Los tesoros del hadiz

La paz sobre vosotros.

Los hadices no son solamente instrucciones para realizar tales o cuales actos de una determinada manera. En muchos de ellos existen maravillosas enseñanzas que entroncan con las de las más bellas aleyas del Corán. Estos hadices son auténticos tesoros que, una vez desgranados, resultan ser unas fuentes de enseñanza perpetua, pues el contenido de sus mensajes penetran en lo más profundo del corazón de los seres humanos.

Por ello hemos llamado a este escrito «Los tesoros del hadiz».

Dijo el Profeta – sobre él la plegaria y la paz -: Forman parte de los buenos caracteres del creyente: una fuerza en la religión, una firmeza con ternura, una compasión con afección, una longanimidad con conocimiento, una moderación en la riqueza, mostrar paciencia en caso de pobreza, evitar un pecado procedente de la voluptuosidad y la compasión hacia el extenuado. El creyente entre los adoradores de Allâh no oprime a aquel a quien detesta, no comete una falta en lo que ama, no despilfarra lo que se le ha otorgado como depósito, no es envidioso, no practica la maledicencia, no maldice, reconoce la verdad aunque ello juegue en contra suya, y no lanza apodos injuriosos. Es humilde en su plegaria, se apresura a pagar el zakat, soporta las desdichas, es reconocido en la holgura y se contenta de lo que posee, no reclama nunca aquello lo cual no le pertenece, ni es rencoroso cuando se irrita, la avidez no le retiene cuando ha decidido hacer un bien cualquiera, frecuenta a las gentes para aprender, y se entretiene con ellos a fin de instruirse. Si es oprimido o se es injusto con él, es paciente hasta que el Misericordioso toma partido y causa por él.

(De Ŷundub, recopilado por Al-Hakim)

Hemos manifestado en algunas ocasiones que el grado del mu’min (el verdadero creyente) se encuentra por encima de aquel del musulmán a causa de que el creyente se ha revestido de todas las cualidades en cuestión de virtud y de desapego de los bienes mundanales, así como por recordar a Allâh mañana y tarde: sentado, de pie, recostado, en marcha, parado, enfermo o sano. El mu’min es aquel quien, por amor a Allâh, ha dejado sus posesiones y riquezas en las Manos del Creador, y ha hecho fructificar los bienes que ha recibido mediante la limosna y la generosidad; es aquel quien se preocupa de saber la Voluntad de Allâh sobre los asuntos antes de emprenderlos, aun y cuando dichos asuntos no contradijeran las órdenes divinas. Es la persona de confianza. Es alguien de fino olfato para saber distinguir el bien del mal.

Resumiendo: es alguien quien ha entregado su vida, sus asuntos, su familia, sus pertenecías y a él mismo a Allâh, en toda circunstancia, en toda situación; pues, como dice el Corán:

Es cierto que Allâh les ha comprado a los creyentes sus personas y bienes a cambio de tener el Jardín (9-111)

En verdad que a los musulmanes y a las musulmanas, a los creyentes y a las creyentes, a los obedientes y a las obedientes, a los veraces y a las veraces, a los pacientes y a las pacientes, a los humildes y a las humildes ; a los que dan con sinceridad y a las que dan con sinceridad, a los que ayunan y a las que ayunan, a los que guardan sus partes íntimas y a las que las guardan y a los que recuerdan mucho a Allâh y a las que le recuerdan, Allâh les ha preparado un perdón y una enorme recompensa. (33-35)

Aparte de lo que el Corán dice, tanto en estas aleyas como en otras, sobre los creyentes, este hadiz nos ayudará a comprender las características de ese grupo bendito de hombres y mujeres que se han dedicado enteramente a Allâh. Veamos.

Explicación del hadiz

He aquí las características de los creyentes que nos enumera el hadiz:

una fuerza en la religión

La fuerza en la religión es la disposición resuelta del creyente a practicar y defender su religión con firmeza y veracidad. El creyente es una referencia en el Din y forma parte de sus divulgadores y defensores; siempre y cuando no lo haga buscando riquezas, hecho por el cual perdería su condición de creyente, así como su sabiduría. Es entonces que, ejecutando esto se acerca al estatus de los profetas; pues como Allâh dijo a Yahya – sobre él la paz –

¡Yahya! ¡Toma el libro con fuerza! (surat Mariam – 12)

una firmeza con ternura, una compasión con afección

Esta firmeza en la religión no es incompatible con la ternura, ni con la compasión, ni con la afección. Ocurre en ocasiones que cuando una persona es versada en Din pueda confundir la firmeza con un mal comportamiento hacia los hermanos, de quienes no soporta los malos hábitos, sin caer en la cuenta de que él mismo los tiene, teniendo que mejorar su condición. Otras veces hay personas que creen que cuando una persona de conocimiento habla de religión con contundencia y seguridad, esto se debe al orgullo; cuando en realidad es Allâh quien nos ordena, una vez que sabemos, hablar con seguridad y contundencia. Ahora bien, esto debe ser conjugado con una compasión hacia los hermanos, a fin de mostrarse a sí mismo y a otros que todo cuanto recibe de conocimiento y bien es a causa de una Gracia de Allâh, y no por razón de sus propios méritos.

una longanimidad con conocimiento, una moderación en la riqueza

No podemos dar por dar, sino que, inclusive para hacer misericordia debemos actuar con conocimiento y sabiduría. Daremos a quienes lo necesitan, para satisfacerles aquello, que siendo necesario, no podrían hacerlo por sus propios medios. Para ello debemos prospectar, conocer su situación y repartir en función de una realidad existente, y no simplemente por sentirse contentos de haber dado. De la misma manera, cuando Allâh nos hace depositarios de riqueza debemos ser moderados. No es un creyente aquel quien, cuando recibe una fuerte suma, va al mercado a buscar y adquirir artículos de lujo, pues eso demuestra el escaso grado de su fe, y su condición infantil de pequeño niño caprichoso, que es, por otra parte, la condición personal de la mayoría de los ricos.

paciencia en caso de pobreza

La pobreza y la necesidad hartan a la gente. Cuando uno no posee lo necesario o se encuentra abrumado por las deudas pierde su libertad y vive siempre en la sensación de inseguridad que le causa desasosiego. Si en esta situación tiene paciencia, ello es uno de los signos del creyente.

evitar un pecado procedente de la voluptuosidad

Cuando el šaytan tienta al creyente, sabiendo que éste no cede fácilmente a sus insinuaciones, crea en él la idea de la necesidad de realizar tal o cual acto voluptuoso, argumentando que se trata de circunstancias especialmente justificadas. El diablo va con cada uno según su estatus, cambia de táctica en cada situación. Quien sabe esto y se resiste a obrar según la voluptuosidad muestra su carácter de creyente.

la compasión hacia el extenuado

Un buen creyente no puede sentirse bien si ve a otro hermano sufrir y pedirle ayuda. Su interior le exige ocuparse de las necesidades de aquel, de manera que, al menos, su hermano se sienta reconfortado y en seguridad con él.

no oprime a aquel a quien detesta

Es una bajeza oprimir a alguien por la sencilla razón de que se le detesta. Es más, si amamos o detestamos a alguien que sea por la causa de Allâh, y no por capricho. Aun así, Allâh nos ha prohibido la injusticia, y el hecho de oprimir procede de una mala naturaleza de parte del opresor.

no despilfarra lo que se le ha otorgado como depósito

El depósito es una ‘amana; y si es de Allâh debe ser respetado, guardado y tratado con la mejor de las disposiciones. El despilfarro procede de un alma caprichosa e infantil que nada ha de ver con la de un verdadero creyente.

no es envidioso, no practica la maledicencia, no maldice

La envidia es el mal del ignorante; pues éste no sabe que Allâh da a cada uno sin necesidad que uno deje de tener para que el otro tenga. Hablar de otros a sus espaldas, a no ser que sea para preservar a otros de un mal procedente de esa persona, es una falta de orgullo y de maldad; pues uno debe, antes que nada, reconocer los defectos propios y corregirlos. Si alguien nos hace al y maldecimos es como si nos estuviéramos cobrando venganza de manera verbal. Maldecir no lleva a parte alguna, pues Allâh es el Juez, el Solo que tiene el poder para castigar o corregir.

reconoce la verdad aunque ello juegue en contra suya, y no lanza apodos injuriosos

Es una prueba de grandeza de alma y de humildad reconocer una verdad, aunque juegue en nuestra contra. Por otro lado, la sorna, reírse da alguien, ridiculizando un defecto suyo, es una muestra de orgullo, prepotencia y mala educación.

 Es humilde en su plegaria, se apresura a pagar el zakat

Es decir: es consciente de la Grandeza de Allâh cuando le reza, así como de su condición de siervo, y se apresura a pagar el zakat con la plena consciencia de que sus bienes no son de su propiedad, sino que constituyen un depósito concedido por Allâh.

soporta las desdichas, es reconocido en la holgura y se contenta de lo que posee, no reclama nunca aquello lo cual no le pertenece

Soporta las desdichas pues es consciente de ser puesto a prueba por Allâh y tiene esperanza en El para que mejore su situación; por la misma razón es agradecido a Allâh en la holgura. Se contenta con lo que posee, porque sabe que es Allâh quien le da y que nunca va a dejarle sin nada. Y nunca reclama lo que no es suyo, pues eso se acerca a la extorsión y es el hermano menor del robo.

ni es rencoroso cuando se irrita

Tengamos o no razón. Si nos irritamos con alguien y guardamos rencor hacia él en nuestro corazón es por un mal que habita en nuestra alma procedente de una predisposición a la ira.

la avidez no le retiene cuando ha decidido hacer un bien cualquiera

Ni el negocio ni el comercio les apartan del recuerdo de Allâh.

frecuenta a las gentes para aprender, y se entretiene con ellos a fin de instruirse

La disposición a prender la Ciencia es un rasgo característico del creyente. Él no se contenta con su propio saber, sino que siempre busca más a causa de la consciencia personal de que aquello que le queda por aprender es más de lo que Allâh le ha dado como conocimiento.

Si es oprimido o se es injusto con él, es paciente hasta que el Misericordioso toma partido y causa por él

El creyente es consciente de que Allâh es su Valedor; y sabe que cuando alguno practica la injusticia hacia su persona, si él toma la defensa en su mano, Allâh la dejará en su mano. Pero si él la deja en Manos de Allâh, el opresor recibirá tal ejemplo que puede ser que nunca más vuelva a levantar su cabeza contra él.

¿No comienza un hadiz qudsi por?:

A quien causa mal a alguno de mis awliya, Yo le declaro la guerra.