13 abril 2024
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Manolo Monereo: «Unidas Podemos no da para más».

El fundador de Podemos, Manolo Monereo, aboga por en ir en serio a una nueva organización política.

Manolo Monereo (Jaén, 1950) publica un nuevo libro, Oligarquía o Democracia. España, nuestro futuro (El Viejo Topo, 2020). En él, se recopilan sus últimos artículos tanto en El Viejo Topo como en cuartopoder. Una serie de textos que plasman su visión sobre el momento político actual y sus preocupaciones. Monereo plantea la necesidad de una renovación de la izquierda, con el objetivo puesto en una república española, ahora que, según él, la crisis de régimen ha pasado a convertirse en una “crisis en el régimen”. De todo esto, habla en esta entrevista este teórico marxista, exdiputado de Unidas Podemos en la legislatura del 2016 al 2019 en el Congreso.

-En mayo publicabas un obituario a tu compañero Julio Anguita, Julio, dolor y rabia, en cuartopoder, el cual también se recoge en el libro. ¿Cómo han sido estos meses sin tu amigo?

-Malamente. Me afectó mucho la muerte de Julio, política y personalmente. Además, no pude hacer mi luto, lo tengo pendiente. He vivido cerca de tres años en Córdoba, viéndome con Julio todas las semanas. La pérdida es enorme, es como un hermano mayor mío, con Julio he aprendido a pensar, a ser más lúcido y más comunista. Su pérdida, para mí, es definitiva, ya no tengo la persona con la que confrontaba ideas, programa, proyecto y ambiciones. Este año me deja amputado de una parte de mí que ya no tengo. Aspiro, en lo que me quede de vida, a estar en la altura de la exigencia moral y política que Julio exigía a los que estábamos cerca de él. Mi próxima estación política es no dejar mal a Julio Anguita. Lo que haga será pensando en que él estaría conmigo.

Por cierto, la rabia que expreso en el título tiene que ver porque se nos murió en un momento inadecuado, él lo estaba pasando mal como persona. Estar encerrado, para un león como Julio, era horrible. La muerte de Susana López nos afectó mucho a los dos. Además, me marcó mucho el desasosiego y la preocupación enorme que tenía por España, la izquierda española y la izquierda que estaba gobernando con el PSOE. Eso Julio lo vivía dramáticamente. Anguita, como yo, somatizamos mucho la política. La rabia viene de que se nos fue cuando más lo necesitábamos como referente. Esa es la inmensa rabia que tengo ante su muerte y su ejemplo.

-Este año ha sido el primero del Gobierno de coalición. ¿Qué balance haces de la llegada de Unidas Podemos al Gobierno?

-En este año no se ha justificado bien el por qué estamos gobernando. Lo que vemos es una confrontación cada vez más fuerte dentro del Gobierno entre dos políticas. Como están sujetos al secreto del Consejo de Ministros, solo podemos intuir cosas. Yo veo dos proyectos del PSOE, no sé si hay alguna parte del PSOE que comparte nuestra posición. Digo nuestra, me siento parte de ese Gobierno.

A estas alturas, hay que reconocer que la pandemia lo ha cambiado todo, es un punto y aparte para un programa de gobierno muy débil. Lo que realmente pactó Pablo Iglesias con Pedro Sánchez fue un programa socioeconómico y su modo de financiarse. Iglesias dejó a Sánchez la dirección política de temas claves, no se discute sobre política internacional, no se habla de la OTAN o del nuevo mundo que está surgiendo, no se habla para nada de Europa y sus políticas. Tampoco se habla de la cuestión territorial y de los problemas que hay, tampoco del tema judicial… Es decir, de todos estos temas no se tiene un programa alternativo.

Iglesias no firmó un programa de gobierno, firmó un programa económico-social muy concreto y su modo de financiación, con lo cual, tres días después de llegar la pandemia el programa saltó por los aires. Ahora, lo que estamos viviendo es la lucha por las medidas políticas que no tienen detrás un programa, estamos luchando medida a medida y propuesta a propuesta para definir un perfil político. Iglesias ha ido aprendiendo que gobernar en alianza con el PSOE significa diferenciarse y, en segundo lugar, que el gobierno es un modo de organizar el conflicto. En esa tarea están.

Según parece en las encuestas, esa diferenciación no da votos, no ha sido capaz de articular una propuesta de izquierdas que sea capaz de ser una alternativa al PSOE. Lo que está haciendo Iglesias es muy inusual, definir una identidad gobernando, es curioso y singular. Además, está definiendo esta identidad medida a medida, como el Cholo Simeone. Yo creo que hemos llegado a un límite y que las propuestas que ahora Unidas Podemos engarce estarán sometidas al mandato de Sánchez. Da la sensación de que Pedro y Pablo se llevan bien, pero los límites que Pedro admite no son los límites que Pablo necesita. Veremos.

Sin embargo, eso que llamas “la trama”, los distintos poderes, se ha cabreado mucho con la presencia de Unidas Podemos en el Gobierno. Motivos tendrán.

-Sí, pero, ¿por qué? Creo que pocas personas han acertado a comprender lo que está ocurriendo. Un libro perfecto sobre la recomposición de las clases dominantes en España es el de Rubén Juste, La clase dominante (Arpa, 2020). Lo que está ocurriendo es algo que es terrible que la izquierda no diga, el poder económico madrileño no puede vivir sin el Estado. Las generaciones jóvenes van a ver por dos o tres veces en su vida el rescate del poder económico por lo público, ya lo estamos viendo ahora. El capital, con el Gobierno de coalición, tiene miedo de que el Estado no les trasvase los fondos necesarios para el futuro. Necesitan esos fondos para poner en pie un poder económico que siga negociando con los poderes públicos, esta es la paradoja: levantamos un poder económico para que luego negocie con nosotros y salgamos perdiendo.

Los poderes económicos son también política, detrás de las derechas están los poderes económicos, Garamendi está detrás de las derechas. Son estos poderes los que están realzando la presencia de Vox, de Ciudadanos y del PP para que sean duros con el Gobierno, para doblegarle. ¿Cuál es el mecanismo para doblegarlo? Deteriorar a Unidas Podemos, pero no porque sean rojos o comunistas, sino porque son moderadamente reformistas. No están dispuestos a aceptar una mínima reforma, quieren un trasvase de riqueza de lo público a lo privado y no se fían de este Gobierno que promete derechos y libertades que cuestan dinero. Saben, también, que tarde o temprano la Unión Europea rechazará estos derechos y libertades que propone el Gobierno.

-La Unión Europea lo rechazará, dice, pero se aprobaron los fondos de reconstrucción. El Gobierno plantea que la Unión Europea ha virado de la austeridad de la anterior crisis a políticas neokeynesianas.

-Yo no lo veo así. El problema es que esta crisis es la crisis de todos, no solo del sur de Europa. En segundo lugar, si apretaran austericidamente en esta fase se pondría fin a la Unión Europea. Han actuado para evitar que la Unión Europea se desintegre porque sigue siendo un gran negocio, sobre todo para Alemania. Alemania tiene en Europa su patio trasero, su mercado articulado y organizado, por eso han soltado dinero. Bueno, han emitido bonos que pagaremos dentro de 20 años. Según mis cálculos, lo único que ha llegado de Europa este año son unos 6.000 millones de euros, la parte fundamental no se espera que llegue hasta el segundo semestre del 2021.

Dinero no hemos visto, veremos cómo se emplea y cuál es su dirección cuando llegue. Ahora bien, tarde o temprano la gran bolsa de deuda económica que tiene este país se verá afectada por las políticas comunitarias. Ya han aparecido noticias que indican que los dineros que nos den estarán en función de las políticas que apliquemos, se nos dice que la reforma laboral no la van admitir, que hay que meterle mano a las pensiones, es decir privatizarlas y que los próximos pensionistas cobren menos y tarden menos en cobrar, y, además, se habla de cambio de modelo productivo pero no se concreta, está en el aire. Mi opinión es que se producirá una gran transferencia de renta desde el Estado a las grandes empresas privadas y la pagaremos los españolitos en deuda pública. No habrá ni cambio de modelo productivo ni mejora en las relaciones laborales.

La gran batalla política de España es simple, si vamos a tener o no una verdadera política de reindustrialización del país. ¿Nos va dar fondos Alemania para que seamos competitivos contra Alemania? Por favor, estamos jugando a la tontería e imbecilidad. Europa es también un terreno de lucha y conflicto entre diversas economías. Esto hace que los países del sur estemos condenados a ser países periféricos, con una débil industrialización, dependientes económicamente y, también, políticamente. Unidas Podemos parece que cree en lo fácil, que Europa va a resolver nuestros problemas, que por primera vez coincide un gobierno reformista en España con una Europa reformista… Es una pena que hayan llegado a esa conclusión, pronto se darán cuenta, en el 2021, que por ahí no hay vía. Nos aplicarán los criterios de Maastricht y nos obligarán a un plan de austeridad en función de nuestra inmensa deuda pública, quien no vea eso está ciego o no quiere ver.

-El Estado español ha perdido buena parte de su capacidad de influencia en la política internacional. ¿Qué opinas de la situación de las relaciones con Marruecos?

-Lo del Sáhara tiene dos caras, una marroquí y otra en la seguridad española. No quiero abrir nuevas batallas, pero es evidente que España, un país de la OTAN con bases importantísimas de Estados Unidos en Morón y Rota, tiene un problema no resuelto con los Estados Unidos. Si hay un conflicto entre Marruecos y España, nuestro aliado de la OTAN, Estados Unidos, no va a intervenir en nuestro favor. No es cosa menor esto. El artículo 5 de la OTAN no se aplicará. Estados Unidos considera a Marruecos aliado estratégico, Francia, también. Es más, el Reino de Marruecos es un aliado estratégico de la Unión Europea. Lo del Sáhara tiene consecuencias e implicaciones en la seguridad de España y en ese conflicto estaremos solos.

-Este ha sido un año especialmente difícil para la monarquía. ¿Ves el horizonte republicano que señala Unidas Podemos?

-El horizonte lo veo, no veo un proyecto real de III República. Nuestro admirado Eduardo Galeano decía que el horizonte era la utopía, lo que nos permite transitar, porque el horizonte siempre se aleja. Cuando veo el horizonte republicano lo veo como principio, un principio ordenador. Cada vez que nos acercamos al horizonte, se aleja, eso es una utopía, un no-lugar.

Con esto quiero decir que, para Iglesias, la república es una identidad, no un proyecto. Para Iglesias, como Podemos ya no tiene identidad cognoscible, se crea esa identidad desde el Gobierno. La identidad que quiere articular es una identidad republicana que le ayude a diferenciarse del PSOE. Ahora bien, si quisiera pasar de la identidad al proyecto republicano, tendría que plantearse en serio luchar por la III República. Significa plantearnos un proceso de ruptura democrática, hablar de proceso constituyente y definir qué tipo de república queremos, si parlamentaria o presidencialista, cuál será el papel de los territorios, si será federalista… Yo soy republicano de siempre, no me da miedo tener una identidad republicana, ahora bien, si vamos en serio a hablar de república, tenemos que plantear en serio qué es la III República.

Voy a recordar a Anguita, él siempre tenía esto en la cabeza. Tuvo problemas con la Unión Cívica por la República que creó él hace años, cuando ya había dejado la política. Siempre marcó la línea de que no se luchaba por la II República y la memoria histórica, luchábamos por la III República. Para una III República, tendrá que haber una derecha republicana, una izquierda, un centro… Hay un libro que coordinamos Rubén Juste, Héctor Illueca y yo, Volver a mirarnos, sobre unas jornadas en Córdoba. No hubo la voluntad de situar ese libro como un centro de debate porque no tocaba la república, entonces había que pactar con el PSOE, me alegro de que ahora sí toque la república. Si hablamos de república, hablemos en serio. Situemos el proyecto republicano, no solo la identidad, en el frontispicio de nuestra lucha política. Si lo único que se quiere es tener una identidad republicana, me parece bien lo que Iglesias y Enrique Santiago están haciendo.

-¿Qué opinas de la mayoría de los presupuestos? ¿De esa “dirección de Estado” que señala Iglesias en la que se incluyen a partidos soberanistas periféricos?

-No hay que confundir la maniobra táctica y lo que se debe o se puede hacer. Iglesias es un táctico prodigioso, tanto que ha convertido la táctica en estrategia, eso tiene un gran mérito, no lo veía hacer desde hace siglos de la Historia europea. Construye su discurso en función de fintas tácticas. Yo soy un viejo marxista, soy un nostálgico sin interés para la vida pública, pero me parece que Iglesias lo está haciendo muy inteligentemente y está haciendo algo nuevo en política, usar el Gobierno para crear una identidad, eso no lo había visto nunca en España. En esa identidad veo la posición sobre EH Bildu y ERC.

Iglesias ha ganado la batalla de los presupuestos, al menos discursivamente, pues se ha opuesto con habilidad a la presencia de Ciudadanos en un acuerdo con el PSOE. Esa batalla es importante. Después, ha intentado reforzar su posición con la ayuda de ERC y EH Bildu, y los ha puesto en la dirección del Estado. Tiene mérito, es un término que no conocía yo hasta el presente.

Lo que ocurre es que estamos en un límite, las posibilidades de ir más allá de lo que Unidas Podemos está definiendo son pocas, parece que los límites están marcados. Una vez aprobados los presupuestos, el Gobierno de Sánchez tiene asegurados dos años más, ahora Unidas Podemos es más prescindible que antes. La jugada táctica es apoyarse en EH Bildu y ERC para reforzar su posición en el Gobierno. Ahora bien, EH Bildu y ERC tienen sus intereses propios, solo coyunturalmente están con Iglesias.

Por otro lado, hay un problema no menor en este republicanismo del que estábamos hablando. Está muy bien que se cuente con las izquierdas nacionalistas periféricas para llevarlas a la dirección del Estado, pero esto tiene, también, un problema: si el republicanismo de España se identifica con la república catalana y vasca, con el separatismo y la desintegración del país, la tercera vía republicana no tiene viabilidad, eso solo beneficia a la monarquía y Vox. Si te alías con ERC en Catalunya y con EH Bildu en el País Vasco, en Galicia somos ya poquita cosa para podernos aliar, mandas un mensaje al electorado vasco y catalán, no refuerzas Unidas Podemos en estos territorios, lo devalúas táctica y estratégicamente. Si el mensaje republicano para el español medio y las clases trabajadoras españolas en Catalunya, País Vasco y el resto del Estado es que la estrategia es pactar con los independentistas, el problema es serio. El mensaje republicano entra en contradicción con la política de alianzas.

El problema es que Unidas Podemos se quedará en la España chica, las Castillas, Extremadura, Andalucía… Bueno, Andalucía tampoco, allí vamos a por la república andaluza, tendremos el 6% de los votos pero seremos felices. Las tres grandes nacionalidades históricas desparecerían de nuestro horizonte, también desaparecerían Baleares y Valencia, que ya tienen sus nacionalistas. Para decirlo en plata, la táctica es táctica, hay que tener cuidado con ella porque a veces te hace incompatible con tus objetivos.

-Sin embargo, los números en el Congreso son los que son para construir alianzas. Además, históricamente, los momentos de avance de las izquierdas son de entendimiento entre las distintas izquierdas del Estado. Esta semana publicábamos una interesante entrevista con Xavi Domènech sobre este asunto: “Gracias a la plurinacionalidad no gobierna el PP con Vox”.

-No tengo mucho que decir a esto. He leído el libro de Domènech. Que haya complicidades entre las distintas izquierdas y los nacionalismos me parece que es normal. Es normal que las fuerzas progresistas tengan acuerdos en el plano táctico e, inclusive, en el plano de las alianzas estratégicas.

Ahora bien, yo planteo que no estamos en un momento normal, estamos en un momento excepcional donde las identidades se están definiendo. Pablo empieza a reivindicar su posición republicana prácticamente en función de la crisis del emérito y de su posición en el Gobierno. Para decirlo en plata, hay que definir con mucha seriedad y precisión qué se entiende por proyecto republicano. Y desde luego, si el proyecto republicano que Unidas Podemos defiende tiende a buscar una alianza con las fuerzas independentistas, tendrá una consecuencia inmediata: la república se identificará con el independentismo y la desintegración de España. Si eso se hace, eso solo beneficia a Vox y a las derechas.

Lo que tiene que hacer Unidas Podemos es definir con precisión qué país quiere, y no en abstracto. ¿Queremos la república federal y solidaria o no? Si eso no está claro, lo que ocurrirá es que desapareceremos en el País Vasco y Catalunya como fuerza efectiva y las derechas se quedarán con el proyecto unitario de España.

-Para terminar, vemos cómo Unidas Podemos no capitaliza voto estando en el Gobierno, antes te has referido a ello. ¿Alguna propuesta en este sentido? ¿Por qué se pierde este apoyo popular?

-Una de mis diferencias con la dirección de Podemos era, precisamente, esta. Yo creo que no había que haber participado en el Gobierno de coalición, perdí y lo acepto. Pero lo que tendríamos que haber hecho es combinar la autonomía con la unidad. A más unidad, más autonomía y viceversa. Y eso hacerlo a lo grande, no en cada medida que toma el Gobierno. Por ejemplo, ¿qué se tendría que hacer en el PCE, IU y Podemos? Una reflexión: ¿Este periodo en el Gobierno nos ha dado más o menos votos? ¿Tenemos más o menos organización? ¿Más imbricación social o menos? Yo hago las preguntas retóricas y sé la conclusión: tenemos menos votos, menos organización, menos vínculos sociales y nuestras estructuras de base han ido desapareciendo. Yo creo que habría que hacer un balance colectivo, no solo de Unidas Podemos, sobre este primer año de Gobierno y compartirlo con la ciudadanía.

En segundo lugar, sigo defendiendo ir a unos estados generales de la izquierda. Es decir, propiciar, más allá de Unidas Podemos, una convergencia social y programática en torno a un proyecto alternativo de país, una magna asamblea de discusiones varias de donde salga el proyecto alternativo, hablando de temas como la república, Europa, nuestro modelo de estado, nuestras alianzas internacionales… En tercer lugar, creo que Unidas Podemos, en su actual formato, no da para más, a mi juicio es una simple alianza parlamentaria y por abajo no hay nada, no hay comités de enlace, ni comités en los barrios, en las provincias… Son organizaciones separadas y cada vez se separan más. Habría que organizar mecanismos de colaboración y unidad de acción entre los partidos, que permitan ir a una fórmula organizativa que, sin disolver los partidos, cree unidad.

Por último, creo que se debería pensar en serio en ir a una nueva organización política. No se trata de sumar debilidades, sino de crear fortalezas. Por tanto, en este momento en el que se está en el Gobierno, no después sino ahora, se debería ir hacia esa constituyente, hacia un proyecto donde hubiese una nueva formación política y se recogiera a los miles de hombres y mujeres que han desaparecido de la lucha por las peleas internas u otros motivos. Estas cuatro o cinco ideas enhebrarían un proyecto alternativo.