Los comienzos de la purificación del Nafs

Por Abdul Karim Mullor

Cuando hablamos de la purificación del Nafs, nos encontramos frente a un punto de partida cuyo comienzo constituye una realidad que hay que asumir para poder partir de ella comenzando a surcar un camino que, si Allâh quiere, mañana dará sus frutos. Este camino tiene un principio y un final, un objetivo y unas peculiaridades que le son propias.

El punto de partida es el Nafs ammara bi-s-su’i (el alma repleta de impurezas). Estas impurezas se revisten con la forma de deseos desordenados, palabras y actos tendentes a satisfacer caprichos y pasiones. En el momento en el cual emprendemos la lucha por desembarazarnos de esas impurezas encontramos un camino plagado de dificultades, pues entramos en lo desconocido, en un área en la que carecemos de experiencia; por eso necesitamos la ayuda de un maestro que conozca los pormenores del camino y las tendencias del alma humana.

Si después de esto, tenemos suerte y accedemos a purificar parcialmente el Nafs, pasaremos al estado de Nafs al Lawama (el alma que  se reprende); es decir el Nafs  que se reprende a sí misma en cuanto a sus tendencias y errores.

Y, finalmente, si está en nuestro Destino y Allâh nos otorga esa merced, pasaremos al estado de Nafs al mutma’inna (alma sosegada) aceptable y aceptada por Allâh.

Este proceso, para que pueda darse, ha de ser vigilado por un maestro cualificado que desempeñe el rol de clarificador, sabiendo mostrar al aspirante a distinguir entre los deseos del alma, las sugestiones del chaytan y las luces divinas que muchas veces puedan venir disimuladas entre los deseos del alma y la ausencia de un estado suficientemente lúcido de consciencia y de discernimiento.

Si el pretendido maestro es un impostor, entonces, nunca el aspirante podrá salir del estado del Nafs repleta de impureza; impureza esta que pretenderá mostrarse como pureza, pues como dice el Qur’an: “El diablo embellece vuestras malas acciones”. Y esto sí es una catástrofe para un buscador de la Verdad porque éste terminará confundiendo los destellos del fuego con las verdaderas luces que proceden del espíritu implantado en el corazón por nuestro Señor. Si no es un verdadero maestro podrías terminar confundiendo el Nar por el Nur.

Los que sabemos de esto, los que tenemos experiencia en este campo, gracias a Allâh, sabemos distinguir entre luz y destellos; entre sugestiones y conocimientos; resumiendo: entre verdad y mentira o ilusión.

Sabemos asimismo que el Nafs no puede ser combatida por partes como algunos sugieren, por ejemplo: primero la lengua, después la mirada, después el oído, seguidamente el pensamiento, etc. Esto es un error que solamente puede ser cometido por un falso maestro que intenta seducir a las gentes con un seudo conocimiento. Y no solamente eso, sino que intenta adueñarse de su voluntad, blandiendo falsos poderes prestados de esa nefasta ciencia de Harut y Marut. El Nafs es una; ella no tiene sentidos, aunque se sirva de ellos para ejecutar sus deseos. Ella solamente tiene apetitos y voluntades propias; y para satisfacer ambos utilizará cualquier subterfugio, se presentará en múltiples formas; abrumará con peticiones, sugerencias, trucos e ilusiones; ella es como un prestidigitador que tratará de convencernos de lo real de sus hechizos, de lo justificado de sus pretensiones. Ya que, cuando el agua inunda una casa no se puede contener sacándola con una cuchara. Esto, si fuera una obra de ingeniería resultaría ser una ruina. El que sugiere esto resulta ser el mejor testigo de su propia incompetencia.

Si este alma es sugestionada por chaytan, es entonces que se volverá más astuta y elocuente.

Es así que la sola manera de irla debilitando es el volverse a Allâh, teniendo en cuenta lo que nos trata de decir el hadiz qudsi, cuyo significado es este:

Siervo Mío, Yo quiere, tú quieres, pero no será sino lo que Yo quiero.

Porque el núcleo den Nafs, lo que la hace fuerte, es su propia voluntad, ejercidacreando la ilusión de tener una personalidad propia con la que suplantar la tuya real.

La única manera de debilitarla es comenzar entonces con los actos meritorios en forma de letanías: Istigfar – salat ‘ala-n-Nabi y Lâ ilâha ‘illa Allâh.

Decía el Profeta – sobre él la plegaria y la paz:

“La mejor de las acciones es tener húmeda la lengua con el Recuerdo de Allâh”.

Estos actos serán, operativos para el fin citado únicamente  si son supervisados por un maestro legítimo descendiente espiritual del Profeta. Si no es así, ¡que Allâh nos proteja de caer en malas manos!

Es entonces que cuando el Nafs intenta imponer su voluntad, con la fuerza de las palabras de Allâh se la puede contradecir, no ejecutando sus imperiosas exigencias, preguntándonos si lo que nos propone es lo que Allâh quiere o no.

Cuando el Nafs al Lawama lucha contra el Nafs ammara bi-s-su’i surge un combate con múltiples frentes y estrategias. Hay que saber que esta última es astuta y taimada e intentará arrastrarnos, sino puede por la fuerza, lo hará mediante la astucia y los movimientos de camuflaje propios del engaño.

Nuestro objetivo en este escrito no es relatar como el Nafs termina haciéndose mutma’inna; esto lo trataremos en otra ocasión. Nuestras palabras de hoy sirven para desvelar uno más de los subterfugios inventados por falsos maestros, cuyo conocimiento nos ha llegado por diversas fuentes. Y es que, no son iguales el verídico y el falso; no son iguales el auténtico y el camuflado. Quiera Allâh que esto sea útil, pues con esa intención lo hemos escrito. Ya que el Gran Ŷiḥad es la lucha contra las pasiones; y ésta requiere una concentración, una sagacidad y una maestría en el arte de la lucha, tales, que si engañamos al enemigo y le vencemos, se puede decir que somos verdaderos luchadores en la Causa de Allâh: capitanes, coroneles y hasta generales, según el grado que Allâh haya dispuesto para cada uno de nosotros en Su Sabiduría eterna y cumplida.