19 julio 2024
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Los huŷŷaŷ VIP de la torre del reloj

A-s-salamu ‘alaykum

Si has pagado bien, y diste aire a tu billetera, y además contribuiste generosamente a la manutención de los flacos, malnutridos y menesterosos jeques sauditas, alquilando una habitación en la torre del reloj, de la cual se ve la Kaaba como si tuviera el tamaño de una abeja; si has hecho todo esto, entonces no eres un musulmán cualquiera, serás un musulmán VIP y tus salats serán VIS (Very importants salawat). No, no eres un cualquiera, eres todo un personaje.

Llegan los pajes a recibirte y te meten en la habitación, casi en brazos, diciéndote “el señor puede hacer el salat siguiendo al Imam; el muftí dice que es permitido”. Ese Imam VII (Very important Imam), que es un punto en algún lugar de la explanada de la mezquita, mientras piadosamente dices Allahu Akbar siguiendo el sonido de los altavoces. Y esa postración con tu frente en alfombras de lujo, bendecidas por imames cultivados y de alta reputación, llegará sin duda hasta el séptimo cielo, del que estando donde estás, sin duda te encuentras cerca. ¿Qué digo cerca, si ya desde tu habitación se divisa el Bayt al Mamur (la Casa frecuentada)?

Tu salat, oh agraciado, será como la de los que están en el séptimo cielo, aceptada y aceptable; si no por Allah, pues por lo menos por los jeques del Golfo, que según dicen los sabios son musulmanes muy mucho creyentes y muy mucho piadosos, que para eso tienen mucho dinero.

Agua de Zamzam envasada en botellas de lujo, adornadas con duas especiales para los del hotel del reloj, adaptadas a tu exquisita reputación que demostraste a todos con tus caritativas propinas.

Para eso has pagado, oye; y, sin duda, para amortizar la inversión, tu piedad ha de ser reconocida con alguna que otra mención de esos santos y piadosos imames que custodian los santos lugares, a los que tú te dignaste acudir a pesar de tus múltiples ocupaciones para rezar con la muchedumbre sin ser reconocido por la importancia que tienes, pues molestamente todos visten igual en aquel lugar, aunque, todo hay que decirlo, no todos son VIP como tú. ¿Y cómo no se va a aceptar tu salat y tu Hiŷŷ después de haberte gastado esa millonada?

Rezarás tan alto que los angelitos del Cielo cantarán contigo y su voz saldrá por el hilo musical Halal, con el que sin duda tu suite estará equipada; pues para eso pagaste.

Cuando haya que ir a Arafat, vendrá un empleado del hotel con una sombrilla de mano y te dirá:

«Siento que el señor haya de molestarse bajo los ardientes rayos del sol y se vea obligado a caminar entre tanta gente burda, al lado de ese populacho sudoroso y molesto. Yo estaré todo este tiempo con usted velando por su comodidad y seguridad».

Y no irás a dormir en el suelo en Mina, que eso es para el vulgo; irás al hotel que se encuentra en lo alto de la colina y te acompañarán a apedrear al šaytan escoltado para que nadie se atreva a empujarte, a horas escogidas.

Y cuando vayas a Arafat podrás comprar Baraka y Perdón.