Los sabios silenciosos en la caverna y en la montaña

Los sabios silenciosos en la caverna y en la montaña

Una nueva modalidad de sabios ha surgido en todo este maremágnum de palabras y conceptos que se suceden sin parar en un mundo convulso en el que las ideas luminosas brillan por su escasez.

En una ocasión, hace muy poco, un hombre tuvo un sueño en el que el Šayj Al ˤAlawi le daba unos números, para descifrar los cuales había que ir a buscar a alguien escondido en la montaña. Cuando supe de ese sueño le indiqué asimismo quién era ese hombre, de tal manera que resultó ser que esos números se trataban de unas aleyas del Corán, las cuales invitaban a prepararse para la otra vida.

Hay que rescatar de este acontecimiento que el Šayj al ˤAlawi mencionó a alguien escondido en la montaña, como dando un signo de que la sabiduría y aquellos que la detentan no se encuentran a la vista de todos. Asimismo hay que resaltar que, tal y como dice ˤAbdul Qadir Ŷilani en su “Sirru-l-‘asrâr” (El secreto entre los secretos), cuando vemos a un wali en sueños se trata de él.

Esto nos hace recapacitar con respecto a unas palabras proféticas bien conocidas en las que se nos dice que en estos tiempos son los ignorantes los que se subirían a las cátedras. Y, automáticamente, esto produce que los sabios hayan de recluirse en sitios discretos ocultando sus realidades, o bien que ellos lleguen a confundirse con las masas ocultando sus cualidades a la vista de gentes que no sabrían comprenderlas ni aceptarlas.

Al igual que no podemos contemplar el Sol sin enceguecernos no podemos escuchar a los sabios sin quemar las impurezas que albergan nuestro interior. Ellos son el fuego ardiente que Mûsâ – sobre él la paz – encontró en la ladera del monte Sina. El fuego quema, consume, devora; y si es un fuego santo no respeta impureza.

Es así que el contacto con estas personas amadas por Allâh es una prueba tal que aquellos que les repudien habrían de verse perjudicados. Por ese motivo, ellos llevan una vida discreta, y no se manifiestan tal y como son; por un lado porque quienes no les escucharan podrían ser dañados; por otro lado porque pocos hoy tienen la vista tan aguda que puedan percibir el bien que existe en su interior.

Cuando esto ocurre, ha de saberse, que la práctica del Islâm se encuentra en estado de alerta roja. Se trata de una situación crítica, de una inversión de las realidades, de los términos, de lo que es realmente importante, tal como nunca ha existido desde la época del Profeta – sobre él la plegaria y la paz -. Nunca se han vivido situaciones semejantes en 14 siglos de Islâm. Es así que como dijo el Profeta: Los musulmanes somos muchos pero fútiles como la espuma del mar que el viento se la lleva con un pequeño soplo.

Al no haber referencias directas y claras de sabios que sean capaces de enseñar a la Umma las pasiones se desatan; muchos se creen con derecho a hacer e interpretar a su guisa; y de esta situación, ya penosa en ella misma, nace otra más penosa todavía.

No se sabe dónde está el bien y dónde está el mal; se confunde el uno con el otro y se invierte.

Y de esto resulta asimismo el hecho de que aquellos que, por una cosa u otra, llegan a reconocer a los sabios y aprenden de ellod, se convierten de manera directa en las gentes de los que el Profeta habló llamándoles “mis amados” (ahbabi). Al ser tan pocos, el bien, la sabiduría y la paz se condensan en ellos, y de ellos resultan gentes superiores en conocimiento, control de ellos mismos, mesura, paciencia y pudor, muy por encima de la media.

Estos tiempos se asemejan a los que precedieron la venida de Muḥammad – sobre él la plegaria y la paz -; son tiempos de oscuridad, de los que sin duda un día saldremos con la asistencia Divina. No podemos hacer otra cosa que preservar el Saber, ya que se trata de una Amana que no tiene precio, y transmitirlo a su vez a todos aquellos que se encuentren capacitados para recibirlo.

Hoy, los sabios, son como aquellos jóvenes que se refugiaron en la Caverna. Hoy, los sabios, son como aquellos que debieron emigrar a Abisinia y a Madina. Hoy, los hermanos cananeos quieren vender a Yussuf. Hoy, las serpientes de los magos encantan las vistas de las gentes; pero ¡no hay cuidado! Serán engullidas. Hoy, los Hijos de Israel quieren volver a Egipto para plantar cebollas y pepinos, despreciando el maná, y entran por la puerta de la ciudad santa marcha atrás. Hoy, el Daŷŷal enseña como Paraíso lo que es fuego. Hoy, la ignorancia abunda y la sabiduría se encuentra en las montañas y en las cuevas.

Ahora bien, como no desespera del Favor de Allâh sino el pueblo incrédulo, seguimos y seguiremos trabajando, esperando que nuestro Señor invierta la situación.