Los océanos del Corán
Abdul Karim Mullor
Los océanos del Corán
Dice Allâh en el Corán que el Océano se agotaría antes de poder escribir Sus palabras, provisto que sus aguas fueran tinta. Y, como símbolo de lo inagotable de Sus palabras nos propone otro océano, a fin de indicarnos cuán grandiosas son Su Sabiduría y Su Ciencia. Es claro que ni siquiera con millares de océanos podríamos completar las palabras de la Verdad Absoluta.
Es el Corán un pequeño libro que no necesita de mucha tinta para ser impreso. No obstante, y, a pesar del número limitado de sus palabras y frases, aquellos que nos hemos inmerso en sus aleyas y surats buscando el Conocimiento podemos dar cuenta de las riquezas escondidas en él, constatando que esos océanos mencionados en el Libro no son suficientes para abarcar sus significados, ya sean evidentes, ligeramente ocultos, u ocultos excepto para los más perspicaces; aquellos de los que Allâh dice en el Libro:
Los que saben reconocer lo esencial – los aproximados a Allâh – los purificados – las Gentes del Recuerdo, y otras designaciones que el Libro de Allâh utiliza para señalar a aquellos que conocen la Verdad en toda su extensión.
Una secta designada con el nombre de “coranistas”, en la que se encuentran grupos dispares, intentan hacernos creer que toda la Revelación se encuentra en el Corán y que la Sunna del Profeta – sobre él la plegaria y la paz – no ha estado bien recopilada. Evidentemente, estas son afirmaciones bien vehiculadas por intereses espurios. Y a la vez son postulados torpes y feos.
La Sunna del Profeta no es otra cosa que el desarrollo explicativo de los significados evidentes y ocultos del Corán, y por tanto, es Revelación protegida por Allâh, tal y como lo es el Libro. Negar esto es negar el Corán que asegura que ni siquiera dos océanos pueden contener las Palabras de Allâh.
Al igual, niegan el Corán, pues el mismo Libro de Allâh nos ordena obedecer a Muḥammad; y no entendemos cómo podríamos hacerlo con la ausencia de una Sunna bien completa y estructurada.
Cada aleya, cada surat del Libro expresan al mismo tiempo un aspecto y significado evidente, y otros ocultos a la vista de los lectores comunes.
En tiempos pasados, aquellos que eran conocedores del Corán, en su aspecto interior y exterior, eran respetados y tomados como una referencia en el universo del Conocimiento.
Hoy, esos conocedores, si bien se encuentran en nuestra tierra, y sus conocimientos son completos, no son reconocidos como referencia, quedando por tanto un vacío que viene a ser llenado por ignorantes, charlatanes e incompetentes.
Ya hemos explicado, una y otra vez, como el Profeta – sobre él la plegaria y la paz – habló de esta época, y como los ignorantes y orgullosos se subirían a las cátedras para extraviar a los musulmanes. Muḥammad decía la verdad; eso lo constatamos a diario.
Los significados ocultos del Corán brotan de las aleyas y se ofrecen a las vistas penetrantes de los que saben reconocer lo esencial. Allâh habla con nosotros en Su Corán, y nosotros debemos comprender lo que Él nos dice, sino estaríamos perdidos.
Es así que esas aleyas, que son la superficie del océano del Conocimiento, se abren y nos cuentan lo que se encuentra en el interior. Nos sonríen, nos invitan a pasar, nos acogen con una gran bienvenida.
Es entonces que podemos sentir la Presencia Santa detrás de ellas; Allâh nos habla, nos indica, nos incita a sumergirnos en esa luz graciosa que se insinúa cuando auscultamos el Libro.
Al igual que un doctor nos reconoce para saber lo que tenemos dentro, asimismo el Corán nos ofrece los métodos seguros para diagnosticar dónde se encuentra la Verdad, y donde nos encontramos nosotros con respecto a ella. Es por eso que el mismo Libro se nos presenta a nosotros como una cura para los corazones.
Y entonces, comenzamos a comprender lo que es la verdadera recitación del Libro, que no es otra cosa que sumergirse en sus aleyas y encontrar los tesoros escondidos por su caparazón exterior. Una sola aleya puede sugerirnos múltiples significados superpuestos.
Si Mûsâ – sobre él la paz – hablaba con su Señor a través de una zarza ardiente, nosotros podemos hacerlo a través del Corán. Las Palabras divinas son a su vez un fuego y una luz (nûr y nâr).
Al igual que Mûsâ debió dirigirse al monte con la intención de traer los beneficios del fuego para su familia, así nosotros hemos de trabajar para decorticar ese Libro a través del cual Allâh nos habla.
Y no lo podemos hacer solos, ya que Allâh en Su Libro nos indica el camino:
Preguntad a las Gentes del Recuerdo si vosotros no sabéis.