27 mayo 2024
CeutaSantuario

LUGARES CON ALMA – CEUTA

Septem Nostra,  Fuente: elfarodeceuta

Creo que estaremos todos de acuerdo en que estamos viviendo momentos difíciles en Ceuta. Muchos problemas a los que en estos días nos enfrentamos no son nuevos. Nuestro escaso y frágil territorio lleva mucho tiempo soportando una excesiva presión antrópica. Vista desde cierta distancia, nuestra ciudad muestra un paisaje plagado de edificios que se apretujan sobre una pequeña y estrecha península. Ambos lados quedan dos espacios naturales, el Monte Hacho y el monte de García Aldave, bajo la constante amenaza de la especulación urbanística, las construcciones ilegales, el abandono, la presencia de vertederos incontrolados y los recurrentes incendios forestales. Nuestra península está rodeada de mar por tres de sus cuatro lados y poca atención se le presta a la protección y conservación del medio marino. Aquí, lo único que parece importar a las autoridades es que las playas presenten un buen aspecto y que no falten flores en los maceteros dispersos por el centro urbano.
En lo concerniente a la economía, nuestro principal recurso, que es el mar, ha sido en buena parte esquilmado. En pocas décadas la floreciente industria pesquera se vino abajo y arrastró en su desplome a la flota pesquera y a todas las empresas y oficios relacionados con la pesca y las conservas de pescado. Los últimos maestros salazoneros han anunciado en estos días que sus días se acaban ante la previsible falta de materia prima y el permanente retraso en la adecuación de la explanada de Juan XXIII donde desde tiempo inmemorial desarrollan su labor artesana. Se intentó dirigir esta artesanía hacia el turismo cultural y gastronómico, pero no fue posible ante las continuas piedras que se fueron poniendo en el camino. En términos generales, la explotación irracional de los recursos naturales está llegando a su fin. La edad del crecimiento ilimitado tiene que dar paso a un periodo basado en el equilibrio entre aprovechamiento económico de los bienes propios de nuestro territorio y la obligación ética de velar por la conservación del patrimonio cultural y natural.
Aunque aún quedan capas sociales inmensas en la pobreza, hay una mayoría de personas en los países desarrollados que tienen cubiertas sus necesidades básicas. Cuando estas últimas están cubiertas, el ser humano no debería recrearse en ellas y caer presa del hedonismo, si no aprovechar las condiciones favorables de existencia para satisfacer las necesidades más interna. Me refiero a los requerimientos que nos hace nuestra voz interior para afinar nuestros sentidos, incluidos los sutiles, para captar dimensiones de la realidad que suelen pasar desapercibidas. Como afirmó C. G. Jung, el hecho religioso es inherente a la condición humana. Dios, desde esta perspectiva, no es tanto un ser diferenciado como una experiencia anhelada por el ser humano. Precisamente, se percibe en un número creciente de personas una búsqueda activa de experiencias significativas que alimenten y nutran su alma. De esta exploración ha surgido una modalidad emergente de turismo, denominada experiencial.

Tenemos, en general, un latente deseo de experiencias significativas y de autenticidad. La globalización ha tenido como una de sus principales consecuencias negativas la uniformización de muchos aspectos de nuestra existencia. La mecanización ha afectado a cuestiones cotidianas, como la forma de vestir o los hábitos alimenticios; y otras más tangibles, como la arquitectura o el urbanismo. Han proliferado lo que M.Augé bautizó como los “no lugares”. Este arquetipo espacial puede tomar forma de aeropuerto o gran superficie comercial. Vayas donde vayas encontrarás las mismas tiendas, con los mismos logos, la misma ropa e incluso el mismo olor al entrar en ellas.

Frente a los “no lugares” se erigen los “lugares con alma”. Son estos sitios los que cada vez atraen a más personas, aunque pocas en términos porcentuales respecto a la gran familia humana. Luchar por la conservación de estos “lugares con alma” o espíritu es uno de los propósitos más gratificantes que te puede ofrecer la vida. Estoy convencido de que Ceuta y el Estrecho de Gibraltar es uno de estos lugares cargados de sacralidad y magia. Tendríamos que sentirnos afortunados por vivir donde vivimos y tener, así, la oportunidad de contemplar uno de los amaneceres y atardeceres más bellos del mundo. Aquí en Ceuta estamos inmersos en un mar de luz y en unas noches nos menos mágicas. Creo que merece la pena el esfuerzo de redirigir la mirada desde los asuntos triviales que atrapan nuestra atención hacia lo universal y sagrado. Muchos ceutíes no son conscientes de la extraordinaria aurea que envuelve a Ceuta y desconocen el significado trascendente de los elementos principales de nuestros paisajes. Avanzar en este camino es hacerlo también en la conformación de una identidad colectiva inclusiva y gratificante. Cada una de las culturas que convivimos en Ceuta ha descrito con distinto lenguaje la misma verdad que se oculta tras el velo de Isis. Reconocer esta realidad universal rompe el hechizo que lleva a algunos a considerarse propietarios únicos de la verdad.

Por desgracia, estamos asistiendo en todo el mundo y, en el caso concreto de Ceuta, a una polarización entre posiciones ideológicas muy distantes. La confrontación es instrumento eficaz a corto plazo para agrupar a tus simpatizantes, pero se convierte en un arma letal a medio y largo plazo para la convivencia. Una premisa fundamental para garantizar la convivencia tendría que ser el respeto a la dignidad de las personas. No hay peor error que ver a quienes te rodean con las gafas de los prejuicios puestas. De esta forma sólo vamos a obtener una imagen distorsionada e irreal de las personas con las que te relacionas ya sea en tu ámbito familiar, laboral o social. Es persona a persona como se puede establecer una relación honesta y una empatía sincera. En este momento de mirarse a los ojos uno puede entender los sentimientos del otro y descubrir que todos buscamos lo mismo: gozar de una vida digna. Por el contrario, cuanto más nos alejamos de la persona individual tendemos a cosificar a los demás y colocarles etiquetas estereotipadas.
Echo en falta más altura y sinceridad en los discursos políticos que se articulan en Ceuta. Los plenos de la Asamblea derivan en muchas ocasiones en representaciones de tragicomedias baratas. Se supone que este órgano de representación política tendría que servir para exponer, analizar, discutir y alcanzar acuerdos que redunden en el beneficio colectivos de los ciudadanos de Ceuta. Sin duda la realidad es multifacética y es importante que cada uno aporte su particular visión de las cosas y las propuestas que consideren más eficaces para superar los graves retos a los que se enfrenta nuestra ciudad. Creo que las legítimas reclamaciones que la Ciudad tiene que presentar al gobierno de España y a la Unión Europea serían mejor escuchadas y atendidas si fueran fruto del acuerdo entre todas las fuerzas políticas, económicas y sociales de Ceuta. Cada uno, dentro de nuestro ámbito profesional, podemos y tenemos que aportar nuestro pequeño grano de arena para lograr que nuestros ciudadanos gocen de unas adecuadas condiciones de vida.

La nuestra podría resumirse en el aprovechamiento de nuestros bienes naturales y culturales para la educación integradora de nuestros hijos y la vivencia de experiencias significativas para todos los habitantes de Ceuta y para todas aquellas personas que cada día sienten una mayor necesidad de crecer en armonía con la naturaleza y el cosmos. Aprovechamos la oportunidad única que nos brinda precisamente la naturaleza para hacer de Ceuta un santuario dedicado a rendir a la vida que atraiga a nuestra ciudad a todos los buscadores de la espiritualidad, la sabiduría, la cultura y el arte.