Los viernes del Corán 2 – La recompensa y el perdón

A-s-salamu ˤalaykum – La paz sobre vosotros

Estas tres aleyas que hoy vamos a presentar del Corán han descendido en dos momentos precisos y diferentes, pero su contenido no hace más que uno solo. Cuando descendió la primera parte, los sahaba le dijeron al Enviado – sobre él la plegaria y la paz – que, si la consideración de Allâh como recompensa o castigo de nuestros actos eran de acorde a esas Palabras divinas, todos estaríamos entonces condenados al Infierno. Esta es la aleya en cuestión:

Recordemos que la Surat al Baqara fue revelada enteramente en Madina-l-Munawara, y que los sahaba que tuvieron la noticia de esta revelación de la que estamos hablando eran mucho más numerosos que aquellos que se encontraban en Meca antes de la emigración.

Primera revelación

De Allah es cuánto hay en los cielos y en la tierra; tanto si manifestáis lo que hay en vosotros mismos como si lo ocultáis, Allah os pedirá cuentas de ello. Y perdonará a quien quiera y castigará a quien quiera.
Allah es Poderoso sobre todas las cosas
(2-284)

Cuando los creyentes supieron que cada uno tendría lo que hubiera adquirido, sintieron que ninguno estaría a la altura y que sería condenado, sabiendo que el alma tiende al mal, y si no fuera por un favor de su Señor estarían entre los perdidos. Así se lo hicieron saber al Profeta, y éste les dijo que si iban a comportarse protestando como lo hicieron judíos y cristianos, con lo cual, ellos, siguiendo el consejo de Muḥammad – sobre él la plegaria y la paz – dijeron: “Oímos y obedecemos”. Así pues, viendo el estado de desesperación en el cual habían caído los creyentes, y asimismo su sumisión incondicional a sus mandatos, Allâh completó, con las aleyas 285-286, diciendo:

El Mensajero cree en lo que se le ha hecho descender procedente de su Señor y los creyentes. Todos creen en Allah, en Sus ángeles, en Sus libros y en Sus mensajeros: «No aceptamos a unos mensajeros y negamos a otros».
Y dicen: Oímos y obedecemos, Tu perdón Señor nuestro, y hacia Ti es el retorno.
Allah no impone a nadie sino en la medida de su capacidad; tendrá a su favor lo que haya obtenido y en su contra lo que se haya buscado.

¡Señor nuestro! No nos tomes en cuenta si olvidamos o erramos.
¡Señor nuestro! No pongas sobre nosotros un peso similar al que pusiste sobre los que nos precedieron.
¡Señor nuestro! No nos hagas llevar lo que no podamos soportar.
Bórranos las faltas, perdónanos y ten compasión de nosotros.
Tú eres nuestro Dueño, auxílianos contra la gente incrédula.
(2-285 y 286)

En ese momento llegó el gran alivio, la constatación de la Misericordia divina, indulgente con las debilidades humanas, que todos mostramos en nuestras vidas y caracteres.

Aun así, podemos contemplar claramente que estos dos versículos se encuentran separados por un giro en la expresión. Primeramente Allâh advierte que Él ha dado fuerzas para comportarse de una manera adecuada, y posteriormente les dice que, a pesar de todo Él es perdonador y Misericordioso

¿Podría decirse que Allâh estaba esperando a la queja de los sahaba para revelar la segunda parte, rectificando así la primera poco tiempo después? Ciertamente no; pues el Señor del universo, el Soberano de los seres humanos quiso que Sus servidores fueran conscientes de su indigencia, de su débil naturaleza, totalmente dependiente de Él, que se postraran ante El asegurando audición y obediencia.

En un hadiz encontramos las siguientes palabras:

Allâh yuḥibbu ˤabda-l-Laḥuḥ – Allâh ama al siervo plañidero.

Es decir a aquel servidor que siempre está pidiendo a Allâh como un niño lo hace con su madre. He aquí la razón de esta jugada maestra que Allâh hizo con los creyentes; primeramente haciendo que cayeran en la tristeza, para después levantar su ánimo diciéndoles: “No lloréis; Yo estoy aquí, os perdono vuestras faltas, porque a Mí me gusta perdonar, Me gusta que os volváis a Mí pidiendo que Yo os dé, que es lo que Me gusta hacer”.

¿Qué sería de nosotros abandonados a nuestra suerte? Pero somos afortunados; tenemos un Señor Próximo, Bueno, Amable, Dulce, Comprensivo, que perdona a aquellos quienes se Le acercan con sinceridad y necesidad.

¿Qué Bueno es Allâh, no es cierto?

Estábamos perdidos, y nos acogió, necesitados, y nos colmó; estábamos tristes y calmó nuestros corazones con la suavidad inigualable de Su condescendencia; nos dio de Su Luz; nos alimentó de los mejores manjares externos e internos, recogidos en los inmensos huertos de Su propiedad.

¿Y nosotros? ¿Damos al pobre y alimentamos al huérfano? ¿Acogemos al necesitado y satisfacemos a quienes se encuentran bajo nuestra responsabilidad?

Ibn Umar escuchó decir al Mensajero de Alläh -sobre él la plegaria y la paz : “Allâh me ha revelado dos aleyas de los tesoros del Jardín para sellar con ellas el sura de La Vaca. Las escribió Ar-Rahmän (el Todo Misericordioso) con Su mano mil años antes de hacer la Creación. Quien las recitara dos veces después del salat de la noche, sería recompensado por ellas como si hubiera hecho quiyyâmu-l-lail”.

Asimismo estas aleyas, por tradición de los creyentes, son muy adecuadas para recitar, ya sea en la salat del Subh o la del Magreb. Ellas comienzan por:

Amana-r-rasulu bîmâ ‘unzila ilayhi min rabbihi wa-l-mu’minun… y terminan por ‘anta Mawlanâ fa-nsurna ala-l-qawmi-l-kafirîn