18 junio 2024
Nuevos Musulmanes

Los hechos maravillosos y sus enseñanzas

Los hechos maravillosos y sus enseñanzas.

A través de la Historia han ido transcurriendo hechos maravillosos que han desafiado de manera asombrosa las leyes de la Física y los parámetros por los que la mente se rige.

Ya hayan acontecido en la época de los profetas demostrando que Allâh es capaz de realizar maravillas a través de personas amadas por El. Ya se hayan producido en el devenir de la Historia, estos hechos han cautivado las sensibilidades, avivado los espíritus y maravillado por su enérgica realidad y sorprendente aparición.

Desde aquellos pájaros que informaban a Sulayman – sobre él la paz – y aquellos genios que le trajeron el trono de Balkis, reina de Saba. Ese alumbramiento de María Virgen. Desde ese vientre de la ballena en la que estuvo Yunus. Esos acontecimientos maravillosos acontecidos en la vida de Yussuf. Los hechos increíbles protagonizados por el bastón de Mûsâ. La Nun curativa de Sajnun. El maravilloso barco volador de Sulayman. De aquella Fatiha que trabajaba por aquella chayja andaluza. Las dos juventudes recuperadas por Zulayja…

Ya se surquen los cielos, se marche sobre las aguas, se cure milagrosamente a los enfermos, se transformen de manera puntual las leyes de la vida; nada de eso tendría valor si ese hecho no estuviera adscrito a un fin que es el que le otorga su belleza y razón de ser. ¿Para qué marchar sobre las aguas, volar por los cielos, trasladarse de un lugar a otro en segundos… si no hubiera utilidad en ello?

Los tiempos que vivimos nos esconden muchas realidades que acontecen a nuestro alrededor. El exceso de información, casi siempre voluntariamente sesgada, nos ha insensibilizado. Si el Sol no llegara a salir un día nos contentaríamos con una excusa de la NASA a fin de encontrar una explicación apodada como “científica” para rubricar una mentira floreada una vez más.

Hemos llegado a un punto que hemos perdido la sensibilidad; hemos adormecido en nosotros la capacidad de maravillamiento. Si descendiera un ángel del cielo diríamos que se trata un fenómeno paranormal y nos contentaríamos con poner un mote a nuestra propia ignorancia. Si sufrimos un terremoto en el que han fallecido 50.000 personas le echamos la culpa a las placas tectónicas; ¡Qué culpa tendrán ellas, las pobres! Pero si nuestro equipo de fútbol ganara un campeonato mundial saltaríamos de árbol en árbol, canturreando el Aleluya, maravillados de tan deslumbrante acontecimiento.

Seguramente hemos perdido mucho de Humanidad, adolecemos de falta de sensibilidad. Es como si hubieran echado polvos de adormidera en el aire que respiramos, o en el agua que bebemos.

Estos hechos maravillosos a los que nos hemos referido antes, si ocurren por una causa noble, pueden hacer saltar nuestro interior de emoción, y asimismo transportarnos a un mundo donde lo material ha dejado de ser el valor de referencia. A este respecto, relataremos dos de ellos por la belleza de su contenido.

La madre de Abdul Qader y el Halcón.

Un día ˤAbdul Qadir Ŷilanî, cuando contaba doce años, paseaba con su madre para buscar agua. El hijo se fijó en una cicatriz que su madre tenía en el rostro, y entonces le preguntó:

– “Madre, ¿cómo fue que te hiciste esa cicatriz?”

A esto la madre no quiso contestarle, avergonzada como estaba. Pero ante la insistencia de su hijo, le respondió.

– “Es una historia que no tiene importancia”-.

Entonces ˤAbdul Qader la dijo:

– “Madre. Tú ibas a buscar agua antes de que yo naciera. Te apartaste de las casas para ir al río. En eso, un hombre estaba al acecho y te siguió. Cuando estabas llenando el cántaro se abalanzó sobre ti, pensando que nadie le veía para aprovecharse de la situación. Tú te asustaste e intentaste separarle de ti. En eso momento pasó volando un halcón y le vació a ese malvado la cuenca de los ojos dejándole ciego, como castigo por su maldad. Al levantar el vuelo, el halcón, por descuido, no pudo evitar rozarte con sus garras, dejándote esa cicatriz que ahora adorna tu rostro”.

Entonces la madre, sorprendida ante la veracidad de las palabras de su hijo pequeño, exclamó:

– “Hijo. Eso que tú me acabas de relatar es la verdad. Pero ¿cómo llegaste a saberlo si a nadie se lo conté, ni tan siquiera a tu padre?”

Abdul Qader respondió:

– “Madre, lo sé, porque ese halcón era yo” –

El sabio, el barquero y los libros

Bagdad, hace algunos siglos. Se produjo un importante aguacero que hizo que el Dichle, el río que pasa por la ciudad, se desbordara de su cauce. Alguna de las localidades cercanas a la capital quedaron anegadas. En tales circunstancias solamente se podía llegar a la otra orilla en barca para poder estar a salvo, con el agravante de que la riada iba a más y había que abandonar inmediatamente las aldeas si se querían salvar las vidas.

El barquero estaba llenando ya la última barca que podría pasar a la otra orilla con seguridad; quedaba una sola plaza en la barcaza.

A esto llegó un sabio con un asno cargado de libros detrás de él. El barquero al verle de esa guisa, dijo:

– “Buen hombre, si quieres pasar al otro lado, tienes que hacerlo solo.” – .

El sabio respondió:

– “¡Imposible! He de pasar con mis libros. ¿No sabes tú cuánto he tenido que estudiar y penar para aprender lo que hay en ellos? Me quedo aquí. O paso con mis libros o me quedo”-

El barquero respondió:

– “Hombre de Dios. Si cuanto te han enseñado esos libros no te sirve ni para montar en una barca y salvarte en tiempos de peligro; una de dos, o lo que hay escrito en ellos no sirve de nada, o tú no has aprendido nada de ellos. Porque si algo hubieras aprendido, su sabiduría estaría dentro de ti. ¡Anda! Entra en la barca y deja empaparse a esos libros que por una cosa u otra de nada te sirven ahora”-.

Así dicho el sabio reflexionó y encontró que lo que le dijo el barquero era la verdad, pensando para sí mismo: “¿Qué clase de sabio soy que debo ir amontonando libros y cargando con ellos a todas partes?”