17 junio 2024
Editorial

Los sueños son la pantalla que nos muestra nuestro interior

A-s-salamu ‘alaykum – La paz sobre vosotros

En otra ocasión escribimos un capítulo de alcance general sobre los sueños verídicos. Dijimos como según la Sunna un sueño verídico es la 46 ava parte de la profecía; cómo el Profeta – sobre él la plegraria y la paz – dijo que ahora que el partía nos dejaba la visión verídica en el estado de sueño.

Efectivamente, cuando dormimos el alma no encuentra la barrera del cuerpo y sale de él para fundirse con el universo al cual pertenece en origen; vaga por su hábitat natural por ese mundo al que ella pertenecía antes de verse apresada en el cuerpo.

Ahora bien, cada alma es diferente, y cada una de ellas tiene un lugar por el que viaja en función de su nivel de pureza e inteligencia. Las almas más puras y sinceras viajarán por lo más alto de los estratos del Universo, mientras que las más pesadas y menos limpias lo harán por los inframundos o mundos inferiores. Estas últimas raramente tendrán una visión verídica y todo cuanto perciban será engaño y perversión.

Es así que, mientras que algunas almas en sus sueños ven al Profeta – sobre él la plegaria y la paz – , los otros profetas, los ángeles, los sahaba, los planetas, el cielo, los mares limpios y otros elementos puros del universo, otras ven animales salvajes y otros elementos propios de su condición.

Algunas almas pueden ver a Allah; ello ha sido un hecho constatable durante siglos; pero esta visión es parcial, pues nadie puede contactar con el Infinito si antes verse aniquilado por él. Se le ve bajo la forma de una persona, o de un rey, o de un joven de bella estampa, luminoso e imperial. Es decir, se ve un sifat, un símbolo. Es una manera de que Allah nos hable sin producirnos alteraciones en nuestro cuerpo y nuestra mente.

En realidad el mundo de nuestros sueños es una extensión de lo que habita nuestro corazón. Si lo que habita nuestro interior es el bien veremos el contenido de ese corazón en los sueños; y si lo que nos habita es el mal, entonces captaremos animales salvajes, monstruos o cosas aún peores. Es como si en una pantalla pudiéramos ver lo que nos habita debido a la pasividad de un cuerpo inerte que no interviene en dicha visión.

Sueñas lo que eres, ves tu interior pasearse por el universo mientras duermes; ves lo que hay en tu interior; es algo claro sobre lo que no existe duda alguna.

Una de las cosas llamativas, y sin embargo, no por lo rutilante menos delatador del estado deplorable en el que se encuentran la gran parte de predicadores del Islam, es que nunca hablan de los sueños; y ello a pesar de la importancia que les dio el Profeta – sobre él la plegaria y la paz -. Y no hablan de los sueños porque sencillamente, o no los tienen, o lo que ven en ellos es tan negro que no les conviene que salga a relucir. Un corazón negro no puede ver la luz del sol, ni la claridad del cielo; verá formas grotescas, animales feroces como su propia alma. ¿Cómo es posible que nadie, de estos que se precian saber del Islam, ignora algo a lo que el Profeta dio tanta importancia como son los sueños verídicos? Es delatador, es revelador.

Y si no se tienen sueños y se inventan para hacer creer al auditorio que se tiene, resulta ser aún más patético, por lo cómico de sus narraciones inventadas.

En una ocasión tuve la oportunidad de que alguien cercano a la política de un determinado país me contó una visión que tuvo. Había visto un lobo; entonces le dije: “quiera Allah que dejes de mentir a las gentes”. Extrañado me preguntó porque se lo interpreté así, y le dije: “El lobo fue la excusa de los hermanos de José para disimular su delito; y si lo has visto es porque haces lo que hicieron ellos, mientes”.

En otras ocasiones, afortunadamente, otros hermanos me han contado cosas dignas de mención en sus sueños, y por ello he podido ver que sus espíritus eran puros y sus corazones blancos, independientemente de su estatus o condición.

Porque, en resumidas cuentas, soñamos lo que somos, y no puede ser de otra manera.

Abdul Karim Mullor