Los viernes del Corán III – El Corán en árabe y en otras lenguas

En el Nombre de Allâh – El Todo Misericordioso – El que manifiesta Su Misericordia

Y la plegaria y la paz sobre nuestro profeta Muḥammad, su familia y compañeros.

Cuando leemos el Corán en árabe podemos darnos cuenta de su fuerza debido a una peculiar forma de expresión, que no es otra que la Divina, la de Su Revelador, el Señor de los mundos. Nos encontramos entonces ante una expresión de una fuerza inusual, delante de una lectura extraordinaria, que, a veces, podría parecer poética, sin llegar a ser poesía, y otras, las aleyas del Corán se asemejan a sentencias contundentes, explicadas de una manera tan rotunda que impactan profundamente al lector. Otras, como en la surat Yussuf, por poner un ejemplo, nos recuerdan a los más bellos de los relatos, expresados de una manera tan delicada, que hacen saltar las lágrimas del lector. Por no decir de las aleyas que hablan de la Grandeza de Allâh y de Sus atributos. Sea como fuere, el Corán, no es ni poesía, ni prosa, ni un tratado legal ni científico. Es un Libro revelado que explica de forma sublime y autoritaria la relación de Allâh con el Ser humano y la creación, resaltando en otras ocasiones la Inmensidad y Todo Poder de un Rey Soberano y Eterno.

Hay hadices que dicen que cuando se escucha su recitación, si las lágrimas no caen naturalmente de nuestros ojos, hay que provocarlas. No obstante, se mire como se mire, nos encontramos directamente ante un Dios que nos habla, que nos comunica Su excelso y sublime mensaje, para que, sacando lo mejor de nosotros mismos, nos dirijamos a El de la manera más clara y certera. Y este acercamiento, regocija de tal manera a la criatura que somos nosotros, que cayendo sobre una montaña la hubiéramos visto partirse en dos por la Fuerza de Su Poder.

¿Qué ocurre entonces cuando el Corán no es leído en árabe? Primeramente, dos cosas:

Una es que su recitación no es válida ni para rezar, ni desde el punto de vista canónico para los otros ritos del Islam.

Otra es que no nos sobrecoge su ritmo inigualable, su sublime expresión, procedente de la Belleza y el Todo Poder divinos.

¿Qué es lo que no cambia cuando es leído en otras lenguas? Una cosa, simple, y a la vez definitiva: el Mensaje.

¿Sería posible que Allâh hubiera hecho descender un Libro provisto de una impresionante forma de expresión, sino contuviera un Mensaje? Es imposible; porque el motivo por el cual el Corán ha sido revelado no es otro que el Mensaje. No son las bellas palabras, ni la bella escritura, ni lo ceremonial de su lectura, el motivo de la Revelación; de ninguna manera. El motivo, y no hay otro, es el Mensaje que contiene.

Hemos hecho que te descendiera a ti el Libro que es una aclaración para toda cosa, y una guía, y una misericordia, y albricias para los musulmanes (16-89)

Lo hemos hecho descender con la Verdad y con la Verdad ha descendido (17-105)

Hemos dejado claro pues, que el Mensaje es el núcleo y la razón de la Revelación del Corán.

¿Qué ocurre entonces cuando una persona como nosotros, que no hemos nacido, ni hemos sido educados desde pequeños en el conocimiento del árabe, cuando, a pesar de leerlo en árabe no lo podemos comprender plenamente sino es en nuestras lenguas vernáculas? Ocurre simplemente que estamos tratando el Corán como se debe. Por deferencia a Allâh rezamos en la lengua que Él lo reveló, y por obedecerle y saber cómo hacerlo leemos Su mensaje en otras lenguas y lo comprendemos tal cual lo puede comprender el árabe más árabe del universo.

Y es aquí donde concurre otro elemento, que son las traducciones. La impresionante ventaja del Corán en árabe es que puede ser memorizado, letra a letra, por millones de personas. Esto garantiza su preservación de una manera férrea, sin fisuras. Ninguna palabra del Corán puede ser cambiada, porque eso significaría realizar un acto sacrílego y blasfemo, al alterar, como otros antes del islam han hecho, las palabras y el mensaje divinos.

En las traducciones que hemos podido leer en español no hemos encontrado una comprensión de lo que significa el Libro de Allâh por parte de los traductores. En cuanto a los traductores musulmanes se refiere, y aunque la de Abdel Ghani Melara sea la más correcta, y animemos a utilizarla por ser la menos mala, observamos una querencia en el traductor para considerar la prosa del Corán como la de un relato o un ensayo filosófico. No respeta en su traducción la contundencia, la Fuerza, lo inapelable de las Órdenes dadas, a Su Manera, por el Poder Divino que las ha revelado; pues Allâh, digámoslo claro, no ha de ceñirse a ningún estilo humano de escritura y expresión.

Curiosamente, Julio Cortés si ha captado esto; pero el hecho de no ser musulmán mediatiza su escoger palabras o sinónimos, escogiendo a veces los más próximos a su mentalidad.

Hablar de las otras traducciones es entrar en un terreno negro; pues, aunque encontramos la de Bórmez, buena, desde el punto de vista general, observamos en ella que existe una clara adulteración al traducir una simple palabra “próximo» por “familia del Profeta”, alterando a su manera, pues es de formación chi’a, la expresión Divina sin derecho alguno; de manera, estamos convencidos, sacrílega.

Hablar de las de Muhammad Asad y García, es hablar ya de «traducciones», si es que podemos utilizar ese término, de carácter satánico.

En la de García sobre todo podemos observar una clara intención de reescribir el mensaje del Corán, tergiversando, adulterando, cambiando voluntariamente las Palabras de Allâh de manera capciosa y malvada; sustituyéndolas por las del mensaje de su secta y escribiendo un Libro, al que siendo simplemente realistas y honestos podríamos llamar “El libro rojo del Chaytan”, pues es la pretensión de querer hacer creer, engañando a todos, que eso viene de Allâh, lo que le vuelve satánico con mayor contundencia.

Lo que más ama el Chaytan es mezclar la mentira con la verdad – hadiz

Hablar, pues de maldad y de traición, cuando lo hacemos de estas dos útimas “traducciones”, es quedarse sencillamente corto.