Los niveles de la Paciencia

La virtud de la Paciencia es, sin duda alguna, una herramienta destinada a hacer fructificar los asuntos de todo orden. Ella aumenta la capacidad de observación, se alimenta de la inteligencia, devolviendo a ésta, a su vez, el favor dispensado en forma de resultados satisfactorios que aumentan su agudeza y penetración.

Virtud conocida por todos evidentemente, cuyos resultados solamente los recogen aquellos quienes se sirven de ella de una manera sabia y clarividente.

Lo que muchos no saben es que existen varias clases de paciencia, correspondientes directamente a los niveles y a las personas a los que ella se aplica; estos niveles provocan que aquello lo que para algunos sea captado como paciencia, se convierta en algo muy diferente para aquellos quienes transitan por niveles elevados de Humanidad y de Creencia.

Primeramente, hemos de decir, que uno de los aspectos de lo que la mayoría de la gente entiende por Paciencia se corresponde con la sagacidad de saber esperar el momento adecuado para abordar los asuntos de una manera satisfactoria.

En el dominio religioso, o digamos de la creencia, se tiene por Paciencia la virtud que nos hace soportar con resignación los avatares del Destino cuando estos aparecen de forma negativa o desagradable para nuestros deseos.

Dice el Libro:

Allâh está con los pacientes (Allâh maˤa-ṣ-ṣabirîn) (2-185)

Esta aleya es operativa, tanto por aquellos quienes se encuentran en el nivel de paciencia que acabamos de citar, como para aquellos quienes transitan por los niveles superiores, y han convertido lo que antes era Paciencia en una forma de comportamiento totalmente integrada en su personalidad.

El hombre pide el mal de la misma manera que pide el bien, el hombre es siempre precipitado. (17-11)

En efecto, cuando uno evalúa las cosas, y no lo hace de manera debida, sino que lo hace dejándose arrastrar por los caprichos del Nafs, llega a conclusiones de lo más variopinto, alejadas de la verdad y dictadas por su propio orgullo interior o auto satisfacción. Cuando a estos hombres se les contraría en sus pensamientos, o cuando les llega algo contrario a lo que anhelan o piensan, pierden los estribos y se encolerizan. Otros, cuyo ego es menos vanidoso, se limitan a soportar los reveses sin mostrar cólera, pero si disgusto. Esta es la paciencia de la que habla la primera aleya, pues, en la mayoría de los casos, los creyentes de base, por muy buena intención que muestren no llegan a captar la verdad, ni lo que es adecuado para ellos en cada caso. Su nafs les extravía y les sugiere conclusiones que no se corresponden con la realidad tal cual es, pues cara es la Verdad en el mundo de las sombras.

Los de grandes nafs, orgullosas como las montañas, pagadas de ellas mismas, y poderosas, en el sentido de soberbias, son aquellos que inventan falsas creencias o doctrinas y fuerzan a que otros las sigan. A estos, mudos, sordos y ciegos les da igual que les adviertas o no; su orgullo les ciega de poder percibir el menor atisbo de verdad en sus corazones.

Ahora bien, aquellos que no saben la Verdad debido a la espesura de sus egos, si llegan a mostrar un mínimo de humildad y de cordura en su interior, y si soportan los reveses sin entrar en cólera, tendrán, si Allâh lo quiere, abiertas las puertas del Paraíso; de aquel Paraíso destinado a los Compañeros de la derecha, pero no el de los aproximados. Estos últimos, pertenecen a otro grupo, como dice el Corán, de menos en menos numeroso.

Por eso, otra aleya dice:

Allâh ama a los pacientes (3-146)

Esta Paciencia a la que alude esta aleya es diferente en nivel de aquella a la que aluden las aleyas anteriormente expuestas. Esto lo demuestra el hadiz qudsi en el cual Allâh dice:

“…Mi siervo se acerca a Mí a través de obras supe rogatorias hasta que Yo le amo, y cuando Yo le amo, Me convierto en la mano con la que toma, el pie con el que marcha, el ojo con el que mira, la lengua con la que habla…

Es entonces que estos, son los amados de Allâh a los que se refiere la aleya que nos dice que Allâh ama a los pacientes. Ahora bien ¿cuál ha de ser entonces el grado y la naturaleza de esta virtud en aquellos amados por Allâh, y cuál la diferencia respecto del grado inferior de paciencia que pueden experimentar por el común de los creyentes?

El común de los creyentes realiza la virtud de la Paciencia soportando los avatares del Destino, los reveses de la vida, las contrariedades a sus deseos. Cuando estos hechos se producen de manera esporádica, mostrar paciencia es menos complicado que cuando se extienden en el tiempo, volviéndose en algunos casos complicaciones establecidas de manera permanente o casi permanente. Cuando tenemos paciencia por un hecho constante es mucho más digno de encomio que cuando únicamente la mostramos en hechos que se nos presentan de una manera ocasional.

Es esto lo que la mayoría entiende por Paciencia, es decir: soportar con desagrado y con entereza los reveses que nos alcanzan en el transcurso de nuestras vidas.

Ahora bien, existe una clase de Paciencia exclusiva a la élite de los creyentes; a los adelantados, a los puros, a los agradecidos, a los Pacientes de pleno derecho. Esta es la expresada en la surat ‘Al-‘Aṣr:

’illa-l-ladina ‘amanu wa ˤamilû-ṣ-ṣaliḥati wa tawaṣṣu bi-l-ḥaqqi, wa tawaṣṣu bi-ṣ-ṣabr (…excepto aquellos que creen y practican obras puras, se recomiendan la Verdad, y se recomiendan la Paciencia)

En efecto, aquí Allâh hace corresponderse realizar obras puras con la Verdad y la Paciencia, es decir, se trata de un nivel de Paciencia que reside en el mundo de la Verdad.

Es esta la que sayyidinâ Yaˤqub hubo de tener por no poder ver a Yussuf – sobre ambos la paz – durante casi una cuarentena de años hasta que comprendió que su paciencia fue un medio para penetrar en el Amor de Allâh (Bella Paciencia). Prescindir de lo Bueno para optar a lo Mejor, esta es la paciencia de los profetas, de los santos, de los ṣalihîn; la cual poco ha de ver con la de la mayoría de los creyentes.

Estas obras puras no tienen sino una relación indirecta con lo permitido y lo prohibido. Son obras que, atendiendo debidamente a lo estipulado por la Ley religiosa, van mucho más lejos que puede ir el simple comportamiento permitido. Estas obras trascienden ese nivel y se elevan a la altura de las más elevadas montañas, e incluso a la de los siete cielos. Para ellos, el Haram es hacer todo aquello cuanto Allâh no ame, aunque fuere Halal, y solamente es Halal la realización y aceptación de la Voluntad divina hasta en los actos más insignificantes.

Es entonces que aparece la Reda (satisfacción) y que los reveses y las pruebas no son ya recibidas con Paciencia, sino con la satisfacción propia de aquél que comprende que las decisiones divinas han de ser aceptadas siempre sin el menor sentimiento de haber recibido un revés, sino que, antes bien, son el producto de una educación de parte del Solo Sabio que ha creado los cielos y la tierra para que Le adoremos.

Allâh estará satisfecho de ellos y ellos lo estarán de Él. (98-8)

¡Oh alma sosegada! Regresa a tu Señor, satisfecha y satisfactoria. Y entra con Mis siervos, entra en Mi Jardín. (89- 27 a 30)