nombre de Dios en aragonés y evitaban usar “la lengua de estos perros cristianos”. Esa actitud hostil hacia todo lo proveniente de sus vecinos sea producto del rechazo y la aversión incluida la forma de comunicarse. En definitiva dándose una situación de diglosia donde el castellano quedara relegado e identifique con lo burdo, lo cafre y por tanto alejado de la belleza y la adoración ada Allah. Cierta expresión popular que todavía hoy se conserva “háblame en cristiano” quizás tuviese alguna relación con lo que aquí se trata. En una ocasión, leí un texto donde un historiador argumentaba que los mudéjares habrían usado el nombre de Mahoma para evitar que el auténtico, Muhammad, fuera mancillado y que con los años se convertiría en un nombre habitual, quién sabe si es otra hipótesis más. No me olvido de la impresión que me llevé cuando hace unos años me acerqué a buscar en un diccionario antiguo, de esos que no apuntas su nombre, al ojear la entrada Mahoma, una de sus definiciones era ladrón.

Es tal su nivel de conciencia de lo que están hablando o lo que todavía queda de ella, que en el siglo XVII, Juan Andrés, alfaquí de Xátiva y predicador en Valencia y Granada, traduce el Corán “de aravigo en lengua aragonesa”. Ya en el destierro, pocos años después, Mohamed Rabadán en sus escritos de Túnez apenas emplea aragonesismos por lo que confirmaría que conscientemente usó el castellano como idioma de comunicación entre aquellos moriscos peninsulares.

Para ir finalizando este pequeño trabajo, me gustaría destacar algunos ejemplos de la literatura aljamiada aragonesa. A estas alturas, estoy convencido de que si Aragón tuviera un peso específico en el panorama cultural y con un mayor sentimiento identitario, me conformo con un poco de orgullo, no estaríamos en estos debates, se tendría meridianamente claro o por lo menos se validaría que lo que ahí quedó escrito era aragonés, eso sí, con distintos grados de castellanización dependiendo de la fecha y el territorio de donde proceden los manuscritos. Lengua escrita no tiene como fin y pretensión la de reflejar lo que el pueblo habla sino que se trata de una forma de embellecer aquellos sonidos a través de recursos que ennoblezcan y en este caso más si cabe pretender describir todo lo relacionado con la espiritualidad islámica. No todo lo que se escribió en aljamiado fueron textos sagrados y religiosos aunque sí en su gran mayoría.

El estudio de la aljamía tal y como se ha señalado en alguna ocasión ha carecido de una interpretación en clave sociolingüística, probablemente por desconocimiento por parte de los arabistas de lo que ha sido el aragonés y cómo influyó en aquellos mudéjares y moriscos. Desde ese prisma se ha llegado a simplificar aquella lengua y su definición con términos como romance aragonés (que acota esta lengua a un momento histórico concreto y finalizado) y/o español (que generaliza y consigue obviar tanto matices como características propias y exclusivas, en este caso de una lengua) que aparece en muchos trabajos sobre la literatura aljamiada. Valga como ejemplo la palabra pelejo que sin ninguna sensibilidad ni conocimiento del aragonés se describe como un error del autor obviando que es una castellanización de pelello (pellejo).

Cuando en ocasiones, no lo niego, pasa por mi mente la posibilidad de embarcarme en una tarea de la que carezco de conocimiento y que no es otra que la traducción al aragonés del Sagrado Corán, recurro a leer el llamado Corán de Toledo que comienza así:

[1] Alhamdu lil lehi es el prinçipio del Alcorán. Y es siete aleas.

En el nombre de Allah piadoso de piedad. Las loores son ad Allah, Sennor de todas las cosas, Piadoso de piedad, Rey del Día del Judiçio. A Tú adoramos y a Tú demandamos ayuda. Guíanos a la carrera dreçada, a la carrera de aquellos que hiziste graçia sobrellos, no de los que te enojaste sobrellos, que son los judíos, ni de los yerrados, que son los cristianos.

Y es entonces cuando me convenzo, más si cabe, de que gran parte del trabajo ya fue hecho, en este caso por aquel morisco de Villafeliche (Zaragoza) que reprodujo en 1606, el original escrito por Yça Gidelli en 1456. Cualquiera que conozca un poco el aragonés ya sabe de lo que estoy hablando. Este texto viene a confirmar que a principios del siglo XVII y quién sabe si y solo si hasta la expulsión, el aragonés seguía muy vivo en esa zona de la Comarca de Calatayud.

Cómo pasar por alto el famoso Poema de Yusuf, del cual se encontraron dos manuscritos, uno datado a finales del SXIV en Morés (Zaragoza) y el otro a mediados del XVI, escrito en aragonés pero mucho más castellanizado. Se trata de la historia del Profeta Yusuf (José), su esclavitud, encarcelamiento y su búsqueda de consuelo en el Dios de Abraham. Se desarrolla una semejanza que compara las penurias del pueblo de Israel con las vividas por los mudéjares en los territorios gobernados por cristianos. Ambos manuscritos se encuentran incompletos conservándose 95 estrofas del primero y 312 del segundo. Es Saroïhandy quien sitúa el texto original en el pirineo aragonés, más en concreto entre L’Ainsa y Boltaña.

Vaya aquí un pequeño ejemplo del manuscrito B:

El alhadits de Júsuf, áleihi-s-selám. Bismi-llahi-r-rahmani-r-rahími.

1. Loamiento ad Alláh; el alto es e verdadero,

Honrado e complido, sennor dereiturero,

Franco e poderoso, ordenador sertero.

2. Grande es el su poder, todo el mundo abarca;

Non se le encubre cosa que en el mundo nasca

Siquiera en la mar ni en toda la comarca ,

Ni en la tierra prieta ni en la blanca.

3. Fágovos a saber, oyades, mis amados,

Lo que acontesió en los tiempos pasados

A Yacop e a Yusuf e a sus dies hermanos,

Por cobdisia dél hobieron a seyer malos;

4. Porque Yacop amaba a Yusuf por maravella,

Por quel era ninno puro e sin mansella;

Era la su madre fermosa e bella,

Sobre todas las otras era amada ella.

5. Aquesta fue la rason porque le hubieron envidia:

Porque Yusuf sonnó una noche ante el dia;

Suenno porque entendieron sus hermanos todavía

Que siempre que viviese levaría mejoría.

6. Aquesto fue que vio onse estrellas

Que marras la guerra era tan ahí con ellas,

Que el sol e la luna era que andaba entre ellas,

E a Yusuf se humillaban con todas sus parellas.

7. Como hi era Yusuf ninno de pocos annos,

Envisandolo el padre, non se encubrió de los hermanos

E contóles el suenno que vido en los altos;

Pensáronle traision e andáronle en enganno.

8. Disieron todos a una: «Fagámosla sertera,

Rueguemos a nueso padre rogaria verdadera,

Que nos dé a Yusuf en comanda sertera

E mostrarle hemos mannas de muy buenas maneras.»

9. Esto hobieron fecho e a su padre rogado.

Yacop les dijera: «Fijos, los mis fijos …

Non vos lo hubiera a dar ni menos fiado;

Ca podría ser …

10. Disieron ellos: «Padre, eso non pensedes;

Nos somos onse hermanos, aquesto non dubdedes;

Que seriamos taraidores aquesto non pensedes.

Enfiandose en ellos, non quiso mas dubdar.

Dijo: «Filhos, los mis filhos, lo que osquiero rogar,

Que me lo catedes y me lo querades guardar.

Derrócaule del cuello, en tierra lo van a posar.

Cuando esto vido Yusuf, por su padre fue a sospirar.

De entre los fermosos nombres de Allah muchos son los ejemplos en los que subyace el aragonés como la única manera conocida por aquellos aragoneses musulmanes para adjetivar las cualidades y atributos del Criador y que perduraría en el tiempo dentro de esa “variedad” dialectal o si se me permite siociolecto al que se le ha llamado aljamia:

  • Yā Ğāmicu ; Yā Allegante ; Allega lo đespartiđo, / que en mī se’a en tođos los
  • allegamientos∴ /đelante đe tī, i đame en-arrizqi el đía đel-ajuntamiento que / se’a đe tus çercanos i que mire a tu cara la onrađa
  • Yā Ganiyyu ; Yā Rico ; Méteme con que se’a favoreçiđo / đe tu onra i đe tu ivantalla
  • i sey con mī merçeđioso / con tu bien i tu ivantalla el đía đe mi tornađa a tī
  • Yā Darru ; Yā Nāficu ; Yā Noziđor ; Yā Aprove chađor ; Méteme đe los que nuezen su mundo por buscar la otra viđa i đe los que đexan sus apetitos / i đeseos por aprovecharse en la otra viđa / con la gloria perđurable ; /
  • Yā Nūru ; Yā Claređađ i Luç, i criađor đe los / çielos i đe la tierra ; Claređađ y ađreçamiento /Méteme claređađ que uyó đe con-ella en los siervos.
  • Yā Hādī ; Yā Guiađor ; Guíame a las buenas / đe las obras y-enfermoséame con los
  • más / fermosos đe los estađos ; /
  • Yā Badīcu ; Yā Criađor ;đe los çielos / i đe la tierra ;, đe sin patrō ni đemuestra. / Đemuéstrame đe la criaçión đe tu çiençia / lo que aparte tođa đuđa y-aclare tođa sospecha
  • Yā Bāqī ; Yā Fincante ; que no ay cabo / a su fincamiento ni ay fin a él. Đame đe la građa /đel đuramiento parte cunpliđa ; /
  • Yā Wāri􀃡u ; Yā Eređađor ; Espeçiálame đe las / erençias đe tus espeçialađos con las /građas đe la onra i méteme por tu ivantalla đe los ere đeros đel-alğannah gloriosa ; /
  • Yā Rašīdu ; Yā Ađreçante ; Ađréçame* a tu obi điençia y-a tu amorança, méteme, ađreçađor đe tus siervos, al camino đe tu uniđađ i đe tu conoçençia

Como escribió Epalza: “Escribir romance no fue una iniciativa espontánea como podía ser el hablarlo. Fue una acción meditada para ajustarse a la ortodoxia islámica. Fue una acción normativa ……” No se dejó nada al libre albedrío, del mismo modo que aquellos hombres y mujeres eran expertos en el conocimiento de la tierra, de sus procesos y su cuidado, de ahí la abundante cantidad de vocablos de origen árabe relacionados con la agricultura que perviven hoy en día en el aragonés, es evidente que se esforzaron en conocer y mantener vivas unas enseñanzas que les ayudaran a fortalecer vínculos tanto con el Criador como entre ellos mismos.

Su verdadera resistencia fue el uso de la lengua y su deseo de no olvidar. Al igual que eran gentes expertas y conocedoras de la importancia de regar y cuidar la simien (semilla) eran conscientes de la importancia de hacer lo mismo con la imien, concepto relacionado con la remembranza y el recuerdo. Ese anhelo que surge directamente de la separación. Obsérvese que en esta lengua, la que este pequeño pueblo ha llegado a olvidar, ambas palabras son idénticas como si una formara parte de la otra, al igual que la intención y el hecho.

Y ya puestos a imaginar al igual que el labrador hoy en día mira al cielo y levanta las manos anhelando que caiga lluvia y corra el agua por las zequias así haría el morisco hace 450 años cuando estuviera seguro que nadie le viera e hiciera una rogaria ad Allah.

Y Allah sabe más……