27 mayo 2024
Sufismo

Los dos «La ilaha illa Allah»

Los dos «La ilaha illa Allah»

Somos creyentes, sabemos que hay un Dios Todo-Poderoso, Perdonador, Misericordioso, Generoso…Todo esto es un justo principio, una base para establecer una relación con nuestro Creador. Ahora bien, sabiendo esto, ¿cuánto y de qué manera nos sentimos vinculados a Él? ¿Sentimos la necesidad perentoria de vincularlo a todos nuestros actos y pensamientos hasta el extremo de no emprender nada sin Su aceptación y Su consentimiento, o simplemente nos limitamos a realizar o a evitar lo prescrito de Sus mandatos básicos?

Entre lo uno y lo otro existe una gran diferencia, la cual determina el grado de compromiso del siervo con su Señor. La diferencia es sensible en la persona; ya que nos estamos refiriendo a dos tipos diferentes de musulmanes: aquellos que desean aprovechar la Misericordia y el Perdón divinos para recibir una recompensa en la otra vida; y, por otra parte, aquellos quienes desean acercarse a Allâh por amor y por conocerle, sacrificando sus propias personas e intereses.

En toda evidencia, el Destino de unos y de otros en la vida del Ajira será muy diferente: unos irán a los paraísos inferiores, los otros al Firdaws junto al Estanque del Profeta – sobre él la plegaria y la paz -. Estos últimos podrán ver a Allâh; los otros no.

Se trata asimismo de dos vidas diferentes, de personas distintas que no podrán congeniar en amistad de manera profunda, siendo que el único contacto sólido que pudieran tener los unos con los otros es el derivado de la enseñanza maestro—discípulo.

Cuando Sidi ˤAlî Ibn Abi Talib – que Allâh santifique su rostro – se dirigió al Profeta para que le indicara una letanía especial para él, el Profeta – sobre él la plegaria y la paz – le dijo que “Lâ ‘ilaha ‘illâ Allah”. A esto ˤAlî le replicó diciendo que eso lo decía todo el mundo. El Profeta entonces le acercó su boca a su oído diciéndole un “Lâ ‘ilaha ‘illâ Allah” que solamente él podría pronunciar.

Efectivamente, hay dos “Lâ ‘ilaha ‘illâ Allah”; el que recitamos todos los musulmanes y el de aquellos a quienes les ha llegado ese “Lâ ‘ilaha ‘illâ Allah” que el Profeta susurró en los oídos de ˤAlî y que ha pasado de generación en generación a aquellos capaces de hacerlo efectivo dentro de ellos.

Nadie debe caer en el error de los hermanos de Yussuf – ˤalayhi-s-salam – creyendo que no hay nadie más digno que ellos y que el Favor de Allâh no puede ir hacia aquellos a quienes Allâh quiera.

Allâh es Justo, y cuando concede un Favor a alguien que a otros no les otorga, es porque sabe que ese alguien podrá hacer germinar y crecer ese Favor y los otros no. Y asimismo porque Allâh elige a quiénes Él quiere, y nadie tiene derecho alguno a contestar su elección.

El “Lâ ‘ilaha ‘illâ Allah” de la multitud lleva al paraíso; el “Lâ ‘ilaha ‘illâ Allah” de ˤAlî, algunos compañeros como por ejemplo los diez a los que el Profeta prometió el Ŷanna, ese lleva directamente al Firdaws, al Estanque del Profeta y a la visión frecuente de Allâh Todo-Poderoso.

¿Acaso hermano musulmán, acudiste a cada una de las llamadas de Allâh? Mientras otros lo hacían, tu no. Mientras otros se preocupaban avergonzados por no cometer imprudencias legales, tu nadabas en el océano de lo permitido sin plantearte si era del agrado de Allâh cuanto hacías y cómo lo hacías. ¿Quieres ahora compararte a aquellos que han rastreado en su alma para no hacer nada que contradijera a Allâh, fuera permitido o no? ¿Te preguntas por qué ellos tienen más que tú? Piensa en el tiempo perdido, en tu olvido, en tu ansia por disfrutar de los bienes de este mundo, y tú mismo te darás la respuesta. Sí, a veces, el orgullo ciega.

Y si vamos a las razones principales de porqué pocos se dedican a conocer las Voluntades divinas, podemos ver dos de ellas que son importantes:

Una es el orgullo. Es la alta idea que muchos se hacen de ellos mismos, creyendo que los otros tienen un valor inferior; de esta manera se ciegan pensando que lo que ellos hacen es lo más correcto, despreciando a aquellos que intentan acercarse a Allâh, pensando que estos lo hacen porque son inferiores y él no lo necesita.

La otra razón es la pereza y la indolencia. Las personas llevadas por esta lacra dejan pasar el tiempo en pequeñas diversiones y entretenimientos; no teniendo arrojo interior necesario se entretienen con vanidades dejando pasar centenas de oportunidades de aprovechar la vida persiguiendo objetivos nobles y desdeñando realizar actos excelentes por el simple hecho de que les cuesta trabajo.

Y no se puede tener nada sin trabajar; ni en esta vida ni en la Otra. No olvidemos esto.

Demos gracias a Allâh que ha creado personas mejores que nosotros que nos pueden dirigir hasta El, y no hagamos como los hermanos de Yussuf, pues si hacemos tal, seremos entonces Ŷahuda, Chaimon, Neftalí, Lawi, etc. gentes sin pena ni gloria.