15 octubre 2026
Nuevos Musulmanes

Los sacralidad de los lazos de parentesco

Los sacralidad de los lazos de parentesco

El ‘Islâm es potenciador de la Comunidad, por definición. Los musulmanes somos hermanos entre nosotros, y esta es una consigna que faculta potenciar la vida en sociedad, así como la comunicación entre las gentes.

Precisamente, la plegaria del Viernes es obligatoria para que los musulmanes se congreguen al menos una vez a la semana, y sientan que son una gran familia.

La base de una sociedad potente y bien formada no es otra que la Familia. El Hogar es el lugar sagrado del que irradia el amor y la complicidad que, al salir en sociedad, se plasman en las relaciones de todos los días, así como en la organización de una comunidad de creyentes.

Muchos, muchísimos musulmanes, han olvidado esto, y viven al margen como si con ellos no fueran estos principios fundamentales.

Todos debemos conocer que uno de los más grandes pecados que se pueden dar, junto con la idolatría y el crimen, es la ruptura de los lazos familiares. Si estos se rompen conscientemente, la persona o personas implicadas deberían echarse a temblar ante la Cólera divina que nos ha alertado en múltiples ocasiones contra esto.

Pero aquellos que rompen el pacto con Allâh después de haberse comprometido, cortan lo que Allâh mandó que estuviera unido y corrompen en la tierra; esos tendrán la maldición y la mala morada. (13-26)

Dijo el Profeta – sobre él la plegaria y la paz -: “Tres grupos no entrarán al Paraíso: aquellos que toman bebidas embriagantes, aquellos que recurren en la brujería y aquellos que cortan sus relaciones familiares.” (Bihar al Anwar)

Ŷubair Ibn Mataˤam -que Allâh esté complacido con él- transmitió que el Mensajero de Allâh – sobre él la plegaria y la paz -, dijo: “No entrará al paraíso quien corte sus relaciones familiares”.  
(Al-Bujari y Muslim)

El Matrimonio y los divorcios

La ignorancia en cuanto al papel sagrado del matrimonio y del hogar de uno o de ambos cónyuges; la ignorancia en cuanto a la propia religión y al papel que debe representar cada uno en la pareja, hace que, hoy por hoy, la mitad de los matrimonios desemboquen en divorcio. Las razones son varias:

– La ignorancia en cuanto al rol de cada uno – La traición – Desvelar a otros los secretos del hogar – Introducir en dichos secretos al resto de los familiares – Dejarse llevar por el capricho – No tener un ápice de paciencia el uno con el otro – La sociedad agresiva en la que vivimos que hace todo por romper las familias y los hogares – Depositar la confianza en terceras personas que aprovechan para destrozar el hogar – …etc.

Dice un hadiz:

El gran šaytan es el que separa al hombre de la mujer

Por otro lado, dice el Corán hablando de Harut y Marut:

…Así aprendieron de ellos como separar al hombre de su mujer… (2-101).

No hemos de olvidar que en los países susodichos musulmanes la familia, fundamentalmente del esposo, entra en la intimidad del hogar para derribarlo. Esto se debe, primeramente a la ignorancia, la maldad y la ausencia de comprensión de la Religión.

Pues aunque es cierto que el Profeta dijo que el hombre debe hacer una atención especial a su madre; también dijo que el matrimonio es la mitad de la religión. Y, cuando una madre entra en la santidad del hogar, sin derecho alguno, el trabajo que está haciendo es el del šaytan así como seguir el “arte” de Harut y Marut.

Se dice en un hadiz que el divorcio hace temblar el Trono. No obstante, también es verdad que si uno de los dos esposos ha roto con su compromiso en el hogar, es mejor separarse de él a fin de tener una vida en paz. Esto ocurre hoy muy a menudo. Entre la ignorancia y las proclamas sociales tendentes a destruir los hogares pocos matrimonios se mantienen en armonía.

Vengarse del cónyuge divorciado a través de los hijos

Digo del cónyuge porque es una realidad incontestable que esto lo realiza fundamentalmente la mujer. ¿Por qué? Una de las razones es que comúnmente  es ella la que se queda con la custodia de los menores en caso de ruptura. Se miente, una y otra vez, una y otra vez, a los hijos menores con respecto al padre, convirtiendo a éste, a sus ojos, en una especie de monstruo.

Este es un crimen, fundamentalmente hacia los hijos a los que se engaña. Se les priva del contacto paterno, y al padre del contacto con los hijos.

En el caso de una familia musulmana, este es uno de los pecados más enormes que se puede cometer, y quien lo hace ha de atenerse a las consecuencias, pues seguro es que su crimen no quedará impune. Menos mal que Allâh es Justo.

Las relaciones con los padres

Se da, a veces, el caso contrario al anteriormente expuesto, es decir: uno de los cónyuges trata de separar al otro de sus padres, fundamentalmente por razones económicas.

Si uno de ellos o ambos proceden de un divorcio, y si ese o esos tienen hijos del anterior matrimonio, se separa al cónyuge adinerado o solvente de su/s padre/s para beneficiar a los hijos del primer matrimonio, convirtiendo así al/ o a la cónyuge en una especie de esclavo al que se utiliza por puro interés.

A veces, y de esto yo he sido testigo y lo conozco, las pasiones son tan grandes que se recurre a la magia negra para obtener los fines deseados.

De esta manera, la actitud perversa de parte de la familia corrompe la otra parte.

El equilibrio

El equilibrio y la equidad son hijos de la mesura, de la sinceridad y del Conocimiento.

Hoy, solamente un sabio es capaz de salir indemne de estos comportamientos tan fuera de lugar. Solamente un hombre y una mujer mesurados y sabios conocen su lugar, cuál ha de ser su comportamiento y cómo pueden dirigirse en sus vidas.

La pasión hacia los hijos

Algunos se ciegan con esa pasión. Se ponen de sobrenombre Abû tal o ‘Ummu cual (padre o madre de…); cuando en realidad, y para hacer honor a la verdad, deberían llamarse Abdu Tal y Amatu Cual (siervo y sierva de…). Sí, es vergonzoso. Se ama a los hijos más que a Allâh y se les convierte en objeto de adoración.

Estos sobrenombres, que antes venían acompañados de un comportamiento familiar adecuado, hoy en día se han convertido en motes de mala educación. Con ello se da a los hijos una importancia desmedida, se les dice que son grandes a sus ojos, y de esta manera se les mal educa.

Esto, acompañado por muchas proclamas sociales corruptas de lo que hoy se llama “cultura occidental” corrompe el hogar. Se hace que los hijos pierdan el respeto y el amor hacia los padres, que a sus ojos pasan a ser como una marioneta a la que se tiene todo el derecho de pedirles dinero en el mejor de los casos, y sumisión en los otros.

Se les chantajea emocionalmente de una manera tal que hace pensar que en lugar de hijos son los más acervos enemigos que se puedan tener.

Decidme entonces, si no es este al horizonte que podemos ver delante de nosotros. Está claro. ¿Qué más podemos decir?

La Comunidad musulmana, hoy, está herida de gravedad; porque la familia se ha convertido en un espantapájaros que un día se llevarán los vientos.

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